¡Ay, Eduardo!

Jueves, 26 Febrero, 2009

El periodismo, aseveraba Rafael Barajas ‘El Fisgón’, en entrevista con Miguel Ángel Granados Chapa en Radio UNAM, es un ejercicio de libertad de expresión que a la larga refleja la vida misma de la sociedad. Somos, decía ‘El Fisgón’, poco más que historiadores, somos cronistas y reflejo de la idiosincrasia social, por ello es tan importante que existan comunicadores, periodistas y conductores de noticias que varíen en todo, cuando de establecer una editorial se trata. Hoy traigo a cuento lo narrado en la Plaza Pública por Rafael Barajas porque me duele en el alma que Eduardo Ruiz Healy, periodista, compañero y fraterno ideólogo, esté pasando en este momento por una situación tan penosa como es la pérdida física de su hijo. Es doloroso como padres que somos saber que Eduardo está pasando algo así y, por lo mismo, cabe hacer un paréntesis en el cual quede claro que Ruiz Healy no ha tenido jamás empacho en hablar y llamar a las cosas por su nombre. Es para muchos un cínico incorregible, un sarcástico que no duda en decir los errores, uno a uno, de políticos, economistas o de la gente que disiente de sus pareceres. Pero detrás de esta imagen tan fuerte, Eduardo Ruiz Healy es también un ser humano sano, que nunca te dice nada detrás. Es más, es tan sincero que muchos actores de la vida política y económica nacional tienden a no poder aguantar su franqueza, su implacable expresión de la verdad. A diferencia de otros periodistas Ruiz, Healy ha sido capaz de llamar a López Obrador alborotador social, pero también justiciero, luchador o simplemente desorientado político. Para una servidora ha sido poco el tiempo en el que tuve la suerte de colaborar con Eduardo en Radio Fórmula, pero me quedó siempre muy claro que de los periodistas de madera, de esos que vale la pena respetar en su dicho y en su hecho, aunque no coincidan con mis pareceres personales, de esos es Ruiz Healy; razón por la cual me duele sobremanera que un ser franco como él hoy esté pasando por la muerte de su vástago. ¡Eduardo, vaya para ti un entrañable abrazo! ¡Uff! ¿A dónde va la violencia de este país?