Nuevo Laredo

PROYECTO NOVELA-BLOG

Difícil saber, teniendo el mundo en su contra en ese momento, que cuando llegara a la redacción del periódico, ahí lo estaría esperando la noticia más importante que redactaría en su larga carrera como reportero de sucesos políticos y dramas policiacos, el pan de cada día en los periódicos del país . Antes había estado bebiendo ronecitos con varios diputados federales del partido oficial, el PRIAN. Los políticos le contaban con un desgano de domingo la crónica de su reciente viaje a La Habana, en donde habían estado con todas las putas que sus abundantes años y sus abundantes sueldos les permitían. Estaban hospedados en un modesto hotel de Vedado para guardar las apariencias -que sí les importaban- y bromeaban sin reconocerlo abiertamente que habían utilizado el dinero que les había dado el Congreso para "mejorar las deterioradas relaciones entre el país y el gobierno revolucionario de la Isla". No era una novedad que hicieran algo así. Todos lo hacían, incluso los opositores del Partido Esperanza.
Fastidiado, al salir del restaurante llamó por celular a su mujer mientras esperaba que le entregaran su auto.
-¿Cómo te fue con tu mamá?, ¿qué dice la pinche vieja?
- Ay, Antonio. ¿Es necesario que te expreses así?
- Así soy. Anda dime que pasó
- Pues me dijo que esta vez nos cobrará intereses. Algo simbólico.
- Ahh, me salió simbólica la vieja. ¿Qué no puede hacerle un favor a su hija?
- No te pongas en ese plan Antonio. Nos ha ayudado muchas veces, lo que pasa es que ahora quiere que seamos más responsables.
- ¿Responsables? Que se vaya a la chingada con su responsabilidad. Hablamos en la noche.
- Hablamos en la noche pero tranquilizate.
- Adiós
Ya a bordo del coche, rumbo a la redacción del periódico, Antonio Gímenez pensaba en lo deprimente que era su trabajo. Estaba rodeado de la riqueza y tenía acceso a ella pero solo para verla, observarla detenidamente y escribir algo al respecto, si acaso. De alguna manera aquello era en ocasiones como esa, un espejismo que odiaba. No era codicioso, pero sí tenía ambiciones en la vida, como todos. “Si vivo en el desierto no me importa pero quiero vivir en un desierto donde no haya estos putos espejismos”, solía decir entre guisquis a su compadre Diego Armando, con quien se reunía a veces, al salir del periódico, en una triste taquería en la que les fiaban los tragos y les servían chicharrón de queso gratis.
Antonio andaba molesto con la vida ese día. No esperaba que una noticia que le tocaría escribir dentro de un rato, provocaría que cambiara todo.

(PARA DARLE CONTINUIDAD A ESTE IMPULSO POR CONTAR UNA HISTORIA, SE ACEPTAN FICCIONES Y HASTA REALIDADES)