Horacio SalazarEl País de las Maravillas
El genoma del mexicano
Pues salieron al fin los datos de la primera fase del Proyecto de Diversidad Genómica de Mexicanos y si bien algunos resultaron ser confirmación de lo obvio, todos fueron interesantes y nos ayudarán a poner en evidencia muchísimas cosas.
Primero, el estudio que se presentó con gran aparato en Los Pinos y que se publicó en los Proceedings of the National Academy of Sciences nos recordó que en efecto somos un país café con leche. ¿Blancos? Sólo que sean los pañales lavados con cloro, porque todos salimos como somos: mestizos, mezcla de etnias, caldero de pasados heterogéneos, combinación entre azarosa y forzada de genes de aquí y allá, con una pizca de sal y dos de azúcar.
Entre las obviedades estuvo el hecho de que los indígenas zapotecos salieron zapotecos, sin “evidencia de mestizaje reciente”. Y también que tenemos más trazas de negros en Veracruz y Guerrero, estados donde hay núcleos de orígenes directa y literalmente africanos.
Sacudiendo a un lado las negatividades, el estudio nos revela muchas cosas sobre nosotros mismos; en particular nos dice que somos muy heterogéneos aunque otros no tanto. Como en el lema de Rebelión en la granja, donde todos los animales son iguales pero unos son más iguales que otros.
O sea, estamos revueltos, pero en esa revoltura, algunos tenemos más de amerindio y otros tenemos más de europeo. Y todos tenemos una pizca de muchos otros colores y sabores, con excepción de los colegas de la península, que casi no son más que europeo con maya y sanseacabó.
¿Suena extraño que haya más contribución europea en la muestra de Sonora? Hmmm, no tanto. ¿O que la aportación europea más baja se hallara en Guerrero? No creo.
Lo verdaderamente importante, en todo caso, es que con todo y nuestras diferencias, los mexicanos somos más parecidos entre nosotros que a otros linajes del mundo. Basta mezclar dos grupos cualquiera para tener más el perfil del mexicano que juntando todas las cepas fuera del país, así de simple.
Es importante que se identifiquen unos cuantos marcadores que, juntos, prefiguren nuestra generalidad lo suficiente para permitir pesquisas no tan caras para buscar terapias y salud sabor a México.
Y digo esto en broma pero en serio: no hallaron hasta ahora nada que indique en nosotros una condena genética a la derrota, a la pereza, al fracaso. ¡Así que ánimo!










