El alcalde del Yunque

HISTORIAS- Milenio Diario

Este miércoles, a las tres de la madrugada —si Dios quiere—, doña Barbara saldrá a la Ciudad de México a protestar por la detención del alcalde José Luis Ávila Franco. En su bolsa carga fruta, un par de sandwiches y dos Coca-colas. Esta señora sabe andar en autobuses; no le angustia pensar en las cinco horas de viaje de Ciudad Hidalgo a la capital. Cada año viaja un par de veces a agradecer o pedir, dependiendo del caso, hasta algún templo del Bajío. No es lo mismo peregrinar que marchar. Lo sabe. Por eso ahora, en lugar de sus rosarios carga cartulinas que dicen: “José Luis Ávila: confiamos en tí. ¡Viva la paz!”

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El 16 de diciembre de 2007, unas semanas antes de asumir la presidencia municipal de Ciudad Hidalgo, José Luis Ávila Franco envió a Morelia contingentes de apoyo a la asamblea estatal del Movimiento de Participación Solidaria, con la cual el grupo de inspiración sinarquista pretenía conseguir su registro como Partido Humanista. No era casual que ocurriera algo así. Ciudad Hidalgo vivió a finales de los años 20 dos de las batallas más importantes de una Guerra Cristera que convirtió a miles de fieles en soldados y a obispos en generales. De esa influencia sinarquista en la zona no escapa el edil, a quien sus propios compañeros panistas identifican como el representante político de El Yunque en Michoacán.

El año pasado, cuestionado por inaugurar la tradicional feria Todos los Santos con una misa oficiada por el arzobispo de Morelia, el alcalde declaró delante de los medios de comunicación de esta localidad, ubicada a 112 kilómetros de Morelia: “Yo no soy juarista”. Su fama como hombre de El Yunque creció desde entonces. Nunca hizo nada para aminorarla.

Durante la asamblea en Michoacán del Movimiento de Participación Solidaria estuvo Bernardo Vargas, el michoacano que dirige la Unión Nacional Sinarquista en la entidad. La doctrina de esta organización político-religiosa, que finalmente no consiguió su registro, se basa en encíclicas papales, el Concilio Vaticano II y documentos de la Conferencia del Episcopado. Algunas de sus propuestas son la reforma al artículo 3 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y pugnar por una educación de corte religioso.

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José Luis Ávila no era un panista cercano al presidente Felipe Calderón, quien también nació en Michoacán, y quien, antes de ser electo, criticó públicamente a El Yunque. El grupo del presidente en la entidad, encabezado por su hermana Luisa María Calderón y el ex candidato a la gubernatura, Salvador López, no vio con buenos ojos los coqueteos del edil con el movimiento sinarquista.

“La verdad es que era cuestionable por sus ligas con estos grupos de El Yunque, pero nunca recibimos ningún señalamiento que lo involucrara con el narco”, dice un panista al dirigente estatal.

Hoy el alcalde de El Yunque está en el Centro Nacional de Arraigos del DF, acusado de narcotráfico y asociación delictuosa.
En la parroquia del Perpetuo Socorro de Ciudad Hidalgo oran por él.