Curársela en Guanatos

La capital del Estado de Jalisco cuenta con una espléndida oferta en alcoholes, como corresponde a su condición de región más tequilera del universo. Por lo mismo, los sitios y las ofertas para volver a la normalidad, son tan variados que no hay pretexto para permanecer malitos

Uno no quisiera despertar a una noche ajetreada en materia de licores. La tristeza asalta al arrepentido mientras el alma abandona al cuerpo en busca de sitios más agradables: a esas horas, el crudo es un verdadero demonio. Respirar duele, caminar mata. Seguir acostado no resuelve nada. Los remedios caseros pocas veces funcionan. De nada sirve llamar a la policía o a los bomberos. La boca está seca y sabe a moneda vieja. Los compromisos se posponen (o deberían de). De hecho, nada existe, mucho menos la capacidad de realizar tarea alguna. Déjenme en paz. ¡No estoy! (¡auch!, para qué grité).

El de la resaca, es uno de los males más ancestrales y menos atendidos. No hay sistema de salud en el mundo que se ocupe de ello, por lo que son millonarias las pérdidas derivadas por la baja producción en empresas afectadas por el ruinoso hangover. Como millonarios son también, los ingresos de oportunistas que prometen un regreso al futuro que nunca debimos abandonar.

Campestres
Desde mi alcohólica opinión los restaurantes campestres son la mejor opción en Jalisco. Por lo general viejas casonas que rebasan los mil metros cuadrados, cuentan con amplios estacionamientos, mucho aire fresco, tres porciones de ambiente campirano, en ocasiones música en vivo (mariachis o banda sinaloense) y actividades recreativas para mantener a los niños y sus gritos, alejados de la terapia a la que uno se va a someter. En los campestres es común que circulen las cervezas conocidas como ampolletas en su tradicional cubeta colmada de hielos, para que el ambiente jalisciense, generalmente caluroso, no les modifique la temperatura.

Siendo Guadalajara y su zona conurbada (Zapopan, Tlaquepaque y Tonalá), una capital de importancia mundial tiene salidas por todos los lados de su rechoncha geografía. Así vaya usted para San Juan de los Lagos, Para Morelia-Mexico, rumbo a Colima o la que va a Tepic, en cada ruta hallará uno de estos hospitales del enfermo alcohólico. Recomiendo el Don Chava sito en Periférico Norte 2300 en Zapopan.

De Jalisco para el mundo

La fritanga jalisciense por excelencia es la torta ahogada, que por alguna extraña razón, no ha logrado colocarse en el gusto de los paladares que viven fuera del Estado del mariachi. Para el neófito, la torta de carnitas bañada en salsa de tomate —a la que uno puede aderezar con picosa salsa de chile de árbol al gusto con guarnición de ensalada de col—, es un alimento difícil de digerir y concebir. Pero una vez seducido el consumidor por sus encantos, la adicción es irremediable. Cuenta la leyenda que hace un siglo, Luis de la Torre “El Güero”, inventó el plato que vendía en el jardín de San Francisco. Ahora Tortas “El Güero” es uno de los locales de mayor prosapia si hablamos de las ahogadas a las que muchos acompañan con tacos dorados y que, para el tema que nos ocupa, necesariamente se deben de acompañar de una “chabela” oscura o clara bien helada a punto de raspado.

Frente a la tendencia que ordena la sana alimentación, muchos locales improvisaron las tortas ahogadas de sabores: papa, requesón o pollo, aunque las originales son y serán siempre las de carnitas. Sería injusto recomendar un solo local pues la capital del Estado está repleta de sitios similares por lo que dejamos que el cliente decida de acuerdo a sus circunstancias.

El Negro

No siento el menor remordimiento de que este segmento parezca una inserción pagada, pero juro por mi madre que los mariscos El Negro son los mejores de México (¿del mundo?) fuera de las costas de Sinaloa. Este restaurante es muestra palpable de la influencia sinaloense ejercida sobre la capital de Jalisco, asalto que también se manifiesta por la grata presencia, desde hace lustros, del Cartel de Sinaloa, que la atesoran como una de sus más entrañables y productivas plazas. La sucursal de El Negro que permanecerá por toda la eternidad en mi culinario corazón, es la que se halla en Avenida Patria 475, en Zapopan, quizás el único restaurante en el mundo donde hay una sección en exclusiva “Pa´ los crudos”. Y se me estruja el alma tan solo de recordar el Aguachile, camarón cocido en limón con pepino, cebolla y chile verde, que es una de las recetas más desdeñadas por las grandes franquicias restauranteras que llenan las esquinas más cotizadas del país. El Aguachile tiene la virtud de poner a sudar toda sustancia tóxica por lo que en cuestión de minutos, el propietario de la mortal resaca notará lo maravilloso del cielo azul, dará cuenta del canto de los pajaritos (bueno, en esa zona son los tecolotitos) y podrá continuar el escaneo sobre las más hermosas y distinguidas damas de México: las jaliscienses. Y a las pruebas me remito.

Hay más Negros. En la colonia Providencia en la primera sección de Guadalajara y en otras ciudades como Tijuana, León, y el Distrito Federal. Busque el suyo y refrende mi pregón.

De todo un poco

Claro que a estas alturas el lector acucioso se preguntará “¿y la birria?, “¿y el pozole?”, ¿y la Cheyenne , apá?”. Bueno eso es algo que, sin soslayar, no deja de ser un lugar común que no requiere invitación. Como si lo necesita, por supuesto, la tremenda taquería Las Hermanas Coraje, última parada de esta travesía. El lugar que desde el nombre ya sugiere aventura y acción, es una puesta en escena de la clásica parrillada, con asadores gigantes de donde escapa una espesa neblina y el “¡shshshshshshshsh!”, del buey sacrificado a las brasas. Las salsas podrían encabezar una muestra internacional, todas ellas reparadoras y exquisitas. Es un poco complicado de llegar pero si no mal recuerdo la encuentras en la calle Chicago, cerca de las vías del tren.

Seis de la tarde: ya me siento bien. Creo merecer un whisky doble en las rocas. ¡Salud!