Camino a la perdición

En un espejo de agua, el cartujo se contempla con un rictus de amargura: ahí, en su rostro marchito, están los años sin sosiego, las noches sin tregua, los amores desdichados. Y nada, ni los menjurjes tan entusiastamente proclamados por Adela Micha en televisión, pueden hacer algo para remediarlo.

La nostalgia se le vino de repente al conocer la muerte de Antonio Vega, el alma indiscutible de Nacha Pop, el de la voz aterciopelada, el de la melancolía de “La chica de ayer”. ¿Recuerdan, queridos cinco lectores al etéreo Antonio cantando: “Quiero desordenar/ el calendario normal/ para amontonar/ en un lado, fantasmas, temores, y voces de más/ no dar importancia a un encuentro casual?” Se fue el artista, pero permanecen sus canciones y su ejemplo, la inquebrantable voluntad de buscar la sabiduría en el tortuoso camino de la perdición... EL HUMILDE MONJE bosteza, cierra su ejemplar de Derecho de réplica y se asoma al desierto coahuilense desde la ventanilla de la aeronave de carga donde viaja. Lo conmueve la austeridad de esa tierra y lo inquieta una pregunta: ¿cuántos de quienes lo han comentado con tanta prisa habrán leído completo el libro de Carlos Ahumada? Morbosamente atractivo en su primera parte, se vuelve moralista y ridículo en la segunda. Si todos los pillos son simpáticos, Ahumada es la excepción: no lo es de ninguna manera y menos aún cuando incurre en el humor involuntario al erigirse en una especie de ingenuo héroe de la democracia mexicana. Sus denuncias son implacables, exhibe la podredumbre de políticos y periodistas patanes, de leguleyos traicioneros, de clérigos rapaces, como Onésimo Cepeda, a quien dice le entregó un millón de pesos en efectivo. Pero incluso el hierático cofrade no puede sino reír a carcajadas cuando después de la acusación contra el obispo de Ecatepec, agrega: “Yo me imaginé que (ese dinero) sería un gran incentivo para él, para interceder ante Dios Nuestro Señor para el bienestar de mi familia y de mi persona”…. El empresario desvela la corrupción en el gobierno de López Obrador. “Puse un granito de arena para que Andrés Manuel no sea hoy el presidente de los Estados Unidos Mexicanos”, afirma con cierta mesura, sin embargo, fiel a su naturaleza —después de todo nadie puede negar su origen—, se sigue de largo y escribe: un “periodista mencionó que no había sido un granito de arena, sino una roca. Por su parte, un alto dirigente del futbol mexicano me agradeció y me manifestó que no había sido ni un granito ni una roca, sino un meteorito”… Afortunadamente con nadie más habló del tema, si no hubiera llegado a la galaxia… En el tiempo de su reclusión, recuerda, en los juzgados le echaban porras y le pedían autógrafos y durante una visita médica al Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía, la doctora Perla Salgado le suplicó: “No pierda las esperanzas, no se deje vencer, aguante, lo necesitamos. México lo necesita”. Sí, cómo no… QUERIDOS CINCO LECTORES, con la mirada de ángel de Alessandra Ambrosio, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén.

joseluis.martinez@milenio.com