Perdedores del viernes en Twitter

1. Las redes sociales, como los demás organismos, nacen, crecen, se reproducen y mueren. Cuando una gana popularidad, un gran número de usuarios comienzan a interactuar en un modo que no se conocía hasta ese momento. Cada vez que una de esas redes pasa de moda, un modo específico de interacción desaparece. Antes de que me les ponga muy “Roy Batty en la azotea” mejor les cuento una anécdota del viernes pasado.

2. No escucho a The Dresden Dolls. Me agrada su idea y su actitud, pero por alguna razón no me han enganchado sus canciones. Comencé a seguir en Twitter a su cantante, Amanda Palmer, porque la chica era una frecuente interlocutora de Neil Gaiman.

Contra lo que uno supondría sobre la cantante de un grupo de cabaret punk, el pasado viernes Amanda pasaba la noche tecleando en Twitter, así que comenzó una encuesta: “¿Ya nadie parrandea? ¿Cuántos de ustedes son perdedores de viernes por la noche frente a sus computadoras?” En cuestión de minutos se hizo evidente que los “Losers of Friday Night on Their Computers” (o LOFNOTC, como hubo que abreviarlo luego) se contaban por cientos y después por miles.

Viendo tal poder de convocatoria y una causa común, los LOFNOTC empezaron a proponer subvenciones y tratos preferenciales que deberían dárseles, ya que estaba comprobado que eran una minoría importante. Pedían cero impuestos en vodka y whisky. Café y cerveza de raíz gratis. Internet de banda ancha como servicio de primera necesidad. Para el lunes ya estaban haciendo planes para imprimirse camisetas que anunciaran al mundo que ellos eran orgullosos LOFNOTC (suponiendo que alguna vez volvieran a salir al mundo real).

3. Mientras veía a esta comunidad surgir y crecer espontáneamente, sentía la tentación de declararme LOFNOTC. A fin de cuentas, yo también estaba frente a la pantalla en una noche de viernes. Pero no hubiera sido una adhesión sincera: tenía planes para salir más tarde, a una reunión y un bar, así que decidí seguir como espectador. Horas más tarde, con una cerveza en la mano y viendo videos en un bar, apareció en las pantallas de TV algo poco habitual en la selección de ese lugar: The Dresden Dolls. Amanda daba motivos para celebrar a los que parrandeaban en la noche de viernes, mientras arengaba a las huestes de losers que se habían quedado en casa. Ubicuidad le llamaban a eso los clásicos.