Buen Invierno
Miércoles, 7 Enero, 2009La historia que cuenta Justin Vernon es todo un clásico: la chica lo dejó y él, entre dolido y nostálgico, le dedicó sus canciones. Dejándolo así, el entorno resulta convencional, aburrido y por demás trillado. Muchísimos compositores son los culpables de eso, al conducir su inspiración por la cómoda cursilería. Otros, como siempre los menos, han sido profundamente sinceros al verbalizar esos extraños sentimientos que revuelcan las tripas y el corazón. De los discos legendarios, el Blood on the tracks (1975), de Bob Dylan, es un gran ejemplo de esas obras que sangran honestidad, mientras que el Sea change (2002), de Beck, vendría a ser una muestra más actual del arrebato emocional que sigue tras la partida del amor. Vernon, un joven estadunidense de 27 años, entregó una de las joyas sonoras más preciadas de 2008, y justamente se encamina por esos rumbos de la tristeza y el abandono definitivo, que en su caso encontraron palabras y música provenientes del alma.
Para comenzar, el oriundo del estado norteño de Wisconsin se hace llamar Bon Iver (una deformación de “bon hiver”, que significa “buen invierno” en francés), apelativo que obedece a la frialdad alojada en los nueve rincones musicales del breve y sustancioso álbum. Se llama For Emma, forever ago, en obvia referencia a su ex novia, y para realizarlo se encerró tres meses en una cabaña, todavía más al norte de su natal Eau Claire, casi en las gélidas montañas canadienses.
“Aunque hay algún tipo de música a la que se considera más sagrada, como la de los monjes o los nativos, porque tiene ese sentido profundo de espiritualidad, para mí, en general, la música ya es en sí sagrada. Ese tiempo que estuve aislado de todo fue, a un nivel real, un viaje de examen espiritual. Fue un enfrentamiento con mis demonios. No los pude desaparecer, pero sí sé cómo ignorarlos o aplacarlos”. Así, y sin querer hacerlo, Vernon describió su ópera prima a la revista española Rock de Lux, porque cuando explícitamente fue cuestionado al respecto sólo contestó: “No lo sé. Lo único que puedo decir es que es folk”.
“Este no es el sonido de un hombre nuevo o de su realización crujiente/ Este es el sonido del elevador desbloqueado que me espera afuera/ Tu amor estará/a salvo conmigo”. Son las últimas frases que Bon Iver entona en el disco, con una voz inconfundible que presume un falsete ejemplar. Un adiós con estilo, como lo hacen los grandes.



