Fernanda de la TorreNeteando con Fernanda“Nací un verano en la Ciudad de México. Creo en lo extraordinario de lo ordinario. Me fijo en lo que pasa todos los días y disfruto contarlo. Tengo la fortuna de colaborar en Milenio desde 2004 y con el blog, desde 2006. Colaboro para otras publicaciones como Newsweek en Español, Contenido, Algarabía y Actual. Adoro las conversaciones sinceras, ese es el objetivo de este espacio".
Cuando el recorte asoma su feo rostro
En cuanto tu jefe te dice que quiere hablar contigo y cierra la puerta de su oficina, estás segura. Por meses has oído que habrá recortes. Es repentino y a la vez esperado. Como canción de Molotov, “ya se veía venir”. Sus palabras seguramente no son fáciles de decir, pero definitivamente, menos de escuchar. “En vista de la difícil situación… nos vemos en la penosa necesidad”... Mientras habla, piensas a mil por hora: ¿Este hombre ve la tempestad y no se hinca? ¿No sabe que nadie está contratando? ¿Dónde voy a conseguir otra chamba? Saber que hay muchos en tu misma situación, más de medio millón de mexicanos en los últimos cuatro meses, no es consuelo; al contrario, te alarma. Tu jefe, amable, te da un tiempo para que busques otro trabajo. Sales de su oficina. Sólo puedes respirar hondo y aguantar las lágrimas mientras te diriges al que aún es tu lugar. Tienes que reconocer que por mucho que haya sido esperada, la noticia te cae como balde de agua fría.
Intentas aclarar tus pensamientos y emociones y únicamente llegan más pensamientos en desorden y sin ton ni son. En principio cuesta trabajo ver luz al final de túnel. De alguna manera, es como un divorcio. Un cambio. Sabes que eventualmente estarás bien, pero no sabes cómo ni cuándo. La incertidumbre te llena de miedo y tristeza.
Una vez que pasa el shock inicial, empiezas a ver las cosas de otro modo. Puedes ver algunas ventajas en la situación. Estás segura de que te dará una tristeza enorme no ver de lunes a viernes a muchos de tus compañeros, pero sabes que puedes mantener el contacto. Es cierto que había cosas que te gustaba mucho hacer; pero no era lo que hacías la mayor parte del tiempo. Es un momento de emociones encontradas. Todavía es doloroso, pero sabes que también es una oportunidad.
Pensar qué quieres hacer se vuelve tu prioridad. Después de todo, es una oportunidad para cambiar, reinventarte, hacer lo que te gusta. Buscas en el fondo de tu corazón y te das permiso de explorar tus sueños. Decides que es el momento de salir de la zona de confort y dedicarte a lo que amas. Sí. Tener un sueldo fijo de una empresa te da una seguridad grande, y más en estos tiempos, pero no es lo que más te gusta. Llegó el momento de arriesgar. Así, decides dedicarte tiempo completo a escribir y comunicar, que te apasiona.
Con estas ideas, empiezas el proceso de cerrar un círculo y empezar otro. Empiezas a ver el lado amable de la situación. Después de todo, llevas un tiempo algo descontenta y tuviste la fortuna que te dieran un tiempo para buscar otro empleo. Sabes que hay quienes no tienen ese beneficio, y lo agradeces.
Poco a poco regresan las fuerzas. Pules tu currículum y empiezas a moverlo. Amigos, colegas, familiares y hasta quien menos esperabas ofrecen ayuda. Unos hacen una cita, otros pasan tips de cuando se vieron en tu situación y otros se dedican a consentirte y apapacharte. El sentimiento interior es otro. Cuesta trabajo vencer el miedo que da la incertidumbre, pero te repites que tarde o temprano vas a estar mejor.
Voces sensatas te aconsejan calcular tu liquidación para planear cómo vivir los meses siguientes. ¡Tienes que pagar impuestos sobre la liquidación y es menos de lo que esperabas! ¡Qué injusticia! Nuestros gobernantes son otros que ven la tempestad y no se hincan. Bajo la óptica de la seguridad social esa indemnización es lo que te va a permitir sobrevivir el periodo de busca del siguiente empleo. Esa indemnización, si no estuviera gravada, permitiría extender ese periodo de sobrevivencia económica.
En otros países latinoamericanos, como Brasil o Argentina, entienden esta indemnización por liquidación como una parte de la seguridad social y por ello, el dinero que recibes no causa impuestos. En otros países sí cobran impuestos, pero a cambio ofrecen apoyos gubernamentales y seguro de desempleo. En México ni una ni otra. ¿Por qué no lo habrá incluido el presidente Calderón en su plan para enfrentar la crisis? ¿De verdad piensan que recibir dinero como una compensación por no tener trabajo es un ingreso? ¿A poco tienen dentro de su partida presupuestal el rubro de “cobro de impuestos a la liquidación” como un ingreso importante? ¿No deberían preocuparse por crear mas empleos en vez de gravar lo que es en realidad un beneficio social?
No hay nada qué hacer. Otra vez a respirar hondo. Con todo, impuestos, miedo e incertidumbre, sabes qué vas a salir adelante. Todo pasa por algo, estás libre para algo mejor.
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