Miguel Ángel VargasMarca PersonalNació en la Ciudad de México en 1981. Creció en Tijuana y vivió por casi una década en Monterrey, Nuevo León, a donde se mudó para estudiar Economía en el Tecnológico de Monterrey. Ingresó a MILENIO Diario de Monterrey en 2006 como reportero de la sección de Negocios y desde 2007 es editorialista y bloguero en el mismo periódico.
En su época universitaria fundó y dirigió la revista estudiantil MientrasTanto. Ha trabajado también como consultor económico-fiscal y como profesor de bachillerato, impartiendo clases de Economía e Historia.
Aunque se formó académicamente como economista, con el tiempo sus intereses han ido migrando hacia lo político. Por esto, ha tomado cursos de comportamiento electoral, marketing y comunicación política en diversas instituciones universitarias. En 2007 fue premiado por la Comisión Estatal Electoral de Nuevo León en su Séptimo Certamen de Ensayo Político.Es aficionado a la fotografía, el futbol, los cuentos de Rafael Pérez Gay, las canciones de Andrés Calamaro y series de televisión como Mad Men, The Sopranos y House.
Para no irnos en blanco
Así como en las elecciones del 2000 se votó por sacar al PRI de Los Pinos, por darnos el derecho a que un partido distinto nos gobernara, parece que las del 2009 pasarán a la historia como las elecciones en las que la sociedad emitió un rotundo “ya basta” a un sistema político que evidentemente no funciona. Estos 500 diputados que se elegirán el domingo, que, según dice la Constitución, son los “representantes de la Nación”, los representantes de la gente, desde hace tiempo sabemos que no obedecen, ni responden, ni rinden cuentas más que a sus propios partidos.
Votar en blanco es un acto con un gran poder simbólico: implica decir que no podemos elegir al partido menos malo, porque creemos que todos son sumamente malos; que no podemos confiar en ninguno de ellos porque, aunque son nuestros empleados, no trabajan para nosotros, no buscan mejorar nuestro nivel de vida, sino perpetuar el suyo… Y es que, aunque votar en blanco sólo adhiera a 3 o 4 por ciento de los electores, y aunque a pesar de éstos nuevas autoridades políticas –que vienen del mismo sistema, de los mismos partidos– tomarán el poder y desde él decidirán sobre nuestras vidas, el hecho de hacerles saber que somos muchos los que estamos hartos, pudiera ser el inicio de algo más importante: un movimiento ciudadano que verdaderamente busque tomar las riendas del país.
Quizás desde hace mucho este hartazgo hacia los políticos estaba ya latente en nuestra sociedad. Quizás en los 21.2 millones que no votaron en el 2000, o en los 37.7 millones que se abstuvieron en 2003, o en los 29.6 millones que lo hicieron en el 2006, había ya muchos “votantes en blanco”, muchos ciudadanos hartos de estos políticos que cuestan mucho y resuelven poco, que mucho pelean y poco acuerdan. La única diferencia es que en esta ocasión este hartazgo sí fue movilizado adecuadamente para emitir un voto de protesta.
Es cierto que el optar por no optar, el elegir no elegir a ninguno, tiene algo de irresponsabilidad. Si no escogemos a nadie, si nos burlamos y rechazamos todo el proceso electoral, pues estaremos renunciando al derecho a reclamar y exigir que nos rindan cuentas las autoridades emanadas del mismo. Pero vale la pena correr ese riesgo, para que quienes queden, de una vez por todas, entiendan que se tiene que hacer del Congreso de la Unión un órgano de verdadera representación popular; para hacerlo, esos que queden, deberían implementar medidas como la reelección legislativa, el referéndum, la revocación de mandato y la posibilidad de candidaturas ciudadanas. Si así sucediera, de estas elecciones, definitivamente, no nos habremos ido en blanco.
miguel.vargasv@milenio.com




Éso era lo que querían
Éso era lo que querían ganar con el voto nulo? regalarle el pastel al PRI?
Se gasta mucho dinero en las
Se gasta mucho dinero en las elecciones, para que vaya uno y anule su voto, si te tomas la "molestia" de ir a la casilla minimo vota por el partido que quieras.....
