En estado de coma

¿Cuántas personas que usted conoce se han quedado sin empleo en el último par de meses? ¿Cuántas han reducido sus ingresos considerablemente? ¿Cuántas más saben que pronto se quedarán sin trabajo? Quizás lo que a inicios del año pasado se veía como un catarrito y que a finales de 2008 se convirtió en pulmonía, llegando a la mitad de 2009 ya pinta que dejará a la economía nacional en estado de coma.

Le pongo el ejemplo de una familia, la mía: un padre cirujano plástico que a inicios de año operaba a ritmo de 15 cirugías por mes, en marzo apenas llegó a dos; una hermana arquitecta, empleada en uno de los despachos con más trabajo de una ciudad fronteriza, tiene más de dos quincenas sin cobrar y teme un inminente despido; otro hermano –también arquitecto–, está desempleado desde hace tres meses porque el dueño del despacho tuvo que cerrarlo cuando, no uno, ni dos, sino todos sus proyectos (principalmente de construcción ligada al sector turístico con inversiones extranjeras) fueron suspendidos, ya sea por falta de financiamiento o por cambios radicales en las expectativas de ingresos de sus clientes; una tía empleada como directora comercial en una importante casa editorial que, ante la disminución brutal de las ventas de espacios publicitarios, tuvo que ser echarla a la calle el mes pasado… Uno podría pensar que, como dice el dicho, una golondrina no hace verano, y que de una familia con mala suerte no puede hacerse ninguna generalización, sacarse ninguna conclusión; pero si vemos los últimos datos macroeconómicos, la foto del país es la misma. Según el INEGI, en el primer trimestre de 2009 el PIB mexicano, en términos reales, cayó 8.2 por ciento respecto al mismo periodo de 2008. Por sectores, se pueden ver caídas gravísimas de 13.8 por ciento en manufacturas, de 17.2 por ciento en comercio o de 7.7 por ciento en construcción.

Pero no olvidemos que en abril del año pasado el gobierno todavía creía que en 2009 se crecería a un ritmo de 4 por ciento. Luego, cerró el año ajustando esta predicción a la baja, estimando que el crecimiento sería nulo. Ya en 2009, los pronósticos oficiales han pasado de una contracción de 2.8 por ciento, a una de 4.1 y, según dijo el secretario de Hacienda el miércoles pasado, la caída del PIB en el año andará alrededor del 5.5 por ciento. Por esto, cuando los pronósticos siguen ajustándose una y otra vez a la baja, no es de esperarse que el desplome de la economía supere –y quizás por mucho– el sufrido en 1995, cuando México vivió su peor crisis de las últimas décadas, al padecer una contracción económica de 6.2 por ciento.

Ante este panorama desalentador, los mexicanos debemos enfocarnos en tres valores: el esfuerzo, la previsión y la solidaridad. Esfuerzo para hacer nuestro trabajo mejor que nunca y sacar adelante a nuestros negocios. Previsión para evitar gastos superfluos y, así, lograr tener margen de maniobra para enfrentar cualquier eventualidad financiera. Y, por último, solidaridad para que en todas las empresas con problemas, los trabajadores nos unamos y aceptemos reducciones salariales –o paros parciales– antes que ver cómo echan a la calle a alguno de nuestros compañeros. No son tres de las características más comunes entre nuestros compatriotas, pero los tiempos de crisis pueden ser también buenos tiempos para emprender grandes cambios.

miguel.vargasv@milenio.com