Legionarios

Empezó ayer la visita canónica a la Legión de Cristo, una inspección o auditoría que en principio tiene la idea de ver lo que hay de salvable en esta congregación religiosa que se vio sacudida hasta la raíz cuando salió a la luz la doble vida del fundador, Marcial Maciel Degollado.

Está claro que todas las conductas non sanctas en las que haya incurrido el michoacano en su largo reinado al frente de la Legión no implican que todo en ella esté podrido, pero también está claro que la estructura que él forjó y que al parecer todavía rige las operaciones de este grupo estaba diseñada para ocultar, disimular, silenciar, Y al abrigo de esta protección Maciel y acaso otros pudieron hacer de las suyas.

Casi nada sustancial ha salido de la congregación desde que admitió, turbada hasta la parálisis, que Maciel había tenido una hija, y por eso resulta refrescante la entrevista que Sandro Magister le hizo en Chiesa al ex legionario Thomas Berg, quien formó parte de las huestes durante 23 años.

Para Berg no hay duda de que la información que recojan los cinco visitadores en todo el mundo ayudará al Papa a tomar, con ayuda del Espíritu Santo, la decisión correcta sobre la suerte de la Legión. Pero por si las moscas, aprovechó la ocasión de la entrevista para expresar cuál es el precio que, en su opinión, tiene que pagar la Legión.

Y ese precio pasa por renunciar del todo a la figura tutelar de Marcial Maciel. Su efigie debe desaparecer totalmente de las 124 casas que la Legión tiene en todo el mundo; sus palabras deben desaparecer del discurso de los sacerdotes y seminaristas; deben olvidarse de decirle “nuestro padre”.

De acuerdo con Berg, una cosa es la abolición consciente y libre de la mente y la voluntad implícita en el concepto de obediencia religiosa, y otra muy distinta la docilidad absoluta y forjadora de dependencia en la que se educa a los seminaristas de la congregación.

En el largo plazo, escribió Berg en sus respuestas al periodista italiano, la estructura de control aplicada en la Legión ha resultado ser muy problemática y genera sacerdotes incapaces de expresar sus emociones, de empatizar o de relacionarse sanamente con otras personas.

Como a esos seminaristas se les priva de toda información sobre la vida real, en el fondo (dice Berg) no pueden decir que tengan claro en qué consiste el llamado de Dios. Personas criadas en la obediencia total, en la sumisión, en la falta de ambición para ascender en la escala, poco pueden hablar de libertad. Magister dixit.

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