Visita a un campo de terroristas

HISTORIAS DE NADIE- Milenio Diario de Monterrey

7 de enero de 2008
Hoy estuve todo el día en el campo de terroristas mas grande que hay en Medio Oriente, según el gobierno de Israel. El “mas grande” es un decir, porque la extensión de este sitio ubicado en la ciudad de Sidón, no alcanza ni los 2 kilómetros, aunque aquí residan mas de 100 mil personas.
Ain El Hilweh se llama este lugar donde viven desde hace decenas de años, algunos de los cientos de miles de palestinos que fueron expulsados a sangre y fuego de sus tierras, esas tierras que a principios del siglo pasado el mundo colonial conocía como Palestina y que hoy se nombran, Israel.
Para entrar al campo de refugiados, fuertemente custodiado por soldados, hay que conseguir un permiso especial. Tuve que pasar la mañana en oficinas del Ministerio del Interior de Líbano y entrevistarme con oficiales de inteligencia sorprendidos de ver a un mexicano en persona, y no en las desafortunadas telenovelas de Thalía que misteriosamente tienen tanto éxito acá tan lejos.
Sadam Hussein y Yasser Araffat me dieron la bienvenida en Ain El Hilweh y no me abandonaron a lo largo de mi caminar por el campamento, donde la furtiva arquitectura de la precariedad, estaba acompañada de pegotes con sus fotografías.
Murmullos extendidos, rugido de motores de coches viejos que circulan por las dos únicas “avenidas” que tiene el campamento. Panaderías, dulcerías, talleres mecánicos, tiendas de ropa, cafés internet. Por callejuelas urbanísticiamente inimaginables, amontonándose, se erige un mercado donde es posible encontrar casi de todo: pulpos, taladros, perfumes, cámaras fotográficas desechables, tapetes, cubetas, anillos, lámparas, alfombras, cascos de motociclista…
El campamento tiene el aspecto de esos asentamientos irregulares que van construyendo los pobres en las orillas de las ciudades a donde llegan a trabajar, y que con el paso del tiempo se convierten en colonias populares. Pero Ain El Hilweh solo tiene un aspecto parecido, porque en el fondo es algo muy distante de eso.
La gente que vive aquí, aunque lleva en algunos casos mas de 30 años, no tiene certeza de nada. Y las condiciones de vida apenas mejoran con el paso del tiempo. La pobreza les ha sido decretada. Aunque pueden salir del campamento, es muy difícil que consigan trabajo o tengan una vida normal. Las leyes libanesas prohíben ejercer a los palestinos un total de 74 profesiones y les niegan también el derecho a comprar propiedades. Debido a su calidad de refugiados, los palestinos viven en buena medida a expensas de las ayudas de la ONU y de organizaciones internacionales. El campamento no parece tan solo un pueblo o un mercado, también es como una prisión.
Una prisión de donde los prisioneros esperan escapar algún día. “De las entrañas del campamento nace dada día una revolución…”, suelen decir algunas de las mantas colgadas en la entrada de los campamentos. No hay nadie de la gente con la que hable, que no espere volver algún día a sus tierras. Una joven secretaria, una madre de cinco hijos, unos adolescentes, un estudiante de licenciatura, una mujer de 80 años de edad, un guerrillero, los lideres de los grupos políticos, todos estos “terroristas” estiman, añoran y dicen estar seguros que regresarán algún día a Palestina, su país. Muchos han muerto ya, esperando hacerlo. Otros han muerto también, pero combatiendo a Israel.

TARUMBA
Hace un año exactamente, por estos días del calendario, viajé a Medio Oriente para tratar de mirar de cerca la realidad árabe y buscar desentender menos de lo que desentiendo sobre el tema.
El anterior escrito forma parte del diario que escribí por aquellas fechas. Conforme transcurrían los días, me volvía más pesimista con respecto al futuro del pueblo palestino.
Hoy las noticias que nos llegan de Gaza solo hablan de tragedias en un rincón del mundo donde la vida de por sí, ha sido trágicadesde hace mucho tiempo. En algunos cables se lee con desesperanza e indignación que la incursión militar israelí, además de violar las leyes internacionales, se ha convertido en una carnicería de seres humanos.
Es ingenuo pensar que pueda existir alguna guerra que no sea inhumana. Cualquier guerra es una derrota de la civilización. En Palestina hace tiempo que todos hemos sido derrotados por la prepotencia constantemente. Hoy sucede una vez más.