Arturo Reyes FragosoSombrero de Cuatro PedradasMi historial scout es un desastre: llegaron a correrme de la Asociación y reprobé el preliminar del curso de Insignia de Madera, humillación todavía mayor. Por si fuera poco, no fui rover investido ni Caballero Scout; además, un inoportuno berrinche con mi Akela le dio pretexto para negarme el Lobo Rampante. Todo esto me permite escribir sin remordimientos sobre temas escultas en periódicos, revistas y libros (Cuentos de una noche de campamento, Dos artistas en pantalón corto. Ibargüengoitia y Felguérez, scouts, entre otros). No debo hacerlo tan mal luego de veinte años de empecinada práctica, puesto que, todavía, existen despistados que leen mis engendros y hasta les gustan. Otros me retiraron el saludo.
Preparados para la guerra
Todavía causa estupor la noticia difundida a finales de la semana pasada, sobre el entrenamiento impartido a los scouts gringos en técnicas antiterroristas, contra inmigrantes ilegales y la creciente violencia fronteriza, que incluye el manejo de armas de fuego.
Algo que, al menos en teoría, no debería sorprendernos, puesto que el escultismo desde siempre ha contemplado su participación en escenarios “de guerra”, incluso aquí en México.
Los scouts mexicanos vieron el estallido de la Segunda Guerra Mundial, en septiembre de 1939, como un acontecimiento distante y ajeno, al menos tal impresión deja el recuento de la documentación oficial de la Asociación hecha por Fernando Soto-Hay en su primera parte de Los scouts en México a través de los años, libro en que nos basamos principalmente para la siguiente reconstrucción de época.
Si bien existía alguna inquietud sobre qué hacer en estas circunstancias, durante los primeros años del conflicto apenas y existen escuetas menciones del asunto: la recepción de una misiva del comisionado Internacional de Inglaterra, pidiéndole a los scouts mexicanos cartearse con sus homólogos de los países beligerantes “para reconfortarlos y animarlos” en aquellos difíciles momentos; el envío por parte de la oficina mundial en Londres del folleto Los Scouts estaban preparados que, buenamente contemplaron traducir y difundir entre la membresía, al igual que recabar más información para diseñar de un programa de actividades acorde a la situación existente. Todo lo cual no pasaba de las buenas intenciones.
Incluso el torrente de información proveniente de los diversos frentes de batalla opacaría la noticia de la apacible muerte de Baden-Powell, el 8 de enero de 1941, en su cabaña al pie del Kilimanjaro, lo que obliga a realizar unas sencillas exequias y conmemoraciones luctuosas alrededor del mundo.
Para mayo de 1942, la guerra toca a las puertas de la patria: el día 13 un submarino alemán echa a pique al Potrero del Llano, petrolero mexicano que navegaba en aguas del Golfo de México; una semana después, el Faja de Oro lo alcanza en las profundidades oceánicas, frente a las costas de Florida, situación que hace que el presidente Manuel Ávila Camacho anuncie el 22 de mayo el estado de guerra con Alemania, Italia y Japón.
Nuestro país se prepara para el conflicto: quedan suspendidas las garantías individuales, se concentra a los ciudadanos de las naciones enemigas —algunos fueron recluidos en la fortaleza de Perote, Veracruz, recién abierta al público—, Estados Unidos acuerda surtirnos de armamento moderno y recibir a miles de braceros para laborar en sus campos (además de los paisanos que se enrolaron en su ejército, aparte de la creación del célebre escuadrón 201 de la Fuerza Aérea Mexicana), la población realiza simulacros de oscurecimiento en las ciudades —mismos que inspiraron “El apagón”, sabrosa canción interpretada por Toña la Negra y covereada décadas después por Yuri—, así como se procede a implantar el servicio militar obligatorio y dar instrucción militar a la población masculina.
Así las cosas cuando, del 14 al 18 de septiembre de aquel año, se realiza un Campamento Nacional en el valle del Teponaxtle, en las inmediaciones de la carretera federal a Toluca, al que asisten 300 scouts y un visitante distinguido: el general Francisco L. Urquizo, subsecretario de la Defensa. El periódico Excélsior cubrió la visita del también autor de Tropa vieja y otras célebres novelas de la Revolución mexicana, consignándole la siguiente declaración:
Estoy sumamente complacido de haber venido a visitar este campamento, donde he notado que estos muchachos se nos han adelantado en lo que pensamos implantar para la juventud mexicana en relación con el servicio militar obligatorio. Esta actividad del campamento y la vida que llevan es una visión futura del servicio militar.
Para finales de año, la Asociación aprovecha las buenas relaciones con las autoridades castrenses y anuncia las negociaciones sostenidas con éstas para eximir a los scouts de las anunciadas prácticas militares domingueras impuestas a personas de 15 a 45 años, para que puedan continuar con sus actividades escultas.
