Rancho Nuevo

(Proyecto Novela Blog)

Difícil saber, con el mundo en su contra en ese momento, que cuando llegara al periódico, ahí lo estaría esperando la noticia más importante que redactaría en su larga carrera como reportero de sucesos políticos y dramas policiacos, el pan de cada día en los periódicos del país por estas fechas.
 Antes había bebido ronecitos con varios diputados federales del partido oficial, el PRIAN. Los políticos le contaban con desgano de domingo la crónica de su reciente viaje a La Habana, en donde habían estado con todas las putas que abundantes sueldos y abundantes años permitían. Estaban hospedados en un modesto hotel de Vedado para guardar las apariencias -que sí les importaban- y bromeaban sin reconocerlo abiertamente que habían utilizado el dinero que les había dado el Congreso para “mejorar las deterioradas relaciones entre el país y el gobierno revolucionario de la Isla”. No era una novedad que hicieran algo así. Todos andaban en lo mismo, incluso los opositores del Partido Esperanza.

Fastidiado, al salir del restaurante llamó por celular a su mujer mientras esperaba que le entregaran su auto Lupo negro, chocado del costado delantero, tras alguna noche de desvarío y mala suerte.

-¿Cómo te fue con tu mamá?, ¿qué dice la pinche vieja?- preguntó, casi gritando.

-Ay, Santonio. ¿Es necesario que te expreses así?

- Así soy. Anda dime que pasó.

- Pues me dijo que esta vez nos cobrará intereses. Algo simbólico.
- Ahh, me salió simbólica la vieja. ¿Qué no puede hacerle un favor a su hija?

- No te pongas en ese plan Santonio. Nos ha ayudado muchas veces, lo que pasa es que ahora quiere que seamos más responsables.
- ¿Responsables? Que se vaya a la chingada con su responsabilidad. Hablamos en la noche.
- Hablamos en la noche pero tranquilizate.

- Adiós

Ya a bordo del Lupo, rumbo a la redacción del periódico, Santonio Gímenez pensaba en lo deprimente que era su trabajo como reportero. Estaba rodeado de riqueza y tenía acceso a ella pero solo para verla, observarla detenidamente y escribir acaso algo al respecto, si acaso. De alguna manera aquello era en ocasiones como esa, un espejismo que odiaba. No era codicioso, pero sí tenía ambiciones en la vida, como todos. “Si vivo en el desierto no me importa pero quiero vivir en un desierto donde no haya estos putos espejismos”, solía decir entre guisquis a su compadre Diego Armando, con quien se reunía a veces, al salir del periódico, en una triste taquería en la que les fiaban los tragos y les servían chicharrón de queso gratis.
Santonio andaba muy molesto con la vida ese día. No esperaba que una noticia que le tocaría escribir dentro de un rato, cambiara todo.

Durante los últimos años, la redacción del periódico que él había conocido primero como estridente y humeante a tabaco, se había convertido en otra cosa que tenía que ver menos con la nicotina y el ruido propios de una tropa que cree que cambia el mundo, y más con cualquiera de esos cibercafés, llenos de niños zombies, en los que se zambutían toda la tarde sus dos hijos gemelos.
El jefe de seguridad del periódico, un cincuentón refinado que usaba peluquín castaño lacio y largo, lo detuvo con el brazo antes de que se subiera al elevador. “No traigo el chip para entrar. Se me quedó en la casa, espero que no haya problema”, dijo en automático, Santonio, ocultando su fastidio, debido al respeto que, pese al peluquín, imponía el jefe de seguridad.
”No se preocupe. No lo estoy deteniendo por eso. Quiero saber si a usted le interesaría hacer un reportaje pero de a de veras sobre “Los I-griegas”.
Santonio tragó saliva. Casi nadie mencionaba la penúltima letra del abecedario desde que la conocida amante del presidente, quien se encargaba de las relaciones públicas del gobierno, había muerto cuando volaba en parapente y miembros de la temida banda le habían disparado desde un helicóptero, una tras otra, varias ráfagas de cuerno de chivo, casi hasta que la vieron caer sobre la avenida Álvaro Obregón, muy cerca del hotel Roma, que desde entonces había sido estigmatizado por la prensa rosa como un lugar de amor y violencia. Aunque el presidente había dicho que la muerte de su colaboradora había sido un accidente, todo mundo sabía que Los I-griegas estaban detrás del desplome de la aeronave.

