Alberto Chávez ValdezEl Pedazo del BetoComunicólogo dedicado más de 12 años a la Publicidad y ahora con 4 años en el mundo de la radio... pero cuando más aprendió de la vida fue cuando estuvo 365 días desempleado.
Culposos Placeres Musicales.
Sin importar el género de predilección de cualquier persona, quizás muy escondido o tal vez muy evidentemente existe el gusto por temas de géneros o estilos que no necesariamente van de acuerdo con la mentalidad de quien prefiere específicamente un cierto tipo de música.
Aclaramos que existe un número muy grande de gente a la que “le gusta de todo”, respuesta que por lo general no es vista con mucho agrado por aquellos que se inclinan mucho por ciertas corrientes.
El ejemplo más claro son los metaleros de hueso colorado. Por lo general ven con bastante desagrado todo tipo de música que no va de acuerdo con su “filosofía rockera”; incluso llegan al grado de sentirse ofendidos ante la presencia de otro tipo de música en su medio ambiente.
Casos específicos son aquellas fiestas donde al calor de la copa empiezan a sonar los acordes de temas populares, música ranchera, cumbias y demás. Aquí lo mínimo que sucede es la cara de total desagrado, y en el extremo hay quienes abandonan el festejo rumiando entre dientes “que mugrero”.
Son esos placeres culposos en la música que muchos tenemos muy guardados y que la gran mayoría nos negamos a reconocer. ¿Cuantos amigos que se saben al derecho y al revés la discografía de Iron Maiden no han sucumbido con unos cuantos tragos en el cerebro a cantar a pulmón abierto “Eslabón por Eslabón” de los Invasores de Nuevo León?
¿Qué acaso nadie ha tenido la oportunidad de ver al camarada enfundado en su camiseta negra de Metallica, con larga melena entonando “Hermoso Cariño” en la voz de Don Vicente Fernández y hasta con lagrimita melancólica incluida?
Hago mucho hincapié en los rockeros, porque son quienes suelen ser más rigoristas a la hora de permitir que su entorno se sature de acordes que no vayan de acuerdo con el gusto, pero yo he visto caballeros seguidores acérrimos de The Cure sucumbir a los acordes del reggaetón (claro que aquí el factor muchacha guapa “perreando” e invitándolos a bailar quizás fue el detonante para que perdieran su fervor y se dejaran llevar por este tan criticado estilo de música).
Los placeres culposos son algo que prácticamente todo mundo tiene… y la música tampoco se salva de esto. Ejemplos hay miles… a nivel internacional hay temas como La Macarena o el dichoso Aserejé que hasta el mas ilustrado en cuestión musical fue víctima de la moda…
Y los ejemplos siguen: ¿Quien no recuerda U Can’t Touch This de MC Hammer, Marky Mark and the Funky Bunch con Good Vibrations, Wake Me Up Before You Go-Go de Wham, Milli Vanilli con Girl You Know It's True o Rupert Holmes con The Piña Colada Song? Temas que hasta el más letrado conocía y de perdido tarareaba.
Y en nuestro país literalmente no cantamos mal las rancheras, porque quizás el 98 por ciento de la población no se sepa bien el Himno Nacional (te estoy hablando a ti Julio Preciado) pero si nos sabemos el Sirenito de Rigo Tovar, Uy que Miedo de Chico Ché, Si nos dejan de José Alfredo Jiménez o Tristes Recuerdos de Antonio Aguilar.
Es difícil reconocerlo, por eso el nombre de placer culposo, porque muchos se sienten mal de tenerlos, pero pues todo es cuestión de no tomárselo tan en serio… toda la música tiene como fin darnos placer, así que deja un rato tu disco de Los Angeles del Infierno y disfruta un poco de Los Angeles Azules, no pasa nada.
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