Up, una maravilla

Pocas veces salgo tan entusiasmado del cine: sencillamente es la mejor película realizada hasta ahora, donde aparece un personaje scout.

No me detendré a contarles la trama de Up, la primera gran sorpresa de los estrenos cinematográficos veraniegos: me centro en el personaje de Rusell, uno de los principales protagonistas de esta entrañable historia de imaginación desbordada.

Semanas atrás manifesté mi curiosidad por averiguar la visión de los scouts que le ofrecería al público la dupla Disney/ Pixar, y sostuve con la estimada Mónica, asidua a este cibernético espacio, un intercambio de opiniones sobre la materia. Ahora puedo decir que los encargados del guión poseen un profundo conocimiento del escultismo, al jugar de manera por demás brillante con los clichés sobre los scouts: la imagen ñoña —ñoñísima— de un exasperante escuincle con su mochila a la espalda llena de colgajos, que no conoce una brújula porque carga un GPS portátil, recita a lo güey las máximas escultas, jamás ha pasado una noche en campo abierto ni sabe montar una tienda de campaña (la escena que lo ejemplifica es genial), pese a tener su uniforme tapizado de insignias de adelanto… uta, cualquier parecido de esta imagen con uno de los temas recurrentes manifestados en este blog, me cae que es pura coincidencia.

Conforme avanza la trama, la imagen de Rusell va transformándose hasta alcanzar una auténtica exaltación del orgullo de ser scout, en cuanto ser una persona ávida de correr aventuras, de acuerdo a los valores adoptados dentro del movimiento.

Me queda por delante la tarea de averiguar la percepción de este rechoncho uniformado entre el público no versado en cuestiones escultas. Para el público gringo, habitantes de un país donde existen millones de scouts en activo y muchos más que pasaron por sus filas, no tengo duda que posean los referentes culturales para disfrutar de los matices que ofrece el personaje, cosa que no estoy tan seguro que ocurra con el grueso de los espectadores mexicanos (¿les dirá algo más que ser algo “chistoso”?).

Confirmo también una idea expresada con anterioridad: sería maravillosa una función especial con un público exclusivamente scout… por un momento me imaginé las risas y gritos de emoción de la concurrencia uniformada. Les regalo otra idea a los encargados de la Asociación de Scouts de México para que se paren el cuello, cosa que ni les gusta: háganle llegar un reconocimiento a los estudios Pixar y Disney, por la grandísima promoción que hacen del escultismo. La sugerencia es extensible a los encargados de la Oficina Mundial Scout.

Llamadas de silbato
CON MANZANAS:
Sobre el anuncio de que México pedirá la sede del Jamboree Mundial de 2019, junto con Estados Unidos y Canadá, ya tuvieron a bien explicármelo y suena a una vacilada: resulta que los gringos quieren hacer el evento en su país, dizque con el apoyo de sus homólogos canadienses y mexicanos, con quienes solicitarán la sede de forma conjunta ante la Organización Mundial del Movimiento Scout, misma que se encargaron de descabezar en 2007 (¿remember el affaire Missoni?); entonces, echándole un poco de suspicacia al asunto, no es lo mismo que pidan la realización de la máxima reunión scout mundial ellos solitos —arriesgándose a que les cobren la factura mandándolos al demonio—, que hacerlo en bola con las otras dos asociaciones de América del Norte. En todo caso, sería bueno saber cómo piensan integrar los Boy Scouts of America a sus “colegas” mexicanos a la organización del evento, o si nomás los quieren emplear para hacer bulto… AUTORÍAS DEVELADAS: Sin duda es la definición de un scout con más mala leche a la fecha citada: “Es, si al vestuario tan sólo me ciño,/ un pobre niño vestido de bobo/ al que dirige con celo y arrobo/ un pobre bobo vestido de niño”. Pues resulta que se la debemos a Tomás Perrín (1924-1985), famoso locutor (“¡Dispare, Margot, dispare!” es una de las frases que inmortalizó para la radio mexicana), actor y autor de memorables epigramas, como el aquí expuesto, aparecido originalmente en las páginas del periódico Excélsior (una navegación por internet me llevó al blog de Alfonso Marroquín Ibarra, quien dice poseer un libro donde se recopilan: México cómico, publicado en 1949 por los propios Talleres tipográficos de este periódico capitalino). Muchas veces escuché definición —que, la neta, sí cala— sin saber su origen —alguien se la llegó a adjudicar al fallecido caricaturista Abel Quezada—, hasta que tuve a bien leer la entrevista que Hernán Bravo Varela le hace a José Emilio Pacheco para el número de este mes de junio de la revista Letras Libres, con motivo del 70 aniversario del estimado autor de “Alta traición” y Las batallas en el desierto, quien habla de los estímulos que lo llevaron a abrazar las letras desde temprana edad: “Por otra parte, si no la poesía, el verso era algo cotidiano […] Todos los periódicos publicaban epigramas, algunos tan certeros e injustos como el de Tomás Perrín sobre los boy scouts”. Y acto seguido, Pacheco cita, suponemos de memoria, las líneas que mantiene grabadas desde su infancia... ORGULLO DE PERTENENCIA: El sábado me invitaron a presentar Sombrero de cuatro pedradas en Querétaro, como parte del arranque de los festejos de los primeros 40 años de vida del grupo 4 (saludos a mis nuevos cuates de su manada: Chikay, Keego, Fernanda y Rama). Mi estimado José Cruz partió plaza con la lectura de un texto de su autoría sobre algunas anécdotas de la historia de su grupo, del que les comparto el final: “El carácter del grupo siempre se ha caracterizado por ser un desmadre, de fiesta, de rebeldía, de crítica, de apoyo y solidaridad y siempre de tratar de hacer las cosas bien. El grupo 4 es un lugar no oficial al que me gusta de vez en cuando acudir; un lugar en donde las muertes, dolencias y alegrías de nuestros familiares se vuelven del grupo, un lugar en donde uno se encuentra en los demás, porque los demás son como uno, un lugar en donde la formalidad en el ser scout es una bonita enseñanza […] En el grupo eso del escultismo es una forma de vida, nos lo tatuamos en la piel y algunos hasta se casan de uniforme y hacen sus primeras comuniones con él; somos quienes en un rato de euforia y emoción después de un gran discurso gritan ‘¡Arriba el grupo 4!’… cuando debieron de decir ‘grupo 7’; somos quienes nos salíamos de las ceremonias de provincia a jugar tochito, somos quienes nos dábamos al tú por tú con los del grupo 6 y con los del pentatlón, somos quienes impusimos la moda de los greñudos a mediados de los 90’s. Acá nuestros muchachos hacen carrera scout desde que entran en la manada y salen del clan. Acá los que se van a otro grupo siempre regresan. Acá donde no podremos ser de otro lado más que del cuatro”. ¿Quién que haya pasado por un grupo scout de indistinto número puede estar en desacuerdo con sus palabras? (08/jun/09)