De Lima a Tampico, de Tampico a Genova...

REPORTAJE MILENIO DIARIO- Guerra global contra el narco

De Lima a Tampico las toneladas de coca. De Tampico a Genova, la cocaína. De Italia a Tampico y a Lima -con escala en bancos de Suiza y de las Islas Caimán- los millones de dólares…
Una industria trasnacional del narcotráfico es controlada por cárteles de la droga mexicanos que exportan cocaína peruana a Europa a través de Italia, revelan informes del gobierno de Perú, con el cual México estableció un acuerdo binacional para combatir el crecimiento del crimen organizado.
En los expedientes policiacos antinarcóticos del país gobernado por Alan García, se documenta que el tráfico de drogas a México se consolidó durante la época de Vladimiro Montesinos, el segundo hombre más poderoso durante el gobierno de Alberto Fujimori.
Desde entonces y a la fecha, el flujo ilegal es constante. Y uno de los destinos principales del producto ilegal, además de Estados Unidos, es el puerto de Genova, en Italia. La importante estructura de colaboración que construyó el Cártel de Juárez en Perú en los noventa, es utilizada ahora por el Cártel de Sinaloa; mientras que la que hizo a su vez el Cártel de Tijuana, está bajo el poder del Cártel de Golfo, según se lee en los informes oficiales peruanos consultados por MILENIO.

EN LA SELVA PERUANA
En uno de los documentos de la Dirección Antidrogas de la Policía Nacional del Perú (Dirandro), mediante la declaración de una testigo protegido llamada Elizabeth Viviana Rosales Linares, se reseña que buena parte de la hoja de coca que usan los cárteles mexicanos es sembrada en selva de Palmapampa, en la provincia de Ayacucho. Luego, en islotes y cavernas mar adentro, existen laboratorios para transformar la pasta básica de la coca en clorhidrato de cocaína.
Una vez procesada, la cocaína es trasladada vía terrestre hasta almacenes de empresas fachada en Lima, la capital peruana, “donde es preparada para su acondicionamiento y exportación a través del puerto de Callao o del Aeropuerto Jorge Chávez”. Durante varios, años, un narcotraficante peruano llamado Antonio Ríos Lastra “El Tío Ríos” fungió como “supervisor de calidad del producto” contratado por los cárteles mexicanos de la droga.

TONELADAS Y TONELADAS
“Inicialmente todas esas actividades de narcotráfico eran patrocinadas por la Organización Internacional de la droga denominada Cártel de Tijuana- México, dirigida por los hermanos Arellano Félix, la misma que enviaba dinero en dólares hacia Lima, para la compra de droga y envío al exterior. El máximo representante en el Perú de esa Organización era Vladimiro Lenin Montesinos Torres, conocido en ese ambiente como “El Fayed”, quien era proveedor de droga -clorhidrato de cocaína- a todas las organizaciones de narcotraficantes en el extranjero; además del Cártel mexicano, también negociaba con “Firmas” peruanas a quienes vendía la droga puesta en Lima”, se explica en el reporte antinarcóticos. Solamente entre 1995 y el 2000, el ex asesor presidencial Vladimiro Montesinos habría comercializado 18 toneladas métricas de clorhidrato de cocaína peruana con el Cártel de Tijuana.
Para los especialistas peruanos, la cifra podría mantenerse en los mismos niveles, a pesar de los esfuerzos emprendidos por el gobierno del presidente Alan García, quien ha declarado la guerra contra las drogas.

TAMPICO Y MANZANILLO
El destino predilecto en México de la cocaína peruana es Tampico, Tamaulipas y Manzanillo, Colima, según se explica en los documentos, donde se reseña una operación realizada por el colombiano Omar Penagos, quien por decisión del Cártel de Tijuana, fue el zar de la droga en Perú durante varios años.
Según el informe oficial de la Dinandro, un grupo de generales del Ejército peruano le ofreció a Penagos colocarle tres toneladas de cocaína en el puerto de Tampico, México, a razón de 3 mil dólares el kilogramo. “Al ser consultados sobre el negocio, los hermanos Arellano Félix, éstos aceptaron el negocio pero Vladimiro Montesinos Torres y su grupo pusieron como condición vender directamente al mercado de los Estados Unidos una tonelada de clorhidrato de cocaína, a razón de 80 mil dólares el kilogramo, condición que fue aceptada porque igual el Cártel salía ganando. Ese negoció se materializó y la droga fue despachada por el Aeropuerto Jorge Chávez en tres viajes en un avión carguero, siendo su destino final Genova, Italia, de acuerdo al negocio efectuado por el Cártel de Tijuana”, se relata.

WELCOME TO LIMA
El nivel de penetración de los cárteles de la droga en la esfera gubernamental era tal en Perú que cuando el representante de los cárteles mexicanos, Omar Penagos Rodríguez, llegaba a Lima procedente de México, inmediatamente contaba con el apoyo de Vladimiro Montesinos, quien le facilitaba una camioneta Cherokee con chofer para que se movilizara, apuntan los reportes.
Además, el ex asesor presidencial le proporcionaba un automóvil blanco y dos motocicletas que lo escoltaban. Para tener comunicación segura, Penagos usaba otra camioneta de Montesinos, donde éste tenía instalado un equipo de radio marca YAESU-900, o bien una computadora Notebook y un celular encriptado. Cuando hablaban, Penagos se refería a Montesinos como Fayed y hablaba por ejemplo así: “MAR I.D.LL 10 K L N 7434.== B.% VAMOS A LOS CUARO ULTIMOS DE SU PRIVADO FAYEC”. El dinero que Montesinos ganaba por el tráfico de drogas era depositado en una del banco Bital (ahora HSBC) en Cancún, México.

ESTACIONAMIENTOS DE BANCOS
A su vez, los grupos italianos que reciben la droga peruana enviada por los cárteles de la droga mexicanos, utilizan bancos suizos y de paraísos fiscales para pagar el envío de los cargamentos, se afirma en los reportes de la Dinandro. Un caso referido es el del mafioso Bruno Chiappe, gracias al cual se pudo demostrar que “el dinero producto de la venta era ingresado de Italia a Suiza, por la frontera, en vehículos con compartimentos. Una vez en Suiza era depositado en el banco Societe de Banque Swisera (SBS). Los funcionarios del banco sacaban el dinero en los autos estacionados afuera del banco y lo llevaban a una oficina especialmente acondicionada donde se procedía al conteo del dinero; contado ese dinero el encargado firmaba un volante o boleta de depósito donde aparecía el número de cuenta, el monto ingresado y la firma con el sello del funcionario del banco responsable de la recepción y depósito del dinero. Una vez hecho el depósito, la contraparte italiana de la organización delictiva se comunicaba vía telefónica con Bruno Chiappe, indicando que el depósito se había efectuado. Luego, Bruno Chiape se dirigía a las oficinas de SBS y ordenaba transferir el dinero a una cuenta determinada, generalmente en el Atlantic Security Bank, el cual tiene filiales en Miami, Panamá, Las Bahamas y las islas Caimán”.