Arturo Reyes FragosoSombrero de Cuatro PedradasMi historial scout es un desastre: llegaron a correrme de la Asociación y reprobé el preliminar del curso de Insignia de Madera, humillación todavía mayor. Por si fuera poco, no fui rover investido ni Caballero Scout; además, un inoportuno berrinche con mi Akela le dio pretexto para negarme el Lobo Rampante. Todo esto me permite escribir sin remordimientos sobre temas escultas en periódicos, revistas y libros (Cuentos de una noche de campamento, Dos artistas en pantalón corto. Ibargüengoitia y Felguérez, scouts, entre otros). No debo hacerlo tan mal luego de veinte años de empecinada práctica, puesto que, todavía, existen despistados que leen mis engendros y hasta les gustan. Otros me retiraron el saludo.
¡Como puercos! (Sobre la influenza antes llamada porcina)
Para el Pelón Félix, porque está bien chida la playera de Xalapa que me regaló.
Desde hace más de una semana, los mexicanos vivimos situaciones inéditas derivadas de la pandemia de influenza y las medidas tomadas en nuestro país para controlarla y amortiguar sus efectos.
A diferencia de otras emergencias vividas con anterioridad —terremotos, huracanes, explosiones, inundaciones—, la actual situación sanitaria y la estrategia de las autoridades para enfrentarla, impuso condiciones donde el apoyo scout se vio anulado, incluso al grado de suspender todas sus actividades hasta nuevo aviso. (Confieso mi pasmo ante el reenvío que me hiciera un amigo que se desempeña como presidente de provincia, de un correo con la “Oración a la virgen de Guadalupe para encomendar a México por la epidemia de influenza”, enviado por el capellán scout nacional. “Pues nunca está de más una manita”, me explicó después, “y si viene del de Arriba, tanto mejor.)
Algún participante del blog ha cuestionado la inacción de los scouts, comparada con el papel desempeñado durante los terremotos de 1985, dos situaciones de emergencia que vale la pena analizar.
Veinticuatro años atrás, la catástrofe que asoló principalmente a la ciudad de México desbordó la capacidad del Estado para afrontar la situación de emergencia vivida entonces; al igual que miles de personas, los scouts nos sumamos de forma espontánea a las labores de rescate y atención a las víctimas y damnificados, ajenos una coordinación centralizada. Poniatoswka, Monsiváis y Mussacchio se han encargado de documentar este fenómeno que derivó en el nacimiento de la llamada “sociedad civil” en nuestro país.
Actualmente, y tal vez por vez primera, el Estado asumió el control absoluto de las acciones para enfrentar una situación de emergencia don de, a diferencia de 1985, los scouts forman parte de la población a la que debe protegerse. Para quien todavía considere exageradas las medidas tomadas, baste recordar que otra pandemia de influenza ocurrida 90 años atrás —entonces conocida como la “gripe española”—, causó entre 50 y 100 millones de muertos alrededor del mundo; de ahí la imprudencia que implicaría convocar a los scouts a salir a la calle a auxiliar a las autoridades en sus labores de auxilio y prevención sanitaria, con todo y tapabocas.
También existe otra diferencia sustancial entre la actual emergencia y la de 1985: el manejo informativo. A la fecha, no existen cifras certeras del saldo de muertos de los terremotos, sin mencionar el inmoral empeño del gobierno de Miguel de la Madrid por minimizar en su momento la situación, al grado de preocuparse primero por garantizar la realización del Mundial de futbol que se realizaría al siguiente año, e intentar rechazar gentilmente la ayuda internacional, aduciendo que la situación estaba bajo control. Todavía es prematuro evaluar el desempeño de las autoridades y los medios de comunicación ante el manejo informativo de la actual emergencia sanitaria, en la que seguramente ha incurrido en excesos, pero puede establecerse que la disposición de la población a acatar las drásticas medidas impuestas por las autoridades, como la suspensión de actividades escolares, económicas y de entretenimiento, en buena parte se debe a la transparencia con la que han procurado conducirse (con todo y sus derrapones).
Con las debidas distancias que marca la situación, no puedo aguantarme las ganas de preguntarme, ¿cómo sería la percepción de la Asociación de Scouts de México, entra personas ajenas a la misma y su propia membresía, si adoptara como política institucional (o empresarial, si así lo entienden mejor sus responsables) intentar reflejar la misma transparencia informativa ante sus cotidianos problemas enfrentados, como cualquier otra agrupación?
Y me cae que no quiero echarles la sal, pero espero que ya se hayan puesto a contemplar las repercusiones de la pandemia sobre la convocatoria al Jamboree Panamericano —evento scout dirigido a adolescentes de todo nuestro continente— a celebrarse en México para finales de año.
Llamadas de silbato
SOBRE EL BERRENDO DE PLATA: Como ya se comentó en este espacio, y supongo que otros ámbitos, durante la pasada Asamblea Nacional de Asociados celebrada en Torreón le fue otorgado a Raúl Sánchez Vaca, jefe scout nacional, la medalla del Berrendo de Plata, máximo reconocimiento de la Asociación de Scouts de México —baste decir que la primera persona en recibirla fue el mismísimo Baden-Powell. El Reglamento de la ASMAC establece que tal distinción se contempla “Para dirigentes […] que persistan en su esfuerzo en pro de la Asociación en cualquier cargo del nivel provincia o nacional, obteniendo resultados de gran valor para el desarrollo del movimiento scout en México”. No discutiremos los méritos del receptor de la distinción, pero otorgársela al momento de desempeñar la jefatura nacional se inscribe en la dudosa tradición de adulación al poder, tan característica del antiguo presidencialismo mexicano, donde era común otorgarle toda clase de distinciones al mandatario en turno, incluida la imposición de su nombre a vialidades, escuelas, hospitales y unidades habitacionales, entre otras serviles formas de halago. ¿No era mejor darle el Berrendo una vez terminadas las funciones de su actual cargo, toda vez que puedan apreciarse a plenitud los “resultados de gran valor para el desarrollo del movimiento scout en México” del desempeño de sus funciones (profesionales, por cierto. O en otras palabras: remuneradas económicamente)? El mismo Reglamento establece que el candidato a recibir dicha medalla lo propone el presidente nacional de la Asociación, apoyado por una decena de asociados, y la solicitud debe aprobarla la mayoría del Consejo Nacional y ratificarse por la Corte Nacional de Honor. O sea que no se colgó la medalla solo. (04/may/09)










