Otro día de la mujer

Ocho de marzo. Los titulares de nueva cuenta se repitieron: “Millones de mujeres en el mundo mueren por violencia doméstica; otras tantas padecen de abuso sexual; otras son vendidas a cambio de un cerdo o de tierras; otras ganan menos que los hombres”.
En la televisión, los conductores hablan indignados: “Hasta dónde llega el machismo”, cuestionan; “mire qué pocos espacios hay en la política para las mujeres”.
No faltan los desplegados de una página completa en los diarios: “Exigimos que se ponga un alto a la discriminación y se legisle para que haya plena igualdad entre hombres y mujeres”.
Todo, todo apunta hacia lo mismo: el sufrir eterno de las mujeres que, por supuesto, hay que recordar cada año con la Celebración del Día de la Mujer. Una jornada de reflexión, de información, de recordar a aquellas que lucharon para que nosotras viviéramos mejor. ¿Y qué más?

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Uno de los mayores problemas a los que se enfrentan las mujeres –desde hace muchísimos años- es el afán de diversos actores por anularlas con cualquier instrumento a la mano: la discriminación, la violencia, el abuso, la simulación en los cargos electorales, etcétera.
Hoy, entre los actores más poderosos hay dos: el crimen organizado y el desencanto público. Y no pocas mujeres han sido víctimas de ello.
¿Cuántas, en Ciudad Juárez, no salen a la calle después de las cinco de la tarde por temor a ser baleadas durante algún tiroteo?
¿Cuántas madres y trabajadoras han tenido que cambiar de ciudad porque en la suya reinan Los Zetas o los Pelones?
Nadie se acordó de “Las Tapadas” en Monterrey y sus razones para bloquear las avenidas por órdenes del narco. Nadie –ni el gobierno del Distrito Federal, ni el DIF nacional- se acordaron de la pequeña Azucena, quien fue hospitalizada tras las torturas que le propinaron sus familiares. Y mucho menos, tampoco se acordaron de alguien que –ojalá- se convertirá dentro de unos años en una mujer: la niña Ilse Michel, desaparecida del albergue “Casitas del Sur”.

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En la televisión, aparecen noticias donde se critica la penosa situación de las mujeres en México y se cuestionan las prácticas discriminatorias en su contra. Los números ya los sabemos: siete de cada 10 mujeres padece algún tipo de violencia. Dos mil mexicanas mueren cada año en México: una cada seis horas.
Más tarde, en la programación de cada canal, aparece lo mismo: una bella mujer utilizada como un objeto para mantener a más televidentes pegados a la pantalla. Usan sólo a mujeres. Los hombres no tienen que darse la vuelta ni mostrar el trasero o el pecho o sonreír como si fuera para lo único que nacieron.
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En las sierras de Veracruz o Hidalgo, las mixtecas temen por lo que pueda ocurrir tras el asesinato de sus líderes que denunciaban los abusos del Ejército. En Chihuahua o Sinaloa, las policías saben que un día, el mundo se les apagará bajo el fuego de la metralla. El único hogar verdadero que conoce la niña Azucena se llama Hospital Tacubaya. Las niñas Ilse Michel y Magdalena Ojeda aún no aparecen.

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Y así, de pronto, mi compañero de trabajo se me acercó y me regaló un abrazo: “’!Felicidades!”, dijo. Cuando le pregunté el motivo, respondió llano: ”Pues es tu día, el Día de la Mujer”.
Qué trago tan amargo.