Héroes de martes y domingo
Alfredo Tapia López / ComercianteLleva trabajando en la Arena Coliseo 46 de los 50 años que tiene el recinto tradicional de la lucha libre. Vende máscaras y anteriormente también era fotógrafo; su yerno es El Rayo de Jalisco y a su nieto Rayman.
Guadalajara.- Hay que cagar, el culo no es bodega!” gritan unos espectadores a un pobre diablo sobre peso que encontraron en el público. Alfredo Tapia López, de 74 años, escucha los gritos desde su puesto de máscaras, el cual tiene desde hace más de 46 años. Mientras tanto, un grupo de extranjeros desorientados buscan sus lugar en el Arena Coliseo de Guadalajara y las mujeres del montón intentan descifrar el significado de, “vuelta, vuelta” y la razón por la cual medio público lo grita en su dirección. Todo esto sucede en el tiempo que Satánico y Máscara Mágica se enfrentan a Gallo y Metranón en un martes cualquiera de lucha libre, especial en esta ocasión porque la Arena cumple sus primeros cincuenta años.
Don Alfredo conoce bien la lucha libre puesto que lleva más de media vida en ella. Hombre casado, quien puede presumir que el pasado en enero celebró sus bodas de oro con su señora, tiene de la lucha libre no sólo su trabajo sino a su yerno –El Rayo de Jalisco– y a su nieto, Rayman.
“Mucho ha cambiado en este tiempo” comenta Don Alfredo. A pesar de llevar 46 años trabajando en un lugar que cada martes y domingo es sede de enfrentamientos a veces míticos –y a veces no tanto–, recuerda cuando era otra cosa. “Yo trabajaba aquí desde que era un corral donde ponían calandrias y caballos” menciona.
Pero todo eso cambió gracias a Salvador Lutero, que en paz descanse, quien Don Alfredo recuerda bien. Él fue, asegura el comerciante, quien convirtió aquel corral olvidado en lo que hoy en día Guadalajara conoce como la Arena Coliseo.
Don Alfredo no nació en Guadalajara pero llegó a temprana edad. A los once o doce años, no recuerda bien, hizo el camino desde Ameca a la ciudad para quedarse. De chico, y gracias a un trabajo de repartidor de fotos, pescó el gusto por la fotografía que fue a lo que dedicó otros 46 años en su vida. Hubo un tiempo en que tomaba fotos y además tenía su puesto de máscaras en la arena.
Después de su trabajo en el corral, regresó a la Arena gracias a conocer a Julián Sánchez Ortega, en aquel entonces gerente del establecimiento. En una entrevista para la revista en la que trabajaba, La Alerta, lo conoció y de ahí le nació poner un negocio de máscaras y fotografías el cual a la fecha tiene.
“Muchas alegrías y muchas penas” es como define su tiempo en la Arena. Recuerda la crisis que sufrieron cuando muchos luchadores abandonaron la sede tapatía y se fueron en búsqueda de luchas al Distrito Federal. “En tres años nadie venía” comenta. Todo eso cambió y de dos años para acá, asegura, las luchas son más populares que nunca.
“La máscara de El Elemento es la que más vendía” menciona Don Alfredo respecto a su negocio. En cuanto a fotos –las cuales no se permiten en el Coliseo– la luchadora que más negocio le da es Dark Ángel –quien el presentador de luchas asegura proviene de Canadá.
Por 46 años, ahí ha estado. En las buenas y en las malas, ha tenido su negocio en un lugar donde dos veces a la semana la gente va a celebrar las luchas, divertirse, y gritar a quien se preste. Como comentó un espectador, “al salir de aquí, quedas con paz espiritual”.
Rodrigo Espinosa Marván










