La ZMG, tan ruidosa como Tokio o el DF
El tráfico vehicular, las calles angostas, los vehículos pesados y la mala semaforización son algunas causas de que los tapatíos sufran por el ruido. Lo peor es que muchos ya se acostumbraron.
Sólo basta un par de minutos para que alguien, parado en una esquina de la avenida Lázaro Cárdenas y Gobernador Curiel, no sólo se llene los pulmones de smog, sino que además consiga un insoportable dolor de cabeza y sienta la necesidad incontrolable de salir corriendo. La causa no se ve, pero se escucha y se siente: el ruido. La zona metropolitana de Guadalajara (ZMG) puede ser igual de ruidosa que las grandes metrópolis del mundo, como Tokio, en Japón, o más cerca, como la ciudad de México, alertó la investigadora de la Universidad de Guadalajara (UdeG), Martha Georgina Orozco Medina.
El semáforo se pone en verde. Sólo unos segundos después, la avalancha de reclamos al del automóvil de enfrente, que por distracción o en lo que coloca la primera velocidad no avanzó al momento, no se deja esperar. El sonido de los cláxones inunda el ambiente, ensordece. Por fin, la larga fila de automóviles avanza. Es el mediodía y el sol arde. Los motores de los tráileres rugen; el silbato del agente de tránsito en la esquina obliga a avanzar. Una sirena anuncia que una ambulancia se acerca a toda velocidad; nadie se mueve. El sonido aumenta; el vehículo de la Cruz Roja pide el paso. En la parada de autobús, dos adolescentes deben aumentar su tono de voz, casi hasta gritar, para poder seguir charlando.
Es el cruce de Gobernador Curiel y Lázaro Cárdenas. Rubén Ochoa lleva quince años vendiendo dulces a los peatones y automovilistas allí. “Es horrible, muy feo”, se queja: “Es mucho estrés, llega uno a la casa muy presionado. Ocupa uno controlarse mucho, tratar de controlar la presión, porque toda esta área está muy conflictiva”. Eligió ese punto porque “se vende muy bien”. Pero “aquí no se puede hablar por celular, no se escucha nada. Es una pitadera, un griterío de gente. Es espantoso”.
Por supuesto, este cruce no es el único que supera todos los estándares de lo que podría considerarse ruidoso. Prácticamente cada cruce de avenidas, cada pequeña calle o callejuela, cada plaza pública del Centro tapatío es una “zona de peligro”. O las avenidas principales: López Mateos, 16 de Septiembre, Federalismo, la calzada Independencia; o las calles donde transitan muchos autobuses, como Eulogio Parra, San Felipe, Garibaldi... y muchas, pero muchas más.
Para la investigadora, el asunto es grave, no sólo porque la exposición a este contaminante es la menos estudiada a nivel sociocultural, sino, sobre todo, porque el ruido ya es aceptado como el precio que se tiene que pagar por vivir en la ciudad.
Una ciudad ruidosa
La contaminación acústica, explicó la investigadora, se refiere a los niveles de presión sonora que están en el ambiente. Se puede describir en función de dos aspectos específicos: el volumen, que a su vez se traduce en decibeles A o dB(A), y la frecuencia, que son los sonidos graves o agudos que se presentan.
La recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) es no exponerse a 60 dB(A) continuos, mientras que en nuestra normatividad —NOM-081-SEMARNAT-1994— es de 68 dB(A) de día y 65 dB(A) de noche.
En la zona metropolitana de Guadalajara, el ruido oscila entre los 60 y 80 dB(A), es decir, muy por arriba del límite recomendable, dijo la doctora.
“La mayor contaminación está relacionada con el tráfico vehicular, las calles angostas, vehículos pesados, la semaforización no controlada, la presencia de topes y de irregularidades en el asfalto que provocan frenos y arranques”, indicó Martha Orozco. Con esto, más las actividades industriales y recreativas, las obras públicas y la construcción, las sirenas y alarmas, la ciudad se convierte en una auténtica pesadilla.
Los efectos no son pocos: pérdida de la audición; disminución en la capacidad de atención, de concentración y de rendimiento; trastornos del sueño, y afecciones en el sistema nervioso, circulatorio y digestivo, lo que a su vez provoca un importante deterioro en la comunicación y las pautas de convivencia en una sociedad.
La investigadora de la UdeG explicó que el riesgo aumenta en los lugares cerrados, como establecimientos de juegos infantiles o cines, donde, según estudios, se ha detectado ruido a niveles industriales: más de 90 dB(A). “Esto, sumado a estímulos auditivos violentos, puede desencadenar en personas y niños susceptibles a episodios de ataques epilépticos”.
Según estudios de la OMS, el nivel de ruido en las viviendas es en general de entre 40 y 60 dB(A), mientras que en las oficinas llega hasta los 65. El tránsito alcanza fácilmente los 85 dB(A), y en las discotecas y conciertos de rock se registran hasta 110 dB(A).
El precio de vivir en la ciudad
Flavio Pérez Gaytan lleva doce años viviendo en el 513 de San Felipe, a cuatro cuadras de 16 de Septiembre, en pleno centro de Guadalajara. En la planta alta tiene su casa, que comparte con su esposa y cinco hijos, y abajo tiene su negocio de impresión de invitaciones de eventos especiales.
“Ya no me molesta el ruido, ni los camiones; las sirenas ya son cotidianas. Te acostumbras a esto y es tu vida y ya”, aseguró Pérez Gaytán, nacido en Villa González Ortega, Zacatecas. Pero no siempre fue así: “Llego a Guadalajara y olvídese: no podía dormir. Vivía al ladito de la central camionera. Ya se ha de imaginar. Decía: ‘No puede ser, me regreso a mi pueblo’. El ruido me molestaba demasiado”.