- ¿Cómo sería ese reportaje o qué?- preguntó Santonio, después de tomar aire con el mayor disimulo que pudo.

- Mire, es algo de lo que tendríamos que hablar. Tendríamos que sentarnos a platicar para que yo le cuente con mucho detalle de lo que se trata. Lo que sí le voy diciendo, y espero que usted sea discreto, es que yo antes fui un I-griega.
Santonio no pudo ocultar el nerviosismo que lo invadía por todo el cuerpo. De repente aquél hombre conocido en todo el periódico por su refinado comportamiento, había cobrado una nueva forma en su pensamiento. Por la cabeza de Santonio se amontonaban las preguntas: ¿Por qué había formado parte de ese grupo de desalmados?, ¿qué tipo de actividad había hecho?, ¿había matado a alguien?, ¿qué se sentía ver irse de este mundo a alguien?, ¿por qué habían matado a la amante del presidente?, y ¿si cuándo era sicario también usaba peulquín? Sin embargo, Santonio se tranquilizó y trató de manejar la situación.

- ¿Cuándo y dónde quiere que nos veamos?- le dijo.

- Mañana a las siete de la tarde en la cafetería La Encrucijada Veracruzana.

- Si no le importa, me gustaría más que fuera en el Café alto del día, porque en La Encrucijada Veracruzana siempre me ando peleando con las pinches meseras.

- Ahí nos vemos entonces.

Tras un apretón de mano, Santonio se subió al elevador. Cuando las puertas se cerraron y se miró reflejado difusamente en el metal del aparato, no supo si lo que estaba viendo enfrente de él era a un tipo sonriendo felizmente o a uno que parecía estar en un velorio, su propio velorio.

1

A Carlo Magno Eroles no le gustaba quejarse de nada, ni estaba para hacerlo. Las ambiciones de poder, el motor en la vida de cualquier político de su generación, se le iban cumpliendo de manera vertiginosa. A sus 37 años de edad ocupaba el segundo puesto público en importancia de Rancho Nuevo y los periódicos decían que en realidad él era el hombre más poderoso del gobierno en turno. “El secretario Carlo Magno gobierna mejor Rancho Nuevo cuando el Gobernador Rojas se va de vacaciones a Malasia con su novia japonesa, que cuándo éste está aquí”, apareció publicado una vez en la columna de chismes del periódico “La Bitácora de hoy". Para tratar de disfrazarse como un ciudadano más y buscando cuidar las viejas formas del PRIAN, Carlo Magno decía constantemente a los reporteros que su única aspiración en la vida era nunca dejar de ir de pesca a la presa del Cuchillo los sábados por la noche y el que su esposa le perdonara por lo menos alguna vez, el lavar los trastes de las cenas caseras de los martes y los jueves.
En realidad disfrutaba las portadas de los diarios que hablaban de él: “Carlo Magno cuestiona a la Oposición”, “Agradecen colonos ayuda del Secretario de Gobierno”. En el departamento de Comunicación Social, su amante ocasional, Rubí Celeste, una jovencita morena de pelo rizado y ojos azules cortesía Ópticas Devly, le recortaba y enmarcaba los cartones políticos que se hacían sobre su persona, incluyendo los que se burlaban de él y sus decisiones, los cuales, sin embargo, no eran muy comunes, debido a que una vez que asumió su cargo, la primera decisión de gobierno que había tomado Carlo Magno, había sido la de contratar al despacho de relaciones públicas Aguirre y Rito Asociados para que se encargara de que los medios de comunicación de Rancho Nuevo fueran más “objetivos” a la hora de criticar al Poder.

Carlo Magno, como todo político prometedor como él, tenía dos amantes permanentes y otras que iban saliendo con el paso de los días como Rubí Celeste. Los dos hijos que habían procreado él y su esposa, crecían sanos y aunque no los veía muy seguido estaba convencido de que serían unos Eroles tan importantes como su padre y el padre de su padre y el padre del padre de su padre. Su mujer, aunque no muy inteligente, si era lo suficiente lista para entender el papel que debía seguir como esposa de un hombre tan importante y clave en la vida política de Rancho Nuevo y del resto del país. Lo apoyaba incondicionalmente y justificaba todas las cosas oscuras que rodeaban a su marido, argumentándose en sus pensamientos, que estas eran “por el bien mayor del país”.
Una de las cosas que más le preocupaba y que le había hecho titubear en su apoyo, eran los acuerdos oscuros que Carlo Magno había hecho con el narcotráfico para gobernar. Lo único que le agradaba de eso era que el futuro económico de sus hijos, y el de los hijos de sus hijos, prácticamente ya estaba asegurado económicamente.
Por lo demás, se moría de miedo, cada vez que se enteraba de una nueva ejecución al estilo de la mafia.

