Amores virtuales, sentimientos reales

Sígueme en:

Desde que apareció hace poco más de 20 años, internet revolucionó la forma en que vemos el mundo, aprendemos, nos comunicamos, compramos, nos relacionamos, y tenemos sexo. ¡Cambió hasta cómo nos enamoramos! El año pasado, una de cada ocho parejas que se casaron en Estados Unidos se conocieron en internet. La Red, fría y todo, ha resultado ser una Celestina casamentera mejor que las tías y abuelas de antaño.

Parece poco creíble que unas letras en la pantalla dae una computadora puedan provocar sentimientos intensos de felicidad, enojo, amor, desamor, preocupación. Mas asombroso parece que esos sentimientos los despierte una persona a la que no hemos visto jamás. Aunque es cierto que las cartas en papelito perfumado tenían el mismo efecto, la diferencia es que ahora no hemos visto, tocado de forma física al remitente.

Mi amiga Ivonne, como muchas mujeres, conocía el desamor. Para lo que no estaba preparada era para encontrar el desamor vía un chat que inició por cuestiones de trabajo. En una negociación de cobros inició un contacto que siguió vía chat. En el diario ir y venir de las comunicaciones entre las conversaciones de trabajo se fueron metiendo de a poquito los temas personales. “¿Eres soltera?” o “¿Tienes pareja?” Poco a poco, el tono de los mensajes y conversaciones telefónicas fue subiendo. La situación cambió. Del trabajo, ni sus luces. Día con día la platica era cada vez más emocionante, intrigante, profunda. Atrás quedaron los días que se intercambiaron calendarios de pago. El intercambio pasó a ser de secretos, anhelos, proyectos de vida. Sin conocerse, eran cómplices. Ambos sentían mariposas en el estómago cada vez que el otro aparecía en el chat para decir buenos días, buenas noches, saludos rápidos o mandar besos tronados virtuales que inundaban la pantalla de la computadora y hacían que los sentimientos fueran en aumento. Llegó así el día crucial en que decidieron que era necesario conocerse en persona.

Ivonne flotaba entre nubes rosadas. Como quinceañera, al arreglarse para la cita se preguntaba si estaría presentable. “¿Le gustaré así?”, “¿Me pondré algo más casual o más formal?”, “¿Le gustará mi peinado?”. Llegó emocionada a la cita y a los pocos minutos ¡plaf! La burbuja reventó. La emoción se esfumó y las cosas no pasaron a más. Una buena plática de amigos y hasta ahí llegó la cosa. La atracción que sentían se quedó atorada en la pantalla de sus computadoras. No hubo la suficiente atracción física para iniciar una relación romántica. Sí hubo una conexión emocional, del alma, pero de romance nada; se esfumó. El contacto siguió, pero ya no fue lo mismo. Después de tres meses de un enamoramiento virtual, Ivonne sintió un desamor real. Experimentó el mismo dolor y sentimiento de pérdida como si hubiera visto al hombre todos los días durante ese tiempo.

Al poco tiempo, Ivonne entró a una pagina web especializada para conocer solteros. Conoció a un galán que vivía al norte de los Estados Unidos. El contacto era diario. Desayunaban muy temprano frente a la computadora mientras chateaban, y hacían lo mismo casi todas las noches antes de dormir. Esta rutina se prolongó por casi dos años. En ese transcurso hubo miles de planes para ir y venir que se aplazaron por diversas razones. Otra vez, Ivonne llegó a sentirse profundamente enamorada. Fue una relación apasionada y emocionante estar siempre al pendiente o atenta a llamadas a contactos de chat. Hasta que decidió ponerle fin y buscar una relación “real”.

Como muchas mujeres adictas al trabajo, Ivonne decidió iniciar el camino de las relaciones sentimentales virtuales pensando que tal vez serían menos complicadas y arriesgadas que las “reales”, sólo para darse cuenta, con el tiempo, de que las relaciones virtuales producen sentimientos y dolores bien reales.

Hoy las relaciones virtuales son comunes para casi todos. La Red nos ha dado el don de la ubicuidad, por lo que podemos chatear con una persona que está al otro lado del mundo y sentirla más cerca en términos emocionales que la persona a la que vemos a unos metros. No todas esas relaciones virtuales son de corte romántico, claro. Hay grandes relaciones de amistad por Internet. En mi caso, siento muy cercana la relación con muchos blogueros a pesar de que todavía no he tenido oportunidad de conocer “de modo real” a la gran mayoría. Semana a semana compartimos vivencias, experiencias, opiniones acerca de un tema, y es igual de agradable y real que tomar un café con amigos. El cafecito será virtual pero el sentimiento es real.

Hoy, Día del Padre, quisiera felicitar a todos los papás. En especial, al mío. ¡Te quiero, Pelón!

¿Relaciones virtuales? Me gustaría oír tu opinión.

Por favor escribe a:

fernanda@milenio.com

o comenta en mi blog: