Lo sacaron en pijama
Como funcionario público se le conoce por su obra en el Fondo de Inversiones de Honduras (FIHS) durante la administración del ex presidente Carlos Flores (1998-2002), difícil época en que el país fue devastado por el huracán Mitch.
Yo estaba en pijama y al salir me tocó escudarme en la azotea para protegerme de los balazos”, relató el empresario y ganadero de 57 años, Manuel Zelaya, que fue depuesto este domingo de la presidencia de Honduras tras intentar conducir al país en una denominada “revolución pacífica” y superar los problemas de una de las naciones más pobres de América.
Afable y con gran facilidad de comunicación, Zelaya fue elegido por el oficialista Partido Liberal (PL, derecha) el 27 de noviembre de 2005, pero durante su presidencia dio un espectacular giro a la izquierda que llevó a Honduras a adherir a la Alianza Bolivariana de las Américas (ALBA), iniciativa promovida por el presidente venezolano Hugo Chávez.
Nacido el 20 de setiembre de 1952, este hombre de 1.90 metros de altura se caracteriza por su inseparable sombrero de ala ancha, frondoso bigote, guayaberas blancas y botas de cuero, que siempre lleva aunque vista con traje.
Procedente de una familia de madereros y ganaderos de Olancho (este), el mandatario cursó estudios de ingeniería civil que no llegó a terminar para dedicarse a la agricultura y la ganadería en las tierras de su familia.
De su procedencia rural, Zelaya conserva su apego a la familia –tiene cuatro hijos–, su afición por los caballos y el ganado, y también una vena artística, que expresa tocando guitarra.
Fue presidente de la Asociación de Industriales de la Madera, directivo del Consejo Hondureño de la Empresa Privada (Cohep), que aglutina a la cúpula del empresariado, y se desempeñó como gerente de un banco y de otras empresas.
Como funcionario público se le conoce por su obra en el Fondo de Inversiones de Honduras (FIHS) durante la administración del ex presidente Carlos Flores (1998-2002), difícil época en que el país fue devastado por el huracán Mitch.
En ese periodo, el FIHS desplegó una importante obra social, reconstruyendo carreteras, edificios, acueductos y otras obras públicas, en un proceso en que las comunidades mismas, reunidas en cabildos, definían sus prioridades.
Zelaya, que enarbola este concepto de participación con el nombre de “poder ciudadano”, ha tratado de llevarlo a la administración pública junto a una política de transparencia.
Este gran aficionado a los caballos se presenta como “un hombre del pueblo”, ajeno a “los grupos de poder” de Honduras a los que ha intentado combatir durante su presidencia, impulsando “una nueva revolución pacífica” para instaurar en el país una democracia participativa.
Su decisión de llevar a cabo ayer domingo una consulta popular, que había sido declarada ilegal por la justicia y a la que se oponían todas las instituciones estatales, le llevó a un pulso con los llamados grupos de poder, que formaban parte incluso de su propio partido.
Zelaya quería conocer la opinión de la población para convocar un referéndum el próximo 29 de noviembre, coincidiendo con las elecciones generales, para convocar una Asamblea Constituyente que reformara la Constitución y permitiera la reelección presidencial.
En sesión del Congreso nacional de Honduras ayer se leyó una presunta carta de renuncia presentada por Zelaya y se aceptó la misma. Sin embargo, desde Costa Rica el presidente Zelaya desmintió haber escrito carta alguna presentado tal renuncia y manifestó que ello demostraba que no se trataba solamente de un golpe militar sino de una conspiración en su contra que incluía también a civiles.
Tegucigalpa/AFP/DPA