Ademas no creo que los politicos lo tomen en cuenta para nada, no creo que algun politico al ver la cifra de votos en blanco, piense mejorar su trabajo...
Razones para no
Razones para no anular
Horizonte político El Excelsior 01-Jul-2009
José A. Crespo
Durante el debate realizado en las últimas semanas sobre qué hacer con el sufragio, los detractores del voto de protesta (partidos, cámaras empresariales, Iglesia y, lamentablemente, las autoridades electorales) esgrimieron varias razones para no anular el sufragio, para las cuales hay, sin embargo, una réplica:
1) Se dedicó mucho tiempo y esfuerzo a hacer valer el voto en México, como para desperdiciarlo ahora. Precisamente por eso, muchos ciudadanos, inconformes con el sistema de partidos en general, decidimos acudir a las urnas y usar el sufragio en lugar de quedarnos en casa, ajenos al proceso electoral.
2) Los cambios de los últimos tiempos se han logrado con ayuda del voto. Cierto, y por eso también los anulistas buscamos nuevas y urgentes modificaciones, con el sufragio de protesta, al sistema partidario; eso podría también ser eficaz para el cambio.
3) Los partidos no son iguales: constituyen opciones programáticas diferentes. Así es. Pero en lo que hace a su comportamiento democrático, su lucha contra la corrupción y la impunidad, no hay gran diferencia. Por ejemplo, ninguna bancada ha rechazado el bono de marcha, con que se irán los actuales diputados, de más de un millón, en plena crisis económica.
4) El voto de protesta no es institucional. Incorrecto: el Cofipe lo contempla como una opción válida, lo cual automáticamente lo convierte en legal, institucional, legítimo y democrático.
5) El voto está pensado exclusivamente para elegir a gobernantes y legisladores. No es exacto. La teoría democrática concede al voto también una función de protesta y, por eso, en muchos países democráticos incluyen el voto nulo con diferentes consecuencias jurídicas. En México esa es la función del voto por candidato no registrado (y por eso la boleta incluye un recuadro para tal opción).
6) El voto nulo busca desaparecer al sistema de partidos. No es eso lo que se pretende, sino mejorar el sistema de partidos, transformarlo de uno esencialmente partidocrático a otro esencialmente representativo y sujeto a rendición de cuentas.
7) El voto nulo no cuenta en la conformación de la Cámara baja. No es exacto. Indirectamente, puede influir en la configuración de ese órgano legislativo, al ser contado para determinar qué partidos tienen o no representación en la Cámara baja. Un efecto nada menor.
8) El voto nulo cede a otros una decisión personal. No es así. El anulista decide emitir un voto de protesta con los efectos jurídicos y políticos que pueda tener, en vez de optar por la abstención (que no se oye, y no tiene efectos jurídicos), o en lugar de emitir un sufragio partidario, que se leerá como un nuevo respaldo a los partidos, un visto bueno al régimen partidario vigente.
9) El voto nulo puede hacer el juego a intereses aviesos y hasta contrarios de quienes lo emiten. En política hay actores e intereses que aprovechan coyunturas y circunstancias diversas para jalar agua a su molino, y el voto nulo no es la excepción. Pero tampoco lo es el voto partidista: sufragar por alguno de los partidos puede hacer el juego a intereses ajenos y contrarios al elector; en 2000, por ejemplo, el voto por el PAN terminó favoreciendo a Marta Sahagún y su parentela. El voto por el PRD podría hacerle el juego a René Bejarano y sus huestes; el emitido por el Panal, pues ya sabemos a quién favorece; el voto por el Partido Verde, lo hace a la familia que regentea ese negocio y, ahora, también, a las televisoras. El oportunismo está, pues, en pos de cualquier voto y no sólo del anulado como protesta. Mas no por eso no vale la pena sufragar, sea por un partido o en plan de protesta.
10) El voto nulo deja su lugar al voto duro. No en la medida en que el grueso del sufragio nulo proviene de la abstención (según encuestas). Además, las tendencias en la elección federal se han mantenido estables, con voto nulo o sin él. Además, a los anulistas no les preocupa cuántas curules de más o de menos recibe cada partido, sino modificar la esencia del sistema partidario. Buscan resolver un problema de fondo, no uno coyuntural.