De esto tenemos el testimonio de Jorge Ibargüengoitia, quien en uno de sus artículos periodísticos relata la manera como los scouts mexicanos se prepararon entonces para la guerra:
Don Juan Lainé, que era el jefe scout en esa época, arregló con un general muy importante, que era compadre suyo, que a los scouts de diecinueve años se les eximiera del servicio para que estuvieran en condiciones de salir de excursión y hacer otras cosas más interesantes. Nomás que para llegar a ese punto era indispensable pasar un pequeño examen sobre instrucción militar, que era, nos dijeron, “una mera formalidad”.
El día del examen yo le expliqué al coronel cuáles eran las diferentes partes de un arma. Dónde estaba el gatillo, cuál era el cerrojo y por dónde salía la bala. Felguérez hizo una demostración de cómo presentar armas. El scout llamado “la Campechana” se arrastró por el piso, como quien va a asaltar un nido de ametralladoras, etcétera. Todo iba a pedir de boca, cuando le tocó el turno de ser examinado al scout Morvidio, que era un retrasado mental, como se verá dentro de un momento. A él le tocó responder una serie de preguntas sobre patriotismo elemental y ética militar.
—¿Cómo se llama esto que viene usted a hacer aquí todos los domingos? —preguntó el coronel.
—Marchar.
—Sí, pero ¿cómo se llaman estos batallones que están aquí parados? Son los batallones del Servicio mi-li-...
—Ah. Del Servicio Militar Obligatorio.
—¿Cómo que “obligatorio”? ¿Por qué viene usted aquí los domingos?
Éste era el momento en que Morvidio debería haber contestado: “¡Por patriotismo!” No lo hizo. Contestó “porque me obligan” y todos seguimos marchando.
Llamadas de silbato
INGRESADO A GÜEVO: Durante la reciente visita del papa Benedicto XVI a Israel, volvieron a sacarle a relucir su pasado dentro de las Juventudes Hitlerianas; con una habilidad digna de la Comisión Nacional de Relaciones de la Asociación, el portavoz vaticano, Federico Lombardi, se metió en camisa de once varas al alegar primero, según las notas difundidas por la prensa, que “El Papa nunca estuvo en las Juventudes Hitlerianas, nunca, nunca, nunca”, para luego recular y decir que el entonces adolescente Joseph Ratzinger ingresó, pero “en contra de su voluntad”. El propio Benedicto XVI ya había hablado al respecto en el libro La sal de la tierra, publicado en 1997, cuando todavía era sólo un humilde cardenal: “Cuando fue impuesta la obligatoriedad de las Juventudes Hitlerianas en 1941, mi hermano fue forzado a ingresar. Yo era demasiado joven, pero más tarde, cuando fui seminarista, me registraron en las Juventudes Hitlerianas. Las abandoné tan pronto como salí del seminario y nunca más volví… PLEITO POR EL LEGADO DE HILLARY: Quienes en tropa obtuvimos la hoy desaparecida insignia Everest, mucho nos significa el nombre de Edmund Hillary, primera persona en alcanzar la cumbre de la montaña más alta del planeta (junto con el serpha Tenzing Norgay) fallecida en enero de 2008, a los 88 años de edad. Los medios informativos también registraron en estos días el pleito legal entablado por los hijos del explorador neocelandés contra el Museo de Auckland, por la forma como dicha institución pretende administrar los documentos legados por Hillary —incluidas fotos familiares y diarios íntimos—, condicionados al acceso irrestricto de sus descendientes y lo que se publique durante los siguientes 20 años, sea con su autorización, cosa última que las autoridades del museo pretenden negarse a cumplir… NADA NUEVO BAJO EL SOL: “De algún tiempo a esta parte se ha podido apreciar que de día en día disminuye entre nuestros Scouts el entusiasmo por el Escultismo y que grupos numerosos se alejan de nuestra institución, habiendo mermado considerablemente el número de Grupos, y existiendo el peligro que continúe la desbandada, poniendo en peligro la existencia de nuestra Asociación […] Analizando las causas de estos males, se señalaron como principales estas: […] falta de actividades Scouts, en los grupos […] El poco trato que tienen con el Consejo Nacional al que no aprecian, ni sienten por él el respeto y confianza que deberían sentir […] El aislamiento en el que se encuentran nuestros Grupos con relación a otros varios de otras agrupaciones existentes en la ciudad, trato que traería grandes ventajas a todos […] El desconocimiento del Escultismo por la mayoría de los miembros del Consejo”. ¿Les suena familiar? Pues este diagnóstico aparece en el acta del Consejo Nacional de la Asociación de Scouts de México, de ¡junio de 1940!, la cual rescata Fernando Soto-Hay en el primer volumen de su consultada historia del escultismo mexicano… ADELANTE LA REUNIÓN DE JEFES DE DELEGACIÓN DEL JAMBOREE PANAMERICANO: Al momento de redactar estas líneas, todavía no existe nueva información en la página oficial del Jampan sobre la emergencia sanitaria por la que atraviesa México, pero ya se sabe que la reunión programada para finales de mayo en el Distrito Federal con los jefes de delegación, sigue adelante y ya existen asistentes confirmados, algo que deberían cacarear los organizadores a los cuatro vientos para darle certidumbre a la gente registrada al evento y la que todavía duda en pagar su lana para asistir. (18/may/09)