Aunque aceptó que así es la vida en la ciudad, confesó que ha tenido que pagar el precio: “Yo ya no aguanto los oídos, traigo comezón todo el tiempo. Yo siento que se me redujo mi oído, porque estoy viendo la televisión y me dicen ‘Bájale’. ‘Oye, pero si no escucho’”.
Al igual que Flavio, Eva García de Montes, quien vive casi en el cruce de Río Nilo y Revolución, ya no “siente” el ruido. Luego de vivir quince años allí, “ya no me molesta”. Pero, para María Luisa García Cárdenas, su vecina, el ruido es una necesidad: “A mí me hacía falta. No me afecta nada; al contrario: cuando vivía en la Huerta, me enfermé por el silencio […] Me siento viva donde hay ruido”.
El caso de María Luisa se repite entre varios habitantes metropolitanos: como si el ruido fuera una necesidad, si los afecta, ni cuenta se dan. Como si así fuera vivir en la ciudad: la contaminación, como un ingrediente al que hay que resignarse, al precio de la salud propia.
Para la investigadora Orozco Medina, es claro que hay muchas cosas por hacer: “Antes que nada, monitorear los niveles de ruido en las ciudades”. Además, tener más áreas verdes que amortigüen los niveles sonoros, planear programas para la reducción de los niveles acústicos, campañas para hacer conciencia entre la población y reglamentar las emisiones de este contaminante en los municipios. Todo eso, en lugar de quedarse sentados, aguantando la música del vecino, el concierto de camiones en las calles o la convivencia con antros y discos. A menos que uno quiera que la ciudad se parezca, cada vez más, al Primer Mundo. Al Distrito Federal. O a Tokio.
Los cruces más ruidosos de la ciudad
La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda no exponerse a niveles superiores a 60 decibeles A o dB(A) continuos; la NOM-081-SEMARNAT-1994 establece 68 dB(A) el límite recomendable para el día y 65 dB(A) para la noche.
Lázaro Cárdenas y 8 de Julio 82.60 dB(A)
Alcalde y Manuel Acuña 82.52 dB(A)
Lázaro Cárdenas y Gobernador Curiel 81.90 dB(A)
Constitución y carretera a Chapala 81.37 dB(A)
Periférico y Colón 81.37 dB(A)
López de Legaspi y 8 de Julio 81.30 dB(A)
16 de Septiembre y Miguel Blanco 81.23 dB(A)
Alcalde y Juan Manuel 81.07 dB(A)
Santa Esther y Anillo Periférico 81.07 dB(A)
Lázaro Cárdenas y Colón 81.05 dB(A)
Calzada Independencia y Sierra Madre 80.98 dB(A)
Patria y 8 de Julio 80.97 dB(A)
López de Legaspi y Gobernador Curiel 80.87 dB(A)
* Fuente: Muestreo del Departamento de Ciencias Ambientales, del CUCBA de la Universidad de Guadalajara, realizado en 2005
Daños a la salud
Efectos auditivos
Disminución de la capacidad auditiva, desde una hipoacusia leve hasta una sordera total, según lo continuada y frecuente que sea la exposición.
Efectos orgánicos
Dilatación de las pupilas y parpadeo acelerado.
Agitación respiratoria, aceleración del pulso y taquicardias.
Aumento de la presión arterial y dolor de cabeza.
Menor irrigación sanguínea y mayor actividad muscular. Los músculos se ponen tensos y dolorosos, sobre todo los del cuello y espalda.
A más de 85 decibeles
Disminución de la secreción gástrica y salivar, digestión lenta y úlceras gástricas.
Aumento del colesterol y de los triglicéridos, con el consiguiente riesgo cardiovascular. En enfermos con problemas cardiovasculares, arterosclerosis o problemas coronarios. Los ruidos fuertes y súbitos pueden llegar a causar hasta un infarto.
Aumenta la glucosa en sangre. En los enfermos de diabetes, la elevación de la glucemia de manera continuada puede ocasionar complicaciones médicas a largo plazo.
Efectos psicológicos
Insomnio y dificultad para conciliar el sueño.
Fatiga.
Estrés (por el aumento de las hormonas relacionadas con el estrés, como la adrenalina).
Depresión y ansiedad.
Irritabilidad y agresividad.
Dificultad de concentración, rendimiento y atención.
Cansancio crónico.
Histeria y neurosis.
Aislamiento social.
Falta de deseo o inhibición sexual.
* Fuente: Organización Mundial de la Salud (OMS)
¿Qué hacer?
Denuncie actividades ruidosas.
Promueva una cultura del silencio, que hace falta sobre todo entre jóvenes, continuamente expuestos a ruido con los audífonos.
En el automóvil
Realice un buen mantenimiento de su vehículo, con especial atención en el escape.
Mantenga sus llantas a la presión correcta, así evita ruidos y vibraciones no deseadas.
Respete los límites de velocidad: a mayor velocidad, mayor ruido.
Evite acelerones y frenazos bruscos en los semáforos.
Utilice el claxon sólo cuando sea necesario o en caso de emergencia.
Detenga el motor en atascos o paradas.
Haga uso de los transportes públicos siempre que pueda.
Utilice la bicicleta o intente ir a pie.
En casa o en el trabajo
Instale ventanas acústicas que aíslan del ruido
Baje el volumen a los equipos de sonido, televisores, radios, etcétera
Evite conductas ruidosas, como gritos, portazos o hablar en voz muy alta
Mantenga su celular en vibrador para que el sonido del timbre no moleste a las personas a su alrededor.










