México: un chiste de mal gusto

Como esos chistes de mal gusto que están, que existen, que carecen de humor blanco, pícaro o inteligente y que tienes que soportar o tolerar porque resulta que el que los cuenta es el dueño de la reunión, así manejamos a este México.

Nos desagradan las acciones de los políticos, el manejo del Sistema, el abuso bancario, las ferias y circos que se redactan en los noticiarios, la insolencia de los maestros, la corrupción en las cárceles, las descaradas campañas políticas, la cobranza absurda de impuestos, la fuga de impuestos necesarios, la falta de valor de los empresarios mexicanos que venden la conciencia para hacerse de más negocios, los dueños de medios que utilizan su pantalla para amedrentar a otros empresarios forzándolos a comprar espacios publicitarios, los gobernadores que manipulan procesos judiciales contra supuestos pederastas, los gobernadores que pretenden volver a la era de la censura, los gobernadores que mientan la madre en actos públicos con la venia de líderes religiosos, los religiosos que tienen espacios en los noticiarios para brincar del púlpito a la curul y las constantes elecciones… las constantes elecciones… las constantes elecciones… pero no, como el chiste de mal gusto, no hacemos nada al respecto. Lo toleramos e incluso lo disculpamos con cierta mueca diciendo: “no cabe duda que sólo en México”.

Y es un chiste porque raya en lo ridículo. Es tan absurdamente evidente que suena cómico no hacer nada al respecto.

Hoy escuchaba, en “¡Qué tal Fernanda!”, a Denise Dresser hablando de su trabajo en el libro “Gritos y Susurros” y dos cosas me saltaron: la primera, que efectivamente México no va lento, va lentísimo en su proyecto (¿proyecto?) de país en desarrollo; y la segunda, que las mujeres, a través de los años, se han salido del rebaño para buscar su propio lugar y aportar a la sociedad lo mucho que tienen de sí. Yo me pregunto: ¿Y los hombres? ¿Cuándo nos vamos a salir del rebaño? ¿Cuándo los hombres vamos a dejar de hacer las cosas como las hemos hecho en los últimos, no años, sino siglos? ¿Cuándo? Cuándo vamos a entender que un peso, dólar o euro no vale más que la dignidad de una persona. Salgamos del rebaño y regresemos, por lo menos, a esos hombres que fueron nuestros padres y nuestros abuelos; dándole valor a la palabra, al respeto por la puntualidad... respeto hacia terceros.

Dejo como reflexión ésta, mi lista de chistes de mal gusto que día a día toleramos en nuestro país, y los invito a que la nutran con sus propios chistes que tienen identificados y que les gustaría nunca más volverlos a escuchar… ¿Hasta cuándo?

Chiste uno:
Un ex Presidente que acusa a otro de robarse la Partida Secreta y que luego se retracta argumentando que ya no le sube agua al tinaco.
Un ex Secretario que acusa al mismo ex Presidente de robarse la Partida Secreta y que luego se retracta y renuncia.
Un pueblo y medios de comunicación que no se cuestionan sobre estas acusaciones.
Un sistema que tampoco investiga sobre estas denuncias.

Chiste dos:
Un Gobernador que manipula el sistema judicial de su Estado para encubrir a presuntos pederastas.
Un Presidente que no puede hacer nada porque el partido de oposición que avaló su presidencia lo tiene amarrado de manos.
Un partido que no expulsa a su gobernador porque es más importante la imagen que la justicia.
Todo un Estado que marchó en protesta… sólo una vez.

Chiste tres:
Un Gobernador que pretende censurar la libre expresión por Internet.
Un congreso que le toma la palabra.
Un pueblo que está a punto de dejarlo pasar.

Chiste cuatro:
Un Gobernador que ebrio le mienta la madre a todos aquellos que le cuestionan el porqué del uso de recursos públicos en beneficio de la iglesia.
Un religioso que ríe sin reparo siempre y cuando le entreguen el cheque.

Chiste cinco:
Un ex candidato a la presidencia que, con baños de pobreza y supuesta austeridad, pretende desestabilizar a un país porque simple y sencillamente no le gustó el resultado de la partida, aun cuando con total claridad aceptó las reglas del juego.

Chiste seis:
Noticiarios televisivos preocupados más por el show que por el contenido informativo. “Periodistas” que se prestan para vender medicinas y productos farmacéuticos.

Chiste siete:
Una supuesta “líder” sindical cuya mayor preocupación es sacar diez en el dominio del poder.
Todo un sindicato de maestros que se indigna porque no puede heredar sus plazas.
Todo un sindicato de maestros negado a la preparación y a la modernización.
Todo un país que lo permite.

Chiste ocho:
Un Presidente de la República que permite la venta de un banco sin el pago debido de impuestos.

Chiste nueve:
Un espectro televisivo reducido. Posible sólo a unas cuantas familias.
Estaciones de radio y canales de televisión del Estado que, lejos de ser una herramienta de comunicación y expresión del pueblo, se convierten en medios para cacarear obras públicas y el buen trabajo del Gobernador.

Chiste diez:
Un sistema presidencial obsoleto, un Congreso de la Unión obeso y diputados que crean leyes que ellos mismos rompen.

Qué mal chiste…

Nota en el refri: no perderse el ciclo de conciertos en la Casa del Lago todos los sábados.