(CONTINUACIÓN)

2

Un ruido de motor de lancha se oye sin parar en la azotea del departamento. La hamaca color blanco, amontonada y cubierta de polvo, se mece con el estruendo. Chiro, sentado junto a ella, no escucha, ni siente el martilleo que cimbra al viejo edificio. Frente al escritorio permanece inmutable, concentrado en escribir el manifiesto que llevará a la reunión del viernes con los demás integrantes de Rancho Nuevo Rebelde, el grupo clandestino que formó con otros compas para buscar que algún día, haya una auténtica liberación de los neorancheros. Nada lo perturba en su tarea. Así es él. Los gritos de amantes desenfrenados provenientes del contiguo Hotel Roma, a veces, cuando la pasión hasta puede medirse en decibeles, se cuelan a su casa y él apenas los oye como un susurro cualquiera de allá afuera.
“En el poder de Rancho Nuevo, el espejo refleja una doble imagen: lo que se dice y lo que se hace. Se dice que es la ciudad industrial del país, pero cada día entra en crisis de capital alguno de los engendros empresariales de la ciudad”. Chiro relee el párrafo que acaba de escribir. Siempre que trabaja en un manifiesto suele acordarse de su hermano Obdulio, quien las pocas veces que se ven, siempre le dice que exagera, que Rancho Nuevo y el resto del mundo, ya no son cómo él todavía cree que son.
“Si la primera mitad del año pasado -sigue escribiendo Chiro, sin importarle la apatía de su hermano- fue de sorpresas y hechos inéditos, el mismo periodo de este año es de ratificación de que el rumbo del neoliberalismo es que no tiene rumbo. La contradicción y la improvisación constituyen la columna verbal de la nueva política nacional y se convierten en programa de gobierno”.
“Donde decía 'Bienestar para tu familia' se muestra carestía, desempleo, caída de los índices económicos”.
“Donde decía 'guerra contra las drogas' se muestra la purga del narcogobierno”.
“Donde decía 'transición del país' se muestra la complicidad con gobernantes locales que se mantienen con el respaldo de un ejército de ocupación... en el propio suelo”.
“Donde decía 'libertad de expresión' se muestran al mismo tiempo sobre los periodistas, la persecución con garrote y la seducción con la zanahoria”.
A Chiro le encantan las analogías. Todo el tiempo las busca. De alguna forma, su vida es algo así. Un maestro de la escuela de Filosofía y Letras le dijo que las analogías eran el gran truco de los mejores escritores. Chiro no tenía aspiraciones literarias importantes, ya que era un rebelde, pero solía cuidar la buena redacción de sus escritos.
En una madrugada estival como la de hoy, las ideas le fluyen como río y las plasma en el papel. Sigue escribiendo: “Habla el espejo del poder de Rancho Nuevo: 'Yo o el fascismo', y aumenta la represión, la militarización, el terrorismo de Estado. 'Yo o la anarquía', y la política y la economía, tomadas de la mano, dan bandazos sin rumbo ni orden. 'Yo o el caos', y los funcionarios se dicen y desdicen en hechos y palabras. 'Yo o la incertidumbre', y la única certeza es que el futuro es una incógnita que aterra”.
Chiro se detiene un momento a pensar en la palabra "incógnita". Aunque habla poco de ella, en toda su vida como rebelde, esa palabra lo ha seguido como si fuera una sombra. Incógnita, incógnita, incógnita... El día en que Chiro descubrió que la vida no era más que un misterio desvelándose día con día, él y la palabra incógnita iniciaron una relación un tanto extraña.
"Hay que escribir los manifiestos de nuestra rebelión como si estuviéramos muertos", dice la frase enmarcada de Comandante Bolaño, el fallecido rebelde que inspira a Chiro desde hace varios años. Chiro ya casi no voltea a ver la frase que hae tiempo colocó en el lugar principal de su pequeño estudio y casa. Ahora sigue escribiendo y escribiendo, como si al amanecer, se le acabaran para siempre las ideas. Y las analogías. Chiro cree que por ahora esa es la manera en que puede trabajar para la gran rebelión que se avecina, esa que su hermano Obdulio y otros como él, ven como una posibilidad risible y demasiado locuaz para tomar en serio.