Fernanda de la TorreNeteando con Fernanda“Nací un verano en la Ciudad de México. Creo en lo extraordinario de lo ordinario. Me fijo en lo que pasa todos los días y disfruto contarlo. Tengo la fortuna de colaborar en Milenio desde 2004 y con el blog, desde 2006. Colaboro para otras publicaciones como Newsweek en Español, Contenido, Algarabía y Actual. Adoro las conversaciones sinceras, ese es el objetivo de este espacio".
De rémoras, parásitos y carroñeros
Hace algunos años, en una reunión sonó el teléfono de mi amigo Paco. Él lo miro y dijo: “Ay, es La Remy, mi esposa”. Me pareció un apodo poco común y le pregunté si su mujer se llamaba Remigia o algo por el estilo. Su respuesta me sorprendió: “No”, me dijo, “no se llama Remigia. Le digo La Remy por rémora”.
Las rémoras son peces que tienen unas láminas cartilaginosas movibles con las cuales hacen el vacío (hagan de cuenta una ventosa) para adherirse a objetos flotantes o a de tortugas, tiburones, ballenas, peces grandes y barcos. Los griegos pensaban que las rémoras eran capaces de detener barcos y les atribuían poderes sobrenaturales. Estos pececitos de aspecto inofensivo fueron culpados por el desenlace de una batalla naval de la antigüedad, la de Actium, donde se dice causaron la derrota de Marco Antonio.
En términos biológicos, las rémoras no perjudican ni benefician a su anfitrión. No compiten por el alimento, ya que se alimentan de los desperdicios que deja el anfitrión, y tampoco lo parasitan. La rémora se beneficia usando al anfitrión como protector y transporte. El anfitrión, que no gana nada de la relación, tampoco pierde, o bien pierde muy poco.
Probablemente Paco sea el único que apoda La Remy a su mujer. Pero hay muchos que perciben a sus cónyuges, amigos, familiares empleados, colegas como rémoras. “¿Mi vieja? No, ella no hace nada. Bueno, toma cafecitos con sus amigas, eso sí”. “Fulanito jamás aporta ninguna idea para los proyectos”. “¿Ayudarme con las tareas de la casa? Ay, por favor; parece que no conoces a Gerardo”. La lista es interminable. A veces la percepción es correcta, pero en la mayoría es un problema de enfoque. La Remy es, sin duda, una extraordinaria persona, pero en la percepción de su marido no aportaba nada a la relación; simplemente estaba ahí. Paco la sentía como una carga, como un huésped que se queda más tiempo del prudente. Es difícil que una relación que no se percibe como equitativa o recíproca dure. Sobra decir que sus días estaban contados.
A diferencia de las rémoras, que no ayudan pero no estorban, un parásito es un organismo animal o vegetal que vive a costa de otro de distinta especie, alimentándose de él sin llegar a matarlo. Cristina tuvo un marido parásito (felizmente hoy ex marido parásito). Lejos de apoyarla o ayudarla, el sujeto gastaba en varios “negocios” suyos el dinero que Cristina ganaba. Jamás funcionó ninguno de sus negocios y al poco tiempo de nacer su bebé, se separaron, para ver si las cosas mejoraban. Claro que el sujeto siguió en su actitud de lombriz solitaria. Jamás ayudó a mantener ni a educar a su niño. Se divorciaron, y al igual que con cualquier otro parásito, Cristina optó por expulsarlo de su vida y la de su hijo, ya que no le aportó nada bueno.
Hablando con mi amiga Alexis, llegamos a la conclusión que las rémoras y parásitos son molestos, pero los peores, por mucho, son las personas carroñeras. Un animal carroñero es el que se alimenta principalmente de carne podrida y vive hurgando entre los desperdicios. De igual manera, una persona carroñera se alimenta de la desgracia ajena. A diferencia de las actitudes de rémora o parásito que pueden variar dependiendo de las personas que los rodean, o el momento en su vida, los carroñeros siempre serán carroñeros.
Cuando los carroñeros encuentran a una persona en una situación difícil, lejos de ayudarla se dedican a criticarla a sus espaldas, a sermonearla y, si pueden, hasta a perjudicarla. En el peor momento, cuando menos lo esperas (y menos lo necesitas) aparecen para darte la estocada final.
Como a nadie le gusta asumirse como carroñero, suelen mimetizarse para esconder su verdadera personalidad. Bajo banderas como rectitud, orden, genuina preocupación por el otro, aprovechan para despedazarlo en cuanto ven oportunidad de hacerlo. Se justifican diciendo que es por el bien de la persona (o de la familia, empresa, del país, ¡o hasta de la humanidad!). Bajo un disfraz de corderito se esconden la esposa castrante, el jefe déspota, el gobernante autoritario, el tirano. Si una relación con las rémoras no aporta pero no perjudica, si la de un parásito nos mina, pero no nos mata, una relación con un carroñero es de alta peligrosidad, ya que ellos buscarán perjudicarte en tu peor momento, cuando más débil estás.
Hoy, 17 de mayo, es el Día Internacional contra la homofobia y transfobia. Al igual que con el Día de la Mujer, espero que pronto se haga conciencia para que no sea necesario recordar con un día especial la deuda que tiene la sociedad con ellos en materia de discriminación y derechos humanos.
¿Conoces a rémoras, parásitos o carroñeros? Me gustaría oír tu opinión.
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