Horacio SalazarEl País de las Maravillas
Protochanga del Mediaceno
El dibujo de Goya dice que los sueños de la razón engendran monstruos. En una remota paráfrasis que espero se me perdone en atención a mi lamentable estado neuronal, yo digo que acabamos de presenciar una de las peculiaridades que engendra la nueva ensalada multimedia en que se está convirtiendo el universo de la información.
Claro que hablo de Ida, el ejemplar de Darwinius masillae que después de un periplo misterioso destinado a estimular la multiplicación de los dólares, fue presentado al mundo en un acto circense en el Museo Estadunidense de Historia Natural.
Ida fue una antepasada remota de los primeros primates, y como quedó claro para todos, tuvo la fortuna de asfixiarse pronto para que, a principios del siglo XXI, su esbelta silueta pudiera ser explicada golosamente por Jørn Hurum, quien sin el menor recato dijo que el lanzamiento tipo circo era perfectamente válido: si lo hacen los deportistas y los grupos de rock, ¿por qué no los científicos?
La verdad sea dicha, Ida es un fósil admirable. A pesar del manejo chambón de los descubridores y los primeros dueños, el trabajo que se hizo con ella fue fenomenal. Si de paso se hace una lana con el documental, con el libro y con las conferencias que caerán por montón sobre sus noruegos hombros, bueno, pues de alguna forma tiene que recuperar Hurum los cientos de miles de dólares que pagó/arriesgó, ¿o no?
Lo cierto es que Hurum, a pesar de sus dotes tipo P. T. Barnum, parece haber hecho bien su tarea. Reclutó a un equipo sólido para guardarle el secreto, convocó y logró el aval de sir David Attenborough y luego produjo un paquete muy completo y de gran efectividad. ¡Zas!
Las críticas que he podido leer sobre la investigación en sí tienen que ver con la ubicación de Ida en el linaje de los primates, la cual podría incluso quedar fuera de nuestra propia rama. O sea que habrá años de sabrosas discusiones sobre primates de nariz húmeda y de nariz seca, sobre la relevancia de sus uñas y sobre si sus dientes se parecen o no a los de un antepasado de un lémur. Vaya: la alegata promete ser larga (y rentable).
Creo que en el fondo muchos de los que han criticado la presentación de Ida están molestos porque les parece poco digno que un hallazgo así se trivialice. Querrían tal vez haberlo hecho en una catedral. Pero tal vez Hurum tenga razón; tal vez llegó la hora de que los científicos aprendan a aprovechar los multimedios para cacarear sus huevos.










