Adriana Esthela FloresDesde el murmulloAntes que todo: Reportera. Integrante del Colectivo de Reporteros de Monterrey.
He sido reportera durante diez años en Monterrey y ahora estoy en el Distrito Federal, en MILENIO Televisión. Redacto poesía y este blog, donde se puede hablar de todo, sobre todo de asuntos de política, corrupción, seguridad y medio ambiente.
El paso está libre: no hay censura.
H1N1: El miedo que nació de pronto
Aún recuerdo aquella nota que incluimos en los noticieros de MILENIO Televisión la tarde del 23 de abril. Era apenas un simple video, explicado en unas cuantas líneas que rezaban: “El secretario de salud, José ángel Córdova reiteró que no hay una epidemia de influenza en el país y que este padecimiento se ha detectado sólo en siete estados”. Ese día, todo el mundo hablaba sobre el sacerdote pederasta descubierto en el Distrito Federal, la respuesta de la Iglesia, el pleito ridículo entre el PRI y el PAN. Nunca se habló de los 20 muertos por influenza.
Todo cambió a las 23:00 horas.
“Cadena nacional” se leía en la pantalla de la televisión. Y de pronto, apareció Córdova, anunciando la suspensión de clases en todos los niveles y una serie de medidas para evitar el contagio de “un nuevo virus” que ya había cobrado 20 vidas en México. Aún así, quiso reducir el susto con una frase: “es una epidemia, pero está controlada”. En unas horas, su versión se desplomó.
El viernes, el simple hecho de estornudar era suficiente para provocar miradas severas y hasta el alejamiento de las personas. Si uno traía el tapabocas como prevención, se le trataba como a un enfermo, a una amenaza sanitaria.
El olor a miedo empezó a recorrer las calles que lucían vacías por la ausencia de estudiantes. El eterno soundtrack del Distrito Federal, compuesto por la música de los vendedores y del Metro y de los cláxones, comenzaba a quedarse en silencio.
Los anuncios gubernamentales, lejos de brindar esperanzas, se convirtieron en todo lo contrario: “Eviten aglomeraciones”, dijo el Jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard, en rueda de prensa. El secretario de Salud, Armando Ahued, fue más lejos: no salir ni a antros y considerar la posibilidad de faltar al trabajo.
Muchos, al principio, creíamos que no era para tanto; pero, cuando los asistentes de la Secretaría de Salud comenzaron a distribuir tapabocas entre reporteros, camarógrafos, porteros, policías, agentes de tránsito y cualquier persona que se atravesara en su camino, la situación cambió.
“Si va en serio esto”, me comentó un camarógrafo, “¿Partidos de fútbol a puerta cerrada? No puede ser”.
Para las 19:00, todos en la ciudad de México estaban alarmados. “Que digan qué es, por qué se muere la gente, desde cuándo sabían”, reclamó una usuaria del Metro al Secretario de Salud capitalino, quien empezó una campaña de distribución de cubrebocas y trípticos informativos, “¿Por qué no nos avisaron antes?”.
No tardaron en aparecer las teorías de la conspiración: “Este es un plan para empezar una guerra biológica”, afirman usuarios en Internet. “Otra vez el gobierno de seguro quiere escondernos algo, es como lo del Chupacabras, es una cortina de humo”, comentó un pasajero en el Metro.
Pero la supuesta cortina de humo corrió como reguero de pólvora y en cuestión de minutos, estaba en las páginas de diarios de todo el mundo. Se hablaba de la alerta de epidemia en México, de la terrible gripe que estaba matando personas. Una mujer le reclamó al secretario de Salud capitalino, al término de una rueda de prensa, por qué no se atendió oportunamente a los pacientes mexicanos. “Todo le dan a los señores de Estados Unidos”, le gritó en el Antiguo Palacio del Ayuntamiento, “ese Obama nomás vino a enfermarnos”.
Su enojo tal vez se originó por la respuesta del funcionario, quien reconoció que las autoridades se tardaron para tomar la decisión de suspender clases.
A esa hora, el enojo ya no servía de nada: el Presidente de la República, Felipe Calderón, había cancelado –de pronto- su gira a Juárez y convocó – de pronto- a una reunión extraordinaria del Consejo Nacional de Salud. Todos estaban alterados. Todo alrededor ya era miedo.
Comenzaron las llamadas, los mensajes: “No voy a ir a la fiesta”, “Cómprate un tapabocas”, “Esta noche no vamos a ningún lado”, “Ni de loco te subas al Metro”.
Las siglas ya eran conocidas por todos: “H1N1”, el equivalente a la epidemia, a la alerta, al temor, al pánico por esos escasos 10 días que el virus de la influenza porcina se tarda en matar. No faltó quien recordara frases bíblicas o pasajes de libros de los mayas o escenas de la película “Exterminio”. Con su mirada puesta en una cerveza helada de una cantina en el centro de la ciudad, un capitalino gritó: “¡Ya sabía que el Apocalipsis iba a comenzar en el DF!”.
Llega el domingo. En la sala de noticias de MILENIO Televisión, los gráficos cambian cada hora:
“El Presidente afirma que hay 81 muertos”.
“Marcelo Ebrard dice que hoy hubo otros cinco en la ciudad”.
“San Luis Potosí: 10 muertos”.
“Nuevo León: confirman la muerte de una regia”.
El jinete H1N1 viaja rápido y en unas cuantas horas, visita Estados Unidos, Canadá, España, Brasil, Israel, Francia, Nueva Zelanda.
Por la noche, en entrevista con Joaquín López Dóriga, Córdova Villalobos da la nueva cifra de las personas que han muerto en México a causa del virus: “Ciento tres”.
Tres días, han pasado sólo tres días desde que había dicho que no había alerta por influenza. “¿Dónde puso el gobierno su mirada en todo este tiempo?”. La duda flota en el aire, en ese mismo aire del que ahora nos protegemos con los tapabocas con el afán de apagar el miedo. Un miedo que nadie había anunciado.










