Miguel Ángel VargasMarca PersonalNació en la Ciudad de México en 1981. Creció en Tijuana y vivió por casi una década en Monterrey, Nuevo León, a donde se mudó para estudiar Economía en el Tecnológico de Monterrey. Ingresó a MILENIO Diario de Monterrey en 2006 como reportero de la sección de Negocios y desde 2007 es editorialista y bloguero en el mismo periódico.
En su época universitaria fundó y dirigió la revista estudiantil MientrasTanto. Ha trabajado también como consultor económico-fiscal y como profesor de bachillerato, impartiendo clases de Economía e Historia.
Aunque se formó académicamente como economista, con el tiempo sus intereses han ido migrando hacia lo político. Por esto, ha tomado cursos de comportamiento electoral, marketing y comunicación política en diversas instituciones universitarias. En 2007 fue premiado por la Comisión Estatal Electoral de Nuevo León en su Séptimo Certamen de Ensayo Político.Es aficionado a la fotografía, el futbol, los cuentos de Rafael Pérez Gay, las canciones de Andrés Calamaro y series de televisión como Mad Men, The Sopranos y House.
Los motivos del $icario
En poco más de dos años de la actual administración federal, en la lucha que ésta ha iniciado contra el narcotráfico, han perdido la vida más de 10 mil personas, de las cuales se estima que aproximadamente 9 mil eran miembros activos de las bandas criminales. Asimismo, se han detenido y están sujetos a proceso judicial cerca de 40 mil narcotraficantes de todos los niveles. Sin importar si la cantidad de mexicanos que se dedican al narcotráfico son medio o un millón, o más o menos, podríamos esperar que de seguir esta tendencia en las bajas registradas en las filas de los cárteles, tarde o temprano (en cien años, según indica la proyección), estas bandas se quedarían sin miembros para continuar con el negocio de las drogas y el miedo. El problema con este razonamiento es que no considera que, cada día, estos grupos criminales reclutan a nuevos miembros. Pero, si esta actividad es tan peligrosa, con tantos riesgos de perder la vida o terminar en la cárcel, ¿por qué todavía hay infinidad de mexicanos dispuestos a enrolarse en los cárteles de la droga? La respuesta automática sería decir que todo es cuestión de dinero, pero ¿será cierto que todos los que participan en el negocio de las drogas ganan más dinero que si se dedicaran a una actividad legal? Y si sí ganan más, ¿esta superioridad de ingresos les compensa a los narcotraficantes por los riesgos que enfrentan en su labor?
Estas mismas preguntas se las planteó el reconocido economista Steven Levitt –autor del bestseller "Freakonomics"– en un interesante artículo titulado “An Economic Analysis of a Drug-Selling Gang's Finances”, publicado en el 2000 por The Quarterly Journal of Economics del MIT. En esta investigación, el autor tuvo acceso a cuatro años de información financiera detallada de una banda criminal estadunidense ahora extinta, “que era utilizada por el líder del grupo como una herramienta de administración para dar seguimiento a las actividades financieras de la banda y para monitorear el comportamiento de los miembros de la misma”. Obtuvo todo el desglose de costos e ingresos, y también el detalle de cómo se distribuían las utilidades del negocio entre los miembros de la banda en cada uno de los niveles de la jerarquía, gracias a lo cual pudo llegar a las siguientes conclusiones.
UNO. Que “los vendedores de droga en la calle apenas ganan un poco más que el salario mínimo”. DOS. Que, “dentro de la banda, los ingresos son enormemente disparejos, sin embargo, los miembros que están en los niveles altos de la jerarquía ganan muchísimo más que si se desempeñaran en el mercado en alguna alternativa legítima [o legal]. TRES. Que “la principal motivación económica para los miembros en los niveles bajos parece ser la posibilidad de ir ascendiendo en la jerarquía de la organización”. CUATRO. Que “el salario promedio en la banda (tomando en cuenta todos los niveles) está quizás un poco por encima que las alternativas en el mercado legal, pero no muy por encima”. CINCO. Que, dado lo anterior, se puede decir que los “enormes riesgos que se corren al dedicarse a la venta de drogas no son compensados económicamente” para la mayoría de los miembros de estas organizaciones. SEIS. Asimismo, estos resultados sugieren que los que entran en este negocio, “o tienen preferencias muy inusuales, o sistemáticamente se equivocan al calcular los riesgos que están corriendo, o que hay otras consideraciones no económicas que determinan su comportamiento”.
Obviamente, la investigación de este autor se hizo con información de una sola banda estadunidense que se dedicaba a la venta de drogas, y con esto no se puede generalizar nada para el caso mexicano. Sin embargo, sus conclusiones sí nos pueden dar algunos indicios de lo que está ocurriendo en México con el reclutamiento de jóvenes como nuevos miembros de las bandas criminales: los que entran como vendedores, vigilantes o sicarios, no se vuelven millonarios de la noche a la mañana. Desde que inician en este negocio, es probable que sí ganen más dinero que si optaran por algún oficio legal, pero no mucho más. Pero la superioridad de los ingresos que les representa el narco –sobre las alternativas legales–, generalmente no compensa los enormes riesgos de perder la vida o de terminar preso, a menos de que se vaya escalando en la jerarquía de la organización.
Así pues, lo que mantiene ahí a la mayoría de los soldados rasos del narco es la posibilidad de “hacerla en grande”, así como el "Chapo", el "Lazca", el "Barbas" o el "Mayo" Zambada… Las únicas historias de verdadero éxito económico que les resultan cercanas a la mayoría de los jóvenes mexicanos.
miguel.vargasv@milenio.com










