Nuevo año, viejos conflictos
Lunes, 5 Enero, 2009Para Julio Haro (5/7/1955- 4/1/1992) in memoriam
Aunque esta no es una columna de política internacional es imposible evadirse de la despedida de año viejo y bienvenida al nuevo que hemos testificado a la distancia como consecuencia del conflicto en la franja de Gaza (expresión que llevo muchísimos años de escuchar relacionándola siempre a guerra y conflicto). Israel bombardea e invade a los palestinos como respuesta —dicen— a las agresiones terroristas de Hamas. Se trata, claro, de un conflicto demasiado añejo que parece no tener fin, donde se mezclan geografía, política, historia, religión y sobre el que podemos leer todo tipo de opiniones, explicaciones y, sobre todo, preguntas. Incluso en espacios de Internet, habitualmente sobrepoblados de chismes sabrosos y frivolidades varias como Facebook, se han suscitado en estos días intensos debates acerca del conflicto, donde ha habido de todo: argumentos, contextualizaciones históricas, insultos, indignación… y preguntas: ¿Tiene Palestina derecho a una tierra y un Estado? ¿Israel sigue siendo un pueblo asediado que tan sólo ejerce su legítimo derecho a defenderse? ¿Hamas es terrorista? ¿Israel lo es? ¿Cómo se justifican ataques a poblaciones civiles donde mueren niños? ¿Por qué Israel bombardeó, entre otros objetivos, una universidad palestina? ¿Es legítima la reacción israelí luego de años de recibir ataques palestinos a su población civil? ¿Es necesario seguir evocando el Holocausto para explicar la actitud actual del Estado judío? ¿Está el pueblo judío realizando un genocidio similar al que sufrieron a manos de los nazis? ¿Es eso una descabellada exageración? ¿Se puede apoyar la causa palestina y estar en desacuerdo con Hamas? ¿Se trata realmente de una guerra desigual donde unos usan piedras y otros aviones de combate? ¿Tenemos información fidedigna? ¿Se puede ser judío y estar en desacuerdo con los métodos del gobierno