Juan Alberto VázquezEl GángsterFundador de MILENIO Semanal, desde entonces se desempeña como reportero de la sección de Mil Cosas Más, QRR y El Ángel Exterminador en el diario y también en el programa Política Zero de Milenio Televisión. Es socio del restaurante Black Horse de la colonia Condesa del Distrito Federal, sitio en el cual se desempeña como dj jueves y/o sábados bajo el seudónimo de Papagato, personaje que prefiere los géneros soul, funk, indie, latin y acid jazz.
Militancia rockera a la mexicana
Militancia rockera
Entre la mediocridad musical y el altruismo panfletero
Cuando el compromiso debiera ser con la composición rigurosa y la interpretación sublime, interpretes de géneros diversos armaron una trampa que les permite repetir en las primeras planas, sin mediar sus habilidades musicales.
Cuál políticos en campaña, se han apañado de los grandes lastres que aquejan a la humanidad, para hacerse notar como abanderados de causas diversas, entre más imposibles, mejor: De la paz mundial hasta la erradicación del hambre, pasando por el calentamiento global y, por supuesto, los rutinarios abusos de todos los gobiernos.
Claro está que, frente al desastre, ninguna ayuda está de más. Pero hay decenas de miles de anónimos ciudadanos que colaboran en causas nobles y que al terminar se van a su casa a dormir con la satisfacción del deber cumplido. No es el caso de algunos músicos a los que la humildad definitivamente no se les da.
Al abandonar el underground setentero a donde los confinó la represión, en los ochenta ciertos roqueritos devinieron ególatras estrellitas mediáticas que no dudan en sacar del clóset su forzado altruismo para presumir al mundo la entrega de limosnas, lo atinado de sus gestiones.
La música ha pasado a un tercer plano en el caso, por ejemplo, de Los Jaguares, antes Caifanes, y cuyo socio mayoritario, el chaman Saúl Hernández, se halla verdaderamente desesperado por manifestar públicos apoyos a la causa que sea, lo inviten o no, pues en este momento de su carrera no se puede dar el lujo de postergar el refrendo a su imagen de líder histórico, que por alguna extraña razón siempre estuvo ligada a su concepto musical. Saúl llegó al grado de inventar una fundación cuyo fin es “el cuidado del jaguar”, así como lo oye, y no es broma. Él mismo ha dicho que “que la vida del jaguar es una lectura para determinar si el hábitat que habita (sic) está en condiciones óptimas, ya que el jaguar, por ser una especie sombría, si se mueve de dónde vive, significa que ese lugar ya está contaminado”. La intención del Saúl es que “regresamos un poco a la época del mundo prehispánico en donde el jaguar era el Dios, el guía” y donde seguramente a farsantes como él les sacaban el corazón. Y mientras sigue con este alucine, exige al presidente en turno que aclaren los feminicidios en Ciudad Juárez, Chihuahua, con frases como la dicha en reciente conferencia de prensa al lado de Peter Gabriel y Diego Luna: “Nadie más matará a las muertas de Juárez”. Ese es Saúl.
El (ex) cantante, recordemos, más oportunista que ninguno participó con sus Jaguares en un concierto en el Estadio Azteca al lado de Mana —en teoría grandes antagonistas conceptuales—, para clamar por la paz en Chiapas, cuando en sentido estricto nunca hubo guerra en esa entidad. Buscando ser los estandartes de un movimiento pacifista, la apuesta les salió por la culata del desprestigio y la burla.
Mana por su parte maneja la Fundación Selva Negra que destina recursos a proyectos ecologistas, de resultados palpables y dignos de admiración. Sin embargo sus apoyos a causas políticas, al menos en el caso de Marcos y los zapatistas, culminaron en grandes muestras de humor involuntario, al tiempo que sus grabaciones los revelan como tipos carentes de imaginación, en la repetición infinita de su fórmula inicial que les resultó exitosa y la cual no han pensado en renovar. Mana ha navegado mañosamente y con éxito internacional en el limbo del rock pop con mensaje, junto a la música hecha para el entretenimiento y lo peor es que hay quien se las cree.
Sin embargo, pocas o casi ninguna de las agrupaciones rockeras militantes se han propuesto la lindura de generar espacios de una resistencia que dicen encabezar. A sus voceros-divos sólo les interesa ofrecer conferencias de prensa para adherirse, solidarizarse, manifestar apoyos, tocar en Huatulco (¡qué sacrificados!), firmar desplegados y exigir resultados a los funcionarios que, junto a sus vástagos, por la noche les devolverán la visita en auditorios exclusivos, a donde no llegan, por cierto, los hijos de las muertas de Juárez, ni los de los macheteros de Atenco, ya no digamos los zapatistas de los municipios autónomos. Los seudo militantes totalmente palacio juegan gustosos con las leyes de mercado, se anuncian en Sony Entertainment Televisión y viajan todo pagado a Los Ángeles a recibir su premio Grammy. Al final del día, colaboran con la degradación humana tanto como los hombres del poder que dicen aborrecer. Y quizás por eso, mientras acarician la espalda de la groupie en turno, los asalta una angustia existencial que sólo se apaga cuando se asumen como abajofirmantes de una nueva causa.
En México tenemos a otras bandas menores, igualmente militantes de las que desde luego no vale la pena ocuparse, pero que siempre están ahí, apoyando a quien lo solicite, sea el Pejismo nacional, la APPO, Atenco, La otra campaña (o el tour de Marcos Superstar), la legalización de la mota o el conflicto a elegir en el amplio catálogo de un país lleno de desigualdades. Causas van a sobrar para que el Panteón Rococó, Los de Abajo, Riesgo de Contagio, la Sonora Skandalera, la Sekta Core, el Salón Victoria, por supuesto la Maldita Vecindad y decenas más, desplieguen su apoyo, en el peor estilo que clonaron del concepto combativo musical de The Clash, agrupación que, al menos, siempre se preocupó por la música.
Todo esto viene a cuento por el reciente episodio donde se encumbró a Manu Chao como un mártir de la lucha social a merced de las fuerzas oscuras del gobierno represor que, según rumores, lo estaba investigando por hacer declaraciones irresponsables del tipo “lo de Atenco es terrorismo de Estado”, en el marco del Festival de Cine de Guadalajara a donde lo invitaron a encabezar una muestra. El caso del francés es ejemplo de alguien que, a punta de panfletos, asume como suya cualquier causa que le sirva de consuelo para no ser testigo de su agonía musical.
Jaime López, gran trovador comprometido sólo con su música, les dedica a todo ellos unas líneas en “Señoritos”: Los señoritos por siempre con sus desplegados / los señoritos de siempre en el mitin de hoy / en su importante grupito de no más de cien / los señoritos jugando a la revolución. Así se carguen a los de abajo / y hasta se caiga el propio país / siempre ha de haber escudos humanos / y un lugarcito a salvo en París. Organizados los pioneritos / con paliacates y mochilitas / cual buen salvaje en selva de asfalto / vienen y van con su guerrillita. Hacen la guerra con paz y amor / son regañones como Greenpeace / y alguna linda estrella de rock / baja a lavar su lana ahí”.










