Juan Alberto VázquezEl GángsterFundador de MILENIO Semanal, desde entonces se desempeña como reportero de la sección de Mil Cosas Más, QRR y El Ángel Exterminador en el diario y también en el programa Política Zero de Milenio Televisión. Es socio del restaurante Black Horse de la colonia Condesa del Distrito Federal, sitio en el cual se desempeña como dj jueves y/o sábados bajo el seudónimo de Papagato, personaje que prefiere los géneros soul, funk, indie, latin y acid jazz.
La tribu anulavotos
En el capítulo anterior exploraba la inutilidad del voto nulo para efectos prácticos y en el inter me enfrascaba en una bizarra discusión con promotores y defensores del mismo. Básicamente mi visión va en el sentido de que anular el voto y promover la acción hace más daño que el mal que pretende reparar, y quienes lo promueven y simpatizan con la idea quedan como los buenos de la película, los verdaderos demócratas y revolucionarios del Facebook.
Sinceramente creo que el hartazgo sobre los políticos, la política y sus prácticas —que utilizan como argumento madre quienes pretenden convencer a otros para anular votando—, es poco contundente e histeriquillo pues los políticos siempre han sido así (creo que incluso hoy son menos cínicos y rateros, y no por convicción sino por la proliferación de lupas ciudadanas) y en todo caso, insisto, como sociedad hemos sido igual de desidiosos y escépticos con el qué hacer de “nuestros representantes” a los que nunca cuidamos las manitas y los dejamos actuar, pensando que son infalibles.
En ese sentido creo que la relación entre votantes y suspirantes a puestos de elección popular es idéntica a la de un matrimonio apresurado: Alguien que se casa a las dos semanas de conocer al otro tan sólo por que le parece bello y que al primer trimestre comprueba el error cometido, caso gemelo al del votante que conoce de su candidato sólo la foto en la propaganda y que muy pronto se desilusionado de él porque no cumple sus promesas. Pero, ¿se tomó la molestia y el tiempo de investigarlo o de conocerlo? Por supuesto que no. Nadie lo hacemos. ¿Qué marido cumple lo prometido ante un juez o cura?
Debo aceptar, sin embargo, que los Anulavotos me parecen ahora una tribu simpática y divertida, toda vez que sus berrinches y pataleos han provocado una serie de fenómenos que nos habríamos perdido de no ser por el ruido mediático y la verdadera picazón que han provocado en la clase política en general.
1. Gracias a ellos se pudieron tomar de la mano Norberto Rivera con AMLO, Santiago Creel con Arturo Nuñez (no el de la danzonera) o Germán Martínez, Beatriz Paredes, Chucho Ortega y Leonardo Valdés Presidente del IFE para, en el peor estilo de “We are the World”, al unisono y en plena defensa de sus intereses pedir a los votantes que vayan a sufragar.
2. La idea de anular el voto ha disparado toda clase de debates que han calentado la que quizás sea la campaña más desangelada de cuantas se recuerden.
3. A la naciente tribu cibernética, se han colado los clásicos guerrilleros de closet que ven al movimiento como el inicio de la próxima revuelta armada (y a propósito de la inminencia del 2010).
4. Entre la idea anulacionista de destruir y mostrar repudio por lo poco que hemos construido como sociedad democrática, han surgido voces sensatas que proponen algo más que la simple anulación. Y muchas de esas ideas si están como para suscribirlas.
Me quisiera detener en este punto pues creo que todo el esfuerzo del votante rebelde, se vería recompensado si de esa lucha surgen propuestas verdaderamente ciudadanas que se logren colar a las agendas de próximas discusiones parlamentarias. Las más viables es la de darle paso a las candidaturas ciudadanas pues al final creo que el debate en torno al voto en blanco, tiene qué ver con la frustración de no poder elegir a quien sea un verdadero representante del distrito electoral que piensa abanderar. Es como si a una bella dama en edad de merecer le eligieran al marido, que al cabo del tiempo éste resultara ser un verdadero patanazo y que además ella estuviera obligada a quedarse callada. ¿Podemos los ciudadanos quejarnos ante Derechos Humanos por el abandono de nuestros representantes populares? ¿Hay un juez civil que nos divorcie de ellos? Pues debería.
Hay muchas otras ideas maravillosas que entre anulavotos o no, estamos obligados a abanderar y luchar por ellas. Algunas son la de anular o desviar los presupuestos designados a los partidos ya que ellos cuentan con millones de spots gratuitos en radio y tv. Y obligarlos a que sean sus militantes los que financien sus campañas si es que quieren comprar pendones y volantes. Otra idea la acaba de lanzar ayer el empresario Alejandro Martí y es la de votar sólo por los candidatos que firmen ante notario sus compromisos en temas de seguridad.
Sin embargo sigo creyendo que antes de llegar a las urnas hay muchas otras cosas por realizar. Si bien es cierto que el Congreso de la Unión está repleto de legisladores comprometidos con causas política amafiadas, nunca con las ciudadanas (hay pejistas, beltronistas, salinistas, calderonistas, kahwagistas, bejaranistas, gordillistas), como grupo inconformes deberíamos hacer un esfuerzo por llevar ahí a los legisladores menos comprometidos con los capos de siempre. Para ello, el de investigar para investir es un trabajo que requiere tiempo y organización, cosa que los anulavotos al parecer no están dispuestos a hacer, ya que hasta el momento su única intención es tirar la primera ficha que provoque el efecto dominó. Les parece más fácil destruir en corto, y que todos veamos lo furiosos que están, que proponer algo de largo aliento y que requiera organizarse.
Mi propuesta para ir a votar es la siguiente. Detectar las zonas en donde se han instalado las mafias políticas. Por ejemplo los bejaranistas en varios delegaciones del DF como la Cuauhtémoc o el grupo afín al ex gobernador Francisco Ramírez Acuña que “haiga sido como haiga sido” apaña casi todas las candidaturas en Guadalajara, Zapopan, Tonalá y otros municipios de Jalisco. Seguro que la República está llena de este tipo de casos de verdaderas rufianes que amparados en las votaciones se perpetúan en el poder vía sus prestanombres. ¿Por qué no nos organizamos y los corremos a patadas con votaciones tumultuarias en su contra?
Compañeros anulavotos. No nos confundamos. El enemigo común son los políticos corruptos e ineficientes. Y mientras ustedes consideran que con anular el voto les van a rayar su carrocería, hay quienes consideramos que eso sólo se logrará con participación organizada y votaciones masivas en su contra. La discusión sigue abierta…










