Cuando el futuro nos alcanzó
De entrenador de basquetbol se convirtió en empresario de aviones. El diseño de avión de Aeroriel, empresa de la cual es director, puede revolucionar la industria con su novedosa ala tubular y cabina de pasajeros removible.
Guadalajara.- Aunque a todo mundo le gusta viajar, a nadie le gusta el aeropuerto. Gente de malas, prisas, niños que gritan y demasiado tiempo entre que llegas y te puedes por fin subir al avión. Pues gracias a los diseños de la empresa tapatía Aeroriel, en la que Patricio Castillo Rivera funge como director, las largas esperas pueden algún día llegar a ser algo del pasado. Junto con su equipo, han diseñado un avión de alas tubulares y cabina de pasajeros removible —ambos conceptos patentados— que podrá revolucionar la industria aeronáutica mundial, disminuyendo tiempo de vuelo y consumo de combustible.
Patricio, de 41 años, y el equipo acaban de regresar de su tercer show aéreo, la Feria Internacional de la Aeronáutica y el Espacio de Le Bourget-París. Con la presentación de sus diversos proyectos —ya que tienen dos áreas de trabajo aparte de aviones comerciales— un sueño se está haciendo realidad.
Desde que Patricio, quien lleva 20 años viviendo en Guadalajara, era pequeño, le encantaban los aviones. Dice que estar en el aire es su sueño. La vida, sin embargo, lo llevó por varios caminos antes de que pudiera dedicarse a esto. Fue liniero defensivo en un equipo de americano, músico quien tocó batería en grupos de rock y por fin, maestro. Por 17 años —que Patricio describe como maravillosos— fue subdirector y entrenador del equipo de basquetbol en la escuela Iberoamericana.
Gracias a un par de alumnos —y a una gran coincidencia— Patricio comenzó su camino por el mundo de los aviones. Acudió como espectador al show aéreo de Chapala en 2007 donde sus alumnos lo vieron a lo lejos. Aunque buscaron a su maestro por todo el evento para saludarlo, no lo pudieron encontrar. Resulta que el papá de los alumnos tenía un avión ultraligero y más adelante invitó a Patricio a volar con ellos los fines de semana.
Después de varias idas, Patricio invitó a un amigo, Juan Manuel Serna, ingeniero en aeronáutica por el Politécnico Nacional. Juntos decidieron que querían construir y vender aviones. Por amistades mutuas, se lograron juntar con el resto del ahora equipo; Jorge Okhuysen, diseñador de aviones, Jorge Fernández, director de la construcción de drones y Sergio Quiroga, quien lleva la capacitación y contratación de la empresa.
Entre los cinco —con apoyo de la incubadora de empresas del Tec de Monterrey, en especial de Lizette Huezo y Laura Mendoza— han trabajado para lograr su sueño. Aeroriel está por obtener su certificación para tener un horno fundidor de titanio, el cual sería el primero del país. Además, la empresa se enfoca en la construcción de drones —aviones sin tripulante de un metro de largo destinados a uso militar. Están diseñados para que un soldado pueda cargarlos en su mochila y aventar al aire mientras que un operador militar los dirige a su objetivo desde un sitio remoto. Respecto a estos últimos, la Secretaría de Defensa Nacional puede ser un posible cliente.
Del viaje a Francia regresaron con una potencial alianza con la empresa alemana RUAG quien está interesada en explotar la idea de aviones con alas tubulares. Además, regresaron con el apoyo del gobierno estatal de Guanajuato quien está buscando darle muchas facilidades a la empresa tapatía.
Aclara que siempre ha sido feliz, pero por primera vez, se siente plenamente realizado como ser humano. Menciona nada más que falta por llegar aquella mujer especial, para seguir adelante en su aventura.
Rodrigo Espinosa Marván










