¿Sexo en la primera cita?

Pues verán… no es que nunca en mi vida lo haya hecho, pero todo depende de las circunstancias. Pienso en esto porque todavía no me repongo del shock que me ocasionó el personaje con el que salí la primera vez (y última, obvio) y se mostró altamente ofendido cuando le dije que no iba a pasar la noche con él. Es que también: a fuerza ni los zapatos entran, ¿de dónde él decidió que por el sólo hecho de que yo tengo una columna en la que escribo de las relaciones entre solteros era mi obligación encamarme con él? No, no, chicos, no va por ahí la cosa.

Aquella noche, mi ingenioso hidalgo estaba tan malhumorado que casi me quería aporrear porque fui tajante en mi negativa de seguirme de fiesta con él, y entre la frustración y el berrinche empezó a necear peor que Chabelo cuando hacía películas con María Victoria. Cosa que francamente no me importa porque con no volverlo a ver se resuelve el asunto; pero me quedé pensando en cómo han sido las veces que he pasado de la primera cita, al room service en menos de doce horas.

Creo que el secreto para que yo caiga rendida, es dejar que la cosa fluya… o sea (y perdón si me tachan de tirana): sí voy siempre y cuando la situación se de con naturalidad; cuando la charla, el ambiente, las caricias y todo esté propicio para que quiera continuar. Y aquí depende en buena medida de la capacidad de seducción de mi acompañante.

Claro que hay también circunstancias en las que uno tiene qué animarse y no puede andar de remilgosa, por ejemplo conocer a alguien que está de paso por la ciudad o viceversa. Aunque incluso en estos casos, siempre hay riesgos al acecho: hace años, mi amiga Justine fue a un evento cultural en España y conoció tremendo ejemplar sobrino del tío Sam. “De aquí soy”, dijo mi comadre, fascinada con el gringuito que después de seducirla divinamente (les digo: la seducción es el arma secreta) la llevó a su habitación a pasar una noche de locura. “Yo pensé que al otro día me despedía y no volvía a saber de él, estábamos del otro lado del mundo”. Pero cual fue la sorpresa de mi amiga cuando vino a enterarse de que su Romeo vivía en el D.F., del otro lado del viaducto. Es que en serio este mundo es un pañuelo. No obstante, el ligue de mi amiga fue lo suficientemente inteligente y audaz para continuar, incluso, una amistad con ella cuando los dos se reencontraron de vuelta en la región cuatro.

“Yo creo que tengo karma con los acostones de primera vez, Violetta”, me decía Justine, “porque en las pocas veces que lo he hecho en mi vida, siempre acaba teniendo consecuencias mayores”. ¿O sea?: O sea que del gringoespañolradicadoeneldf acabó siendo súper amiga; y las otras dos ocasiones que se ha tomado un “Valemadrín” para irse de loca con alguien que acaba de conocer… terminó entablando relaciones largas con ambos (una de tres y otra de cuatro años, respectivamente); pero Justine es la excepción que confirma la regla y coincide conmigo en que si un tipo quiere llevarse la faena de la noche al primer intento debe tener una personalidad arrebatadora, ser inteligente, seductor y conquistador. Pero sobre todo saber jugar su juego y no delatarse a la primera armando tremenda pataleta, es decir, actuar con elegancia auténtica (no de esa medio fake en la que los hombres parecen Homero Adams besuqueando el brazo de su Morticia) y ser pacientes, porque si las condiciones se prestan es casi seguro que caemos.

Y si no caemos… pues con calma, ya lo dice la canción: Si no es ahora, será mañana.

Felices pasos.

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* LAS GROSERÍAS Y/O ATAQUES AGRESIVOS QUE NO TENGAN NADA QUE VER CON EL TEMA TRATADO, SERÁN BORRADOS.