Fabián PulidoLa Esfera
Un Óscar más
Sí, sí , sí, no gozan de solidez moral pero los premios Óscar son siempre un alud de luces, vestuario, música y comedia: todo un espectáculo.
La verdad es que no importa quién se lleva el galardón por ser la mejor actriz de reparto o el mejor fotógrafo. No importa quién se lleva la mejor edición de audio o la mejor película; incluso, no importa haber ganado la apuesta cuando aseguré hace meses que Heath Ledger se llevaría el premio al mejor actor de reparto. No importa. Y no importa porque salvo raras excepciones todos los presentes y todos los nominados son profesionales en lo que hacen. Son verdaderos artistas, músicos, escritores, empresarios de la industria cinematográfica, industria difícil de domar.
La noche de los premios Óscar siempre tiene sorpresas pero quizá una de las más comentadas fue la conducción de Hugh Jackman, un espacio generalmente asignado a actores o actrices que dominan la comedia. Yo en lo personal extraño a Crystal, a Goldberg y a DeGeneres, pero digamos que Wolverine no lo hizo tan mal. Y otra sorpresa y por cierto muy agradable, fue la forma de presentar las nominaciones de mejores actores y actrices, en sus dos categorías, con cinco actores o actrices que en algún momento recibieron al hombrecillo dorado y que aparecieron detrás de enormes pantallas con su imagen. Muy bonito.
Y después de la apertura, quizá, lo más sabroso de los premios Óscar es el número de musicales que se presentan y representan los temas nominados o las películas que han hecho historia. Este año, en particular, fue un agasajo ver la escenografía y coreografía montadas para halagar a las películas del género musical, películas que como bien dijo Jackman: “están de regreso”. Y aquí menciono a tres de mis favoritas: “Bailando en la oscuridad”, “Chicago” y “Billy Elliot”.
Después de la apertura y de los musicales, la memoria audiovisual de aquellos que se fueron el año anterior y dedicaron su vida al cine es otro de los momentos que se disfrutan: las tías recuerdan al Paul Newman cuando robaba suspiros y otros más, como yo, nos sorprendemos con pérdidas que por alguna razón no seguimos en los titulares de los medios: se nos fue Sydney Pollack, ¿en dónde andaba yo que ni me enteré?
Una noche más de los premios Óscar. Una transmisión más que tuve que chutarme con traductores simultáneos que de plano tienen la gracia de Ortiz de Pinedo (por alguna razón falló el SAP de TNT o de mi televisión). Pero, como siempre, fue una noche más en la que puedes “colarte” en una de las fiestas más esperadas por el mundo del cine y esperada, insisto, no por la validez de los premios sino, más bien, por la fiesta como tal. Punto.
Nota en el refri: no perderse Slumdog Millionaire.










