Horacio SalazarEl País de las Maravillas
Controversia inventada
En su edición de ayer, la carta noticiosa de la Sociedad Escéptica (www.skeptic.com) ofrece un poderoso escrito de la doctora Harriet Hall, a propósito de la supuesta controversia sobre la conexión entre vacunas y autismo.
El dictamen de la autora es simple. No hay tal controversia. “La comunidad científica llegó a un consenso claro de que las vacunas no causan autismo”. Punto.
Pero la doctora Hall admite que a falta de controversia real, existe una controversia inventada en la que han participado desde investigadores tramposos hasta madres bien intencionadas pero ignorantes, acompañadas de la dosis habitual de vendededores de vida, merolicos, ganapanes y celebridades que aprovechan su cajoncito de fama para expeler estupideces.
Es una historia dramática llena de dobleces y que ya fue recogida en un libro por Paul Offit. Pero la doctora Hall ofrece un resumen sucinto (comparado con el libro) que en dos por tres pone en su lugar a los propagadores de patrañas, suponiendo que sepan leer.
Todo empezó en 1998 con el médico inglés Andrew Wakefield, quien publicó en The Lancet un artículo sobre inflamación intestinal, autismo y la vacuna triple contra el sarampión, las paperas y la rubéola. Aunque el estudio no encontró una asociación entre la vacuna y el autismo, él sí la expresó ante los medios, diciendo que en su opinión la vacuna probablemente era la causa del autismo. Ouch.
El texto de la doctora Hall no sólo desmentela los argumentos de Wakefield, sino que documenta una historia llena de trucos, tretas, falsedades y ambición que tristemente se tradujo en una reducción en el número de niños vacunados, con consecuencias de salud pública que aún están por verse.
El texto relata luego el caso del timerosal, un ingrediente de las vacunas que contiene una forma de mercurio. A partir de un par de mamás gritonas y de dos gandules profesionales, se llegó a decisiones que también le pegaron a la salud pública. El caso final descrito por la doctora Hall es el de la pareja formada por Jenny McCarthy, ex playmate, y por su novio Jim Carrey, convertidos en activistas antivacunas.
Como en casos anteriores, la respuesta del mundo racional a estas insensateces ha sido lenta, y como consecuencia se han robustecido las posiciones basadas en el aire. Todo esto hace más importante que nunca la existencia de una divulgación profesional.










