Réquiem por Abruzzo

Daba vueltas como la niña de El Exorcista en la cama, contaba borreguitos: uno-due-tre-quattro-cinque-sei-sette-otto-nove-dieci, nada, el jetlag me estaba matando. Abrí la cortina para ver el amanecer. El sol salía fielmente por el Este y posaba su luz sobre el bellísimo Lago di Como. Un día más en la vieja Europa. Salí a la terraza del antiguo palazzo, ahora convertido en hotel y el frío me pegó de lleno, ¡uy! demasiado para una chica región 4 como yo, acostumbrada a las palmeras borrachas de sol.

Regresé al calor de mi frazada y encendí el televisor, “vamos a ver qué se cuentan así de temprano estos italianos”, pensé. Las imágenes que aparecían me fueron tan aterradoramente familiares, enseguida reconocí lo antes visto: un terremoto. Las emociones y las angustias que se vivían en ese momento en los estudios de televisión de las diferentes cadenas itálicas, me trajeron de golpe recuerdos de septiembre del 85. ¿Dónde?, ¿cómo?, ¿cuándo?, ¿a qué hora?, hacía zapping para enterarme bien y escuchaba que una vivienda llena de estudiantes se había derrumbado. Salí nuevamente para ver si escuchaba ambulancias y no, no había sido por ahí. Bajé a la recepción y al igual que yo, algunos huéspedes madrugadores y el personal del hotel se arremolinaban en la tele de la estancia principal.

La gente tenía la cara desencajada, pues aunque no se sabía en ese momento a ciencia cierta la magnitud del siniestro, el olor a tragedia rondaba por todos los rincones de Italia; la bella Italia, la dulce Italia.

Abruzzo no es la parte más fascinante de la península, el Norte con sus bellos paisajes tiroleses, seguido por los esplendorosos lagos, su costa mediterránea, Venecia en el mar Adriático, luego la Toscana, Roma y la Campania, en torno a Nápoles, son lo más buscado por los turistas. Abruzzo es la Italia profunda, y para desgracia de las víctimas, de lo más frío. Esta zona fue devastada por un terremoto de 6.3 en la escala de Richter, con dos réplicas de 5.5 y 5.7 matando a cerca de 300 personas y dañando 15 mil edificios y construcciones.

La sensación de revivir un terremoto no es nada grata, una nación se pone de luto y las historias que van saliendo de los escombros con el correr de las horas son desgarradoras. Esa noche del 6 de abril cayó una lluvia helada que aflojaba las estructuras derrumbadas, además la tierra seguía temblando y uno tiene la clara conciencia de que la gente aún viva allá abajo tiene muy pocas posibilidades y la que está afuera está muerta del pánico. Estaba a bastantes de kilómetros de distancia de la zona de desastre pero lloraba con los italianos a sus muertos, con la mente llena de recuerdos de cada uno de los días posteriores al 19 de septiembre y lloraba nuevamente a los míos, que aunque no tuve desgracias personales en aquel terremoto, sí duele la herida común.

Y obvio, como suele pasar en estos casos, la población civil se vuelve la heroína de la historia, pues lo mejor del ser humano sale a la luz y la solidaridad (palabra que en México fue manoseada de forma obscena por la clase política) cobra su clara dimensión.

De la verborrea de Berlusconi, mejor ni hablamos.

Nota: Gracias por mi geburtstagsgeschenk.

* LAS PALABRAS ALTISONANTES, GROSERÍAS Y/O ATAQUES AGRESIVOS QUE NO TENGAN NADA QUE VER CON EL TEMA TRATADO, SERÁN BORRADOS.