Alberto Chávez ValdezEl Pedazo del BetoComunicólogo dedicado más de 12 años a la Publicidad y ahora con 4 años en el mundo de la radio... pero cuando más aprendió de la vida fue cuando estuvo 365 días desempleado.
Que feo canto.
Seguramente a estas alturas prácticamente todo mundo conoce a una mujer británica que responde al nombre de Susan Boyle. Esta mujer de 48 años se plantó ante un escenario lleno, que, sin aún escuchar una sola nota salir de su voz, ya la consideraba una broma de mal gusto.
Resulta inspirador ver como al comenzar a cantar, los rostros de jueces y público se transforman de la incredulidad al gozo, para terminar aplaudiendo de pie ante las dotes de soprano de la mujer escocesa.
Susan repitió el suceso que fue anteriormente en ese mismo escenario, cuando hizo acto de presencia Paul Potts, quien con su voz de tenor dejó boquiabiertos a todos los que por su sola apariencia pensaron que su presentación sería un chiste.
Muchas risas causó con su presencia en ese mismo programa de talentos y de igual forma calló las bocas que lo criticaron cuando todavía ni siquiera había interpretado la primera nota.
Desafortunadamente, la industria de la música ha ido evolucionando en un sentido en el que ya nos acostumbramos a que detrás de una buena voz forzosamente debe haber una muy agradable presencia física. Ahora incluso con tener una voz regular es suficiente, siempre y cuando la persona detrás del canto sea agraciada visualmente hablando.
En estos tiempos en los que solistas, boy bands, girl bands o grupos mixtos, cuentan con integrantes que son auténticos estereotipos casi sacados de revistas de modas con el firme propósito de seducir a las masas. ¿Pero que tal la capacidad vocal? Eso ya pasa a un segundo o tercer término, y a veces ni eso es necesario...
Porque gracias a la bendita tecnología y a muchos artilugios hoy es casi posible que un asno cante como Pavarotti o que un grupo de perros cante “Jingle Bells”, así que el que una guapura sea la próxima Maria Callas es un hecho posible.
Ahora es de sorprenderse que una persona que quizás no es del todo agraciada físicamente pueda tener un auténtico talento. Vivimos en tiempos en los que la fealdad es casi penada y más si se quiere aspirar a ser una estrella de la música. ¿Qué nos ha pasado?
Si todavía es fecha que sigue asombrando que una “mujer bonita” como Julia Roberts se hubiera enamorado y casado con Lyle Lovett o que Paulina Porizkova se uniera a Ric Ocasek. Es triste que al ver el abanico de estrellas pop veamos más las apariencias que el auténtico talento.
¿Que sería de grandes como Don Agustín Lara o Pedro Vargas en el mundo actual lleno de Jessicas Simpsons, Britneys, Christinas, Pussycat Dolls y demás muñecas musicales?
¿Por qué ahora arqueamos la ceja con incredulidad cuando un feo dice “quiero ser la nueva estrella de la música”?
Al parecer ese viejo refrán de “no juzgues un libro por su cubierta” ha quedado definitivamente enterrado.
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