Los cuatro Reyes Vagos y su domingo siete

Martes, 6 Enero, 2009

Esta historia es verídica y ocurrió hace exactamente dos años. Cualquier analogía con algún relato de ficción, religioso, mitológico es... cada vez más frecuente en Guadalajara: mágico realismo (que no realismo mágico).

Los Reyes Magos, venidos de Oriente, visitaron hace dos años el hogar de una familia tapatía. Bueno, visitaron varios, según la tradición. Pero, los Reyes Vagos a los que me referiré son aquellos que el domingo 7 de enero de 2007, a plena luz del día, a las 13:00 horas, pasaron por la casa de la familia mencionada. Malechor, Raspar y Vasaltar recogieron, digamos, del interior de la cochera tres vehículos necesarios para su movilización: tres bicicletas. Tal vez alguien, a su vez, les robó su camello, su elefante y su cuaco. Lo confirmaría el dicho.

Seguramente fue Vasaltar, con ayuda de los otros reyes, quien brincó el cancel de 2.40 metros de altura para abrir la chapa y permitirle a sus reales socios entrar a la casa y abordar, cada uno de ellos, una bicicleta. No necesitó garrocha o cualidades del cubanito Javier Sotomayor para vencer esa insignificante marca del 2.40. Para eso son magos, y para desaparecer, en cosa de minutos, tres bicicletas sin que nadie les viera ni el polvo.

A pesar de que la gente de Herodes a bordo de un carruaje con cuatro llantas y torreta “peinó la zona” (ni señales de humo enviaron a su central), los Vagos Reyes habían desaparecido sin dejar rastro. Se esfumaron como motociclista por la avenida Vallarta. Como dice la tradición, tal vez siguieron su viaje guiados por una estrella, pero varias preguntas nos asaltan, no, no, nos inquietan: ¿cuál fue la estrella que los guió? ¿Iban atrasados, por eso tanta prisa? ¿Trabajan sobre pedido? Entre otras. O tal vez algunos niños les pudieron haber pedido bicicletas, y ya se les habían acabado. Tuvieron que echar mano de lo que se encontraron casualmente (o ya estudiado, pensando mal y sin acertar).

El sábado, víspera del suceso, se celebró el Día de Reyes (6 de enero), y lo festejó la mencionada familia con la correspondiente partida de rosca. Según la tradición, a quien le toca el mono tendrá buena suerte a lo largo del incipiente año. Y sí, porque la única bicicleta (con las llantas ponchadas) que dejaron fue de la persona que se sacó el mono. ¿Quién iba a decir que al día siguiente los susodichos magos iban a salir, como decía la abuelita, con su domingo siete?

Se llegó a la conclusión, ayudados por las malas lenguas, de que esos santos reyes ni son santos ni reyes; que sí son magos, porque desaparecieron las bicicletas y que tuvieron un socio o ayudante (por lo tanto, fueron cuatro, no tres, como dice la tradición) que se regresó a pie, ni modo. Además, son adivinos porque iban por las cuatro bicicletas (un velocípedo por cada masa encefálica), aunque sólo se llevaron tres.

Moraleja: si le toca el mono al partir la rosca de reyes es un suertudo. Los tamales del Día de la Candelaria, como sea, puede cambiarlos por una taquiza: así están los tiempos. No es conveniente dejar las chapas sin echarles llave; aunque a veces los magos pasan las bicis por arriba de las verjas, estando cerrado con llave la chapa. ¡Qué tal! Feliz y precavido Día de Reyes.

José Arízaga Ibarra