Firmar ante notario no basta: la Iglesia
Cuestiona ¿quién se encargará de exigir el cumplimiento de las promesas?
La Arquidiócesis de México consideró que “mañosamente” los candidatos y políticos aceptaron la propuesta de notariar sus compromisos, “es tan sólo un show mediático, lleno de hipocresía y cinismo”, porque en el fondo saben que no existen mecanismos para que los cumplan y se les pueda revertir su falta.
En el semanario Desde la fe, en su editorial “Revolución ética”, se menciona que “actúan con ingenuidad quienes piensan que el esquema político puede cambiar pidiendo que los candidatos a cargos de elección popular firmen ante notario” sus compromisos.
Por lo que se cuestiona: ¿Y quién se encargará de exigirles su cumplimiento?, ¿con base en qué mecanismos legales podemos pedirles su renuncia? y ¿dónde está el sustento institucional para hacer funcionar tales propuestas?
Para el órgano de difusión del Arzobispado México no necesita propuestas al vapor, entre ellas las del voto nulo, sino de una revolución ética y moral al interior de las instituciones políticas.
A México le urgen legisladores y funcionarios con principios, que volteen a los ideales que construyeron la base de los partidos a los que pertenecen; necesita de una clase política capaz de ejercer la autocrítica y la renovación que “le permita mostrarse a la sociedad con un rostro más limpio y servicial”.
La Arquidiócesis reconoce que el sistema democrático mexicano está apenas en crecimiento y consolidación, con muchas imperfecciones que se observan no sólo del lado de los políticos o de las leyes correspondientes, sino también del lado de la ciudadanía.
Al referirse a la legislación electoral vigente, consideró que es fruto de una reforma realizada a la medida para desagraviar a un grupo político: “ésta contiene decisiones muy polémicas y hasta erráticas, con la única finalidad de evitar un clima de confrontación entre los candidatos, algo que no se ha concebido”.
Sobre los partidos se menciona que no bastan frases bonitas, por un lado, y ataques al adversario, por el otro. “Éstos tienen que representar formas claras para orientar el desarrollo social y la convivencia política”, señala.














