Vamos a quemarle la casa a los dueños

HISTORIAS DE NADIE- Milenio Diario de Monterrey

“Yo trabajaba en la guardería, mi hijo murió ahí. No lo pude sacar, no me dejaron, al igual que otros niños. Yo traía cuatro niños en mis brazos. Los saqué; lo que yo pude, lo hice. Cuando quise regresar por mi hijo no me dejaron”.

Daniza López, mamá de Luis Durazo López, uno de los 47 niños fallecidos en la guardería ABC también era maestra en la estancia infantil subrogada por el IMSS a dos esposas de ex funcionarios del Gobierno del Estado y a un ex secretario de Finanzas del PRI, que en lugar de dar la cara, leyeron un papel y se fueron del país.

Daniza habla en una plaza pública ante otros padres de niños víctimas y ciudadanos que se han sumado a apoyar a las familias, a través de un grupo denominado Movimiento Ciudadano 5 de Junio. Como reportero me ha tocado estar en manifestaciones impresionantes en Haití, Venezuela, Francia, Argentina y en muchos lugares de México. Nunca unas protestas como las de Hermosillo, donde todos los manifestantes tienen una fuerza impresionante y parece que llevan toda una vida como activistas, aunque apenas están aprendiendo a hacer una manta y a gritar consignas.

La corrupción e impunidad imperantes en esta época del país les cayó encima a los padres de estos niños, todos trabajadores, todos gente sencilla y humilde, lo mejor del país.

Hace 15 días, cuando llegué a Sonora, un amigo me dijo: “Esto se va a poner delicado”. La verdad es que dudé. Ayer, ese mismo amigo me dijo: “El sur hace guerrillas, pero en el norte hacemos revoluciones”. Ojalá que esta lamentable tragedia termine revolucionando por lo menos el sistema de guarderías públicas. Eso sería un gran avance en un país donde pasa todo y no pasa nada.

Daniza sigue hablando con voz entrecortada:

“Lo que pasó ahí fue una explosión, no un incendio, los niños... Nos agarró muy mal porque los niños estaban dormidos, los niños estaban dormidos. Si lo niños no hubieran estado dormidos, los niños corren.

“Y yo no pude sacar a mi hijo de ahí. Yo les pido que nos unamos, no ahorita, siempre, para salir adelante y que esto no se quede así. Todos se están escondiendo, todos, todos. Pero que no fueran, lo voy a decir, lo voy a decir. ¡Que no fueran los hijos de las dueñas de la guardería!, porque estarían igual o peor que nosotros, ella tiene dos hijos y debe de comprender. Ella debe comprender el dolor que estamos sintiendo y que vamos a sentir siempre, siempre. Entonces por favor, por favor, ayúdenos y no nos dejen solos. Tenemos que luchar”.

Martha, madre de Santiago de Jesús Zavala, otro de los niños fallecidos, interviene después de la maestra Daniza. “Curiosamente ella era la maestra preferida de Santiago, no tengo nada que reclamarle. Al contrario, no se me hace justo todo lo que está pasando, yo no quiero nada más que verlos en la cárcel a todos. Ayer entrevistaron a uno de los socios y dice que él es una víctima, carcajeándose, carcajéense. Él no es una víctima, ni yo soy una víctima, ellos en el infierno en el que los tenía. Creía que lo tenía en las mejores manos y en las mejores condiciones la guardería, y lo dejé ahí”.

Entre las personas que atestiguan los testimonios en la plaza pública hay un grupo que comienza a gritar: “¡Vamos a quemarle la casa a los dueños!, ¡Vamos a quemarle la casa a los dueños!”.

La madre continúa, pone delante de sí la fotografía de su hijo muerto de dos años de edad: “Quiero que paguen, porque esto no se queda así, conózcanlo, véanlo, vean su cara. Jamás voy a volver a despertar con él, jamás voy a volver a tener una Navidad con él. Tenía los años con un futuro brillante por delante. Véanlo, véanlo, y todavía dice el socio que él es una víctima. Dice que tiene una familia honesta, cuál honesta si son una bola de cabrones, rateros, delincuentes”.

Martha se queda callada un momento. Luego responde a los gritos: “Sí, deberíamos de ir a quemarle la casa a los dueños, tal vez, pero no somos igual de inhumanos que ellos”.