Horacio SalazarEl País de las Maravillas
Papa caliente
La entrega, esta semana, del Premio Nacional de Tecnología, fue casi un canto al heroísmo. El Gobierno reconoció a seis empresas que, gracias a que aplicaron diligentemente la innovación y el talento, pudieron crecer explosivamente comparadas con las que se quedaron atoradas o las que de plano piensan que innovación es una palabra griega.
Así como ayer el presidente Calderón se dio el gusto de decir que pese a la crisis, México seguirá apostándole a su gente (es decir, cuidando de su salud), así estas seis empresas y unas cuantas más destacan porque pese a la crisis le apuestan, y fuerte, a innovar.
No resultó extraño, entonces, que junto al premio hubiera una reconvención a las muchisísimas empresas que nomás no le pescan la onda al valor de innovar.
El secretario de Economía recordó que ocupamos la posición 90 en la lista de países competitivos del Foro Económico Mundial. Le falto decir que conforme al mismo foro, todas las variables asociadas a la innovación son, para México, desventajas competitivas: no podemos usarlas para hacernos competitivos, de tan atrasados que estamos.
Luego el director del Conacyt dijo, correctamente, que muy pocas empresas tienen a científicos como empleados. Casi todos están en la academia o en instituciones del gobierno, y en ambos casos está claro que no disponen de muchos estímulos para volverse productivos, como no sea para la formulación de papers. Grrrr.
El presidente Calderón invitó al Senado, con propiedad, a ponerse las pilas y ya aprobar las reformas que buscarán fomentar la innovación. A ver si con esto se les estimula la neurona y al fin se avanza.
Muy pocas empresas tienen en su planta a científicos. Sí. La pregunta es por qué. Les dejo aquí un dictamen que le hizo a México la OECD, para el análisis y el comentario:
“La innovación no puede prosperar en un ambiente de negocios que restringe la competencia, impone cargas regulatorias, administrativas o financieras a las nuevas empresas, desalienta la inversión intangible, cobra de más el uso de infraestructura y crea barreras indebidas a la movilidad laboral. Las reformas introducidas en años recientes para mejorar el entorno de negocios de las firmas mexicanas ciertamente ha rendido frutos, pero a menudo son incompleta o insuficientemente aplicadas. Esto se puede deber en parte a ineficiencias administrativas o a falta de recursos, pero también refleja la resistencia de intereses creados”. Verdad dolorosa.










