Arturo Reyes FragosoSombrero de Cuatro PedradasMi historial scout es un desastre: llegaron a correrme de la Asociación y reprobé el preliminar del curso de Insignia de Madera, humillación todavía mayor. Por si fuera poco, no fui rover investido ni Caballero Scout; además, un inoportuno berrinche con mi Akela le dio pretexto para negarme el Lobo Rampante. Todo esto me permite escribir sin remordimientos sobre temas escultas en periódicos, revistas y libros (Cuentos de una noche de campamento, Dos artistas en pantalón corto. Ibargüengoitia y Felguérez, scouts, entre otros). No debo hacerlo tan mal luego de veinte años de empecinada práctica, puesto que, todavía, existen despistados que leen mis engendros y hasta les gustan. Otros me retiraron el saludo.
Cargar como mulas
Salir de campamento implicaba cargar madre y media, como mulas.
Todavía alcancé a usar las primitivas mochilas de lona y correas de cuero —aquellas que se te encajaban en los hombros—, las cuales uno debía de rellenar de manera que ropa, comida y equipo de acampado quedara ergonómicamente acomodado a la espalda.
La manga: uno terminaba caminando con una lata de frijoles incrustada al espinazo.
A eso había que sumarle llevar en las manos el bordón y la dichosa lámpara Coleman, misma que usaba gasolina blanca (cargada en un bidón aparte), una pantalla de vidrio y su capuchón carbonizado que al primer movimiento brusco se convertía en una inútil nube de ceniza.
Era algo así como llevar un fósforo encendido en medio de un aguacero.
No conformes con lo anterior, había patrullas como la Alces que llevaban un huacal de plástico, sustraído subrepticiamente del área de bodegas de la tienda Aurrerá que había en Plaza Universidad, retacado de la comida con que preparaban unos envidiables atracones. A veces lo amarraban a dos bordones cargados por otros tantos patrulleros, como camilla, aunque no era raro que el Panqué, su descomunal guía de patrulla —así lo veía a los 14 años, y así lo sigo viendo casi tres décadas después—, terminara acomodándoselo encima de su mochila para seguir caminando, tan campante el cabrón.
Uno de nuestros sitios frecuentes de acampado implicaba tomar un camión que se iba por la carretera federal a Toluca, bajarse entre Las Truchas y la Marquesa, y agarrar un camino de terracería por el que caminabas como idiota varias horas hasta llegar a un espectacular valle en medio del bosque.
Por supuesto, con las mochilas retacadas a la espalda, como mulas.
De regreso, alguna vez el jefe de tropa marcó una parada intermedia, a la que obedecimos de inmediato dejándonos caer al piso sin siquiera quitarnos la mochila. No recuerdo quien tuvo la iniciativa de aprovechar el tener a la mano la mal cerrada mochila del resollante Luisito, retacándole una piedra de mediano tamaño, acción repetida subsecuentemente en los restantes descansos de la caminada por otros integrantes de la tropa.
Cómo olvidar la imagen de Luisito de vuelta al local, murmurando mentadas de madre a todos los presentes, cagados de la risa, al tiempo de extraer más de media docena de piedras guardadas en su mochila como estrafalario recuerdo de campamento.
Cargar como mulas, algunos lo hacían por puro amor al arte.
Llamadas de silbato
LOS GUIÑOS DE TONY SCOTT: El animado intercambio de impresiones sobre Up, me llevó a revisar uno de los primeros posts escritos —¡hace casi dos años, tómala!— en el que enlisto los recurrentes guiños scouts de las películas de Tony Scott: Juego de espías (Spy Game, 2001), donde Brad Pitt personifica a Tom “Boy Scout” Bishop, matón de la CIA cuyas dotes como francotirador descubrió en los scoutitos gringos, donde obtuvo la especialidad de tiro; El último boy scout (The Last Boy Scout, 1991), mote del gamberro Joe Hallenback, ex agente gubernamental metido a detective privado en la mejor tradición del hard boiled, interpretado por Bruce Willis, sin faltar La fuga (True Romance, 1993) y el sensacional diálogo de un soplón de la policía al probarse el micrófono oculto que usará en a una reunión de narcotraficantes: “¡Hola!, soy scout y estoy vendiendo coca para poder ir al Jamboree”, achacable al guionista de esta película de culto, un entonces desconocido Quentin Tarantino… SOBRE ARDIDOS Y BLOGGEROS DE CLOSET: Para quienes frecuentan este blog o lo hacen sin reconocerlo públicamente, puedo decir lo siguiente: en el informe presentado en la pasada Asamblea Nacional de la Asociación, la Comisión Nacional de Relaciones presume un dizque apantallante listado de periódicos, revistas, programas de radio y televisivos donde apareció alguna información sobre la Asociación de Scouts de México, sin mencionar a este cibernético receptáculo de envidias y resentimientos que, para acabarla de joder, ofrece la principal cobertura sobre el tema, al ser ésta permanente, global e irrestricta. Uta, cómo les cuesta trabajo a los encargados de la Asociación entender que las acciones derivadas de las atribuciones de su cargo, pueden ser objeto de escrutinio público (si usan o no lencería de encaje bajo su uniforme es algo que nos tiene sin cuidado). En todo caso, ya entablamos negociaciones con Coppertone para tenerlo como patrocinador. (15/jun/09)










