Mafias en gasolineras

Esta vez, por poco caigo.
La escena es común y las víctimas, mujeres que van solas en su auto.
Al cargar gasolina, te piden que abras el cofre para “checar niveles”.
Como mi mecánico de cabecera me ha dicho que nunca abra el cofre en las gasolineras, en automático me niego a hacerlo.
Pero esta vez, con cara de preocupación, el despachador siembra la duda.
--Su carro huele a manguera quemada. Abra el cofre
--No, todo está bien. Acaban de hacerle el servicio en la agencia --le hablo con firmeza al empleado.
-Huele a quemado, cuando entró claramente escuché que está chocando metal con metal. No se le vaya a desbielar
Aquí me entra el pánico y abro el cofre. Me bajo del auto para ver el desastre.
Llegan dos despachadores más. Me rodean y me dicen que el motor está a punto de tronar, que prácticamente ya no trae aceite e insisten en que tienen que ponerle no sé cuántas cosas.
No me dejo intimidar.
-No traigo dinero, sólo lo de la gasolina.
De plano paran la bomba del despachador de gasolina para decirme que mejor le ponga menos combustible y con 100 pesos me arreglan el problema.
Me niego. Salgo, me estaciono y le marco al mecánico. Me pregunta si alguna de la señales del tablero está encendida.
--No
--Entonces no le hace falta aceite al motor. Tráigalo para revisión.
Pierdo toda la mañana pero finalmente el mecánico corrobora que todo está bien, si acaban de hacerle el servicio al carro hace menos de un mes.

II
Al entrar a cargar gasolina el despachador insiste en ponerle un aditivo al tanque de gasolina del auto.
Insiste tanto en que el dichoso aditivo hará rendir más la gasolina, limpiará los inyectores y no sé que tantas bondades más, que accedo.
Con el frasco lleno en la mano el vendedor se acerca al tanque pero en lugar de vaciarlo, lo tira al piso.
Me enseña un envase vacío que convenientemente trae en el bolsillo del overol y dice que ya lo puso en el tanque. Y, claro, me lo cobra.

III
El despachador me ofrece checar el aire de las llantas.
Me dice que una viene baja, porque la “rosqueta” de la válvula de la llanta no funciona, por lo que tiene que cambiarla.
Me cobra 30 pesos.
Al día siguiente la llanta está totalmente sin aire. En la vulcanizadora me dicen que la válvula está inservible y que hay que cambiarla. Me cobran 150 pesos.

***
Me pregunto cuántos automovilistas caen cada día y cuánto dinero se embolsan los despachadores que logran engañar a los clientes. Sobre todo, a las mujeres que ignoramos cosas elementales y que desafortunadamente nunca nos bajamos del auto a inspeccionar si de veras nos están poniendo en el depósito correspondiente el aceite o el aditivo o a ver qué hacen con las válvulas de las llantas los que ofrecen “calibrarlas”.

¿A ti te ha pasado? ¿Cómo has reaccionado?
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