El alto precio del bajo costo

No es la primera vez que la aerolínea irlandesa Ryanair y Michael OLeary, su director ejecutivo, han sorprendido a la industria de la aviación comercial con jaladas de este tipo. Ahora resulta que Ryanair está contemplando habilitar en sus aviones una sección para que, en vuelos de menos de 90 minutos de duración, los pasajeros puedan optar por viajar de pie. Bueno, más bien proponen un asiento que permitiría lo que han llamado un “sentado vertical”, gracias al cual la compañía podría aumentar en más de 30 por ciento el número de pasajeros que meten en cada uno de sus vuelos y, claro, con lo que el cliente podría encontrar una rebaja sustancial en el precio de su boleto.

Actualmente, la flota de Ryanair –que es uno de los socios accionistas de la mexicana VivaAerobús– está compuesta por casi 200 aeronaves modelo Boeing 737-800, con una capacidad de 189 pasajeros que buscarían aumentar casi 250; pero, por lo pronto, Boeing, el fabricante de las aeronaves que utilizan, ya dijo que no están considerando modificar los asientos para que los pasajeros viajen de pie y que tampoco tienen planes de hacerlo en el futuro, pues la normativa al respecto es muy estricta y exige que los asientos resistan un equivalente a 16 veces la fuerza de la gravedad. Quizás Ryanair pueda convencer a Boeing o, si no lo consiguiera, podría tratar de seguir con sus planes con aviones de otra compañía; pero lo que parece verdaderamente complicado –por no decir imposible– es convencer a las autoridades de aviación civil de los países en los que operan, de que permitan este tipo de asientos para viajar en posición semi-vertical.

Claro que es loable que una compañía busque siempre ser más eficiente en costos y aumentar sus ingresos, pero la cuestión aquí es a costa de qué lo hace. Si recordamos las propuestas de Ryanair de cobrar una tasa extra al boleto de los pasajeros obesos –que por cierto no fue rechazada porque discriminaba a las personas por su físico, sino porque no había “manera de cobrarla sin interferir en los 25 minutos espera entre vuelo y vuelo” –, o la de cobrar por utilizar el baño del avión o el hecho de no dar gratis ni un solo vaso de agua, hace pensar que a esta compañía (como a muchas otras) la satisfacción de sus clientes les resulta completamente indiferente.

En un año que se vive una crisis económica mundial que ha sido especialmente grave para todas las industrias ligadas al turismo, los 105 millones de euros de utilidad neta de Ryanair, es decir, un 3.6 por ciento sobre sus ingresos totales, parecerían un buen resultado. Pero no, a ellos, no les basta; parece que no terminan de entender que la aviación comercial es una industria con márgenes de utilidad generalmente bajos. Aparentemente las aerolíneas de bajo costo siempre tienen que seguir buscando de dónde cobrar más y cómo gastar menos… Aunque el precio de esta búsqueda por la eficiencia sea que, para sus clientes, la experiencia de viajar en avión se convierta en un verdadero martirio.

miguel.vargasv@milenio.com