11) El voto nulo no será tomado en cuenta por los partidos, por lo cual más vale seguir votando por alguno de ellos. Se propone aquí un sufragio complaciente, cuando no masoquista. Pero la furiosa reacción de los partidos ante el voto nulo refleja que el asunto no les es indiferente. Con un voto nulo nutrido, no podrán ser omisos al reclamo anulista. En todo caso, más vale averiguarlo que quedarse con la curiosidad.
12) El voto nulo puede crear condiciones que lleven a la anarquía o el autoritarismo. Lo que suceda después de los comicios dependerá sobre todo de si los partidos son sensibles o no a la protesta ciudadana. Si muestran sordera, el descontento crecerá y se puede afectar la gobernabilidad y la estabilidad futuras. Si oyen y se abren, podrían fortalecer y renovar el sistema de partidos y recuperar parte de la legitimidad perdida (hoy casi inexistente).
13) El voto nulo podría crear una crisis de representación política. No es así: la crisis de representación ya está ahí; el voto nulo, y el debate a propósito de él, son un síntoma de la enfermedad política que, de no atenderse, provocará mayor perjuicio al deteriorado andamiaje institucional. El voto nulo pretende ayudar a los partidos —que se muestran ciegos, sordos e insensibles— a percatarse de que hay un tumor de ilegitimidad que a todos conviene sanar.
Así pues, estas razones en contra del voto nulo en realidad podrían aplicarse, si acaso, a la abstención (que para mí también es una opción legítima, dentro de la libertad de sufragio). Pero me parece que, si los partidos y sus múltiples apologistas han querido identificar la abstención con el voto nulo, es porque la primera les es preferible que el segundo; la abstención no se oye, no hace ruido, no tiene efectos jurídicos y quizá tampoco políticos (como en 2003). El voto nulo ya se oyó, aun antes de ser emitido.
El oportunismo está, pues, en pos de cualquier voto y no sólo del anulado como protesta.
!!! FAVOR DE LEER ESTO !!! ..................... Aqui esta textual del COFIPE en el Diario Oficial: ....... ... .................... "Artículo 12 1. Para los efectos de la aplicación de la fracción II del artículo 54 de la Constitución, se entiende por votación total emitida la suma de todos los votos depositados en las urnas". ............. ..................... El articulo es muy claro votos-emitidos = votos-depositados en otras palabras si tu ANULAS tu voto y lo depositas en la urna este tiene que contar como voto emitido. ................................... no me tienen que creer, lean por su cuenta los articulos 12, 32 y 78 del COFIPE en el diario official. ................................................... En suma un voto propiamente ANULADO y depositado en la URNA funciona como castigo a todos los partidos, ya que cuando un gran numero de personas vota nulo incrementa la posibilidad de que los partidos peque~os pierdan su registro ademas de reducir la cantidad de financiamiento publico que todos partidos reciben del presupuesto federal para la siguientes elecciones, en este caso les reduciria el presupuesto para la proxima eleccion presidencial. ................................................... !!!... Vota por quien te convenza o VOTA-NULO, pero no dejes de votar ... !!!. ................................................... Viva Mexico !!!.
Pues yo entiendo lo que
Pues yo entiendo lo que comentas, de que también es importante que se escuche y atienda la razón del voto nulo, pero sigo sin comprar la idea.... y precisamente es por ese argumento que ya anticipas: de este proceso electoral, como de cualquier otro, saldrá un vencedor, es decir, alguien saldrá electo, y me parece importante asumir esa responsabilidad. Creo que hay otras formas, o al menos se pueden buscar/crear nuevas formas y nuevos canales para hacer que ese sentimiento generalizado adquiera peso y sea contundente. Me sorprende también la cantidad de voces públicas a favor del voto nulo, he de decir, y quizá ésas podrían encabezar un movimiento más sólido pero que no se quede en las urnas.
Nos quejamos de que no hay opciones válidas, o no hay opciones buenas, pero al rechazar las posibilidad de elegir por alguna, damos derecho a que se siga perpetuando aquello que nos molesto.