José Emilio Pacheco en perspectiva
Gracias a José Emilio Pacheco descubres que la literatura es una, dentro y fuera del libro, y que transita por todos los géneros.
Poeta, narrador, memorista de excepción, como un gran conocedor de la historia, un amante de la poesía en lengua inglesa, traductor, erudito: has oído hablar de José Emilio Pacheco y quieres enterderlo antes de que se convierta en mito ya que nadie le ha atinado a definirlo de una vez y su oscura personalidad es objeto de rumores.
Comienzas por descubrir al autor por Los elementos de la noche y lo primero que te asombra es la empatía inmediata entre lo que cada poema dice y la sensación que crees percibir en la vida que estás dejando atrás: una mezcla de esperanza y desolación.
Lo que aprendes es que no hay remedio en el tiempo que quedó atrás: ni la imaginación ni la belleza del lenguaje pueden salvar la devastación de los días vividos.
Pudiese ser que haya otros poetas que te deslumbran, pero en éste encuentras dos características que te inquietan: la primera, es honradez. La verdad que surge del poema no se debe al esplendor de la forma. La segunda, es que no puedes citar una imagen o un verso aislado. La coherencia de cualquier línea la da el antes y el después: el poema sólo tiene sentido como un todo.
El principio del placer
Junto a la impostación del nouveau roman y la pirotecnia de la literatura que la crítica valora, el cuento que acabas de leer está desnudo. Tu asombro aumentó al leer El Principio del Placer ya que es una historia cruel, directa: es la historia del engaño en que se ve envuelto un adolescente que a pesar de ser el blanco de las burlas de los demás quiere seguir creyendo en el amor y la pureza del mundo.
Sólo al final se desengaña y el recurso que emplea el narrador para hacer que el protagonista descubra la falsedad, es inédito para ti: un espectáculo de lucha libre donde el rudo y el técnico acaban en una cantina celebrando el triunfo de su representación teatral.
La vida como una mascarada; un circo para las masas con su evidente conclusión: un cuento redondo cuando el fin de la pubertad es la conciencia de que nadie puede ser inocente.
Cada vez que lees esta novela te preguntas dónde está el hechizo. Cómo es que cada generación de lectores se identifica con el tiempo y el protagonista, cómo es que tú misma sientes su experiencia como propia si se trata de la iniciación sexual de un joven; por qué te obliga la fuerza de su verdad poética a hacer esa lectura travestista.
La otra parte del hechizo consiste en la capacidad de esta novela de ser contemporánea siempre y en su poder de integrar la memoria personal de la infancia a la memoria colectiva que convierte en mito.
La lectura de Las batallas… fue, es el descubrimiento de que tu vida insignificante está unida irremisiblemente a la Historia con H mayúscula y que la frontera entre la infancia, ese extraño país como la llama Hartley, y la vida adulta es la arena de la doble moral.
Joyas perfeccionadas
El autor que encuentras es también un espléndido cronista, un amante de la historia cercana y remota, un coleccionista de datos. Joyas que no están firmadas al principio en el periódico Excélsior, de Julio Scherer, y que más tarde aparecen con las siglas JEP en la revista Proceso bajo el mismo título que tiene cuando menos dos sentidos: Inventario.
Como todos los escritores que admiras, éste es un autor obsesivo, un perfeccionista irredento. No sólo padece la escritura de sus obras sino que las reescribe.
Hay lectores que conoces que se especializan en estudiar las distintas versiones de sus textos para hacer apuestas acerca de cuál es la mejor intuición: si la primera o la última. Es el caso de algunos poemas de Ciudad de la memoria, y de su primera novela, Morirás lejos, escrita en 1967 y reescrita diez años más tarde.
En tus años futuros de lectora no dejas de frecuentar su obra y encuentras diferentes maneras de hablar sobre una criatura superior de naturaleza fagocitócica como la que está detrás de esta fábula: “Un hombre se forma tras una larga cola. Desesperado, elimina a quien está antes que él. Sigue con todos los de la fila. Hasta que otro hombre se detiene a su espalda…”.
Una idea que tiene eco en lo que escribe otro personaje (Jorge) en su diario:
El otro día sentí pena viendo a los animales que mataba el cocinero y hoy me divertí pisando cangrejos en la playa. No los enormes de las rocas sino los pequeños y grises de la arena. Corrían desesperadamente en busca de su cueva y yo los aplastaba con furia y a la vez divertido. Luego pensé que en cierta forma todos somos como ellos y cuando menos se espera alguien o algo viene a aplastarnos.
Entre las muchas formas de la devastación, aprendes que en la obra de este autor la tesis darwiniana no admite la supervivencia del más apto. Y que si es cierto que la función del escritor, como dice John Updike, es servir como banco de la memoria, no es menos cierto que conocer a alguien no garantiza que ese alguien exista para los otros. Tal es el caso de Mariana o de ese compañero de escuela “Langerhaus”, a quien nadie, salvo nosotros, conoce.
Trapaso de fronteras literarias
Gracias a este autor, descubres que la literatura es una, dentro y fuera del libro, y que transita por todos los géneros.
Pero aprendes también que el diálogo entre éstos alcanza una altura magistral en Las batallas en el desierto, refeririéndote a ella cuando hables de novela de crecimiento, de crónica de la transición a la modernidad, de historia de las mentalidades que no se superan, de referente a la época alemanista.
Su factura te parece perfecta: con ella inicias una serie de cápsulas televisivas sobre la ciudad y sus novelas; la usas como experimento para ver qué puede decir ese listado de hábitos, productos o programas de radio a los jóvenes —nativos digitales— que se inician en la literatura: Los Niños Catedráticos, El Doctor I.Q., La Doctora Corazón desde su Clínica de Almas.
Compruebas que igual que en su poesía, se trata de un autor que ha pulido la experiencia hasta lograr la impresión de sencillez en un estilo que parece no ser más que la membrana permeable entre la realidad y nosotros.
Afortunadamente para ti, sabes que este autor que has seguido no se traicionará, ni te traicionará nunca. Tienes la prueba por escrito. Está en el poema:
Lives of the Poets
En la poesía no hay final feliz
Los poetas acaban
viviendo su locura
Luego descuartizados como reses
[sucedió con Darío]
O bien los apedrean y terminan
arrojándose al mar
o con cristales
de cianuro en la boca
O muertos de alcoholismo
drogadicción miseria
O lo que es peor
poetas oficiales
amargos pobladores de un
sarcófago
llamado Obras completas
Pese a los homenajes que le hemos asestado, seguirá siendo el autor vivo que es, no se volverá una piedra mientras siga reescribiendo sus Obras incompletas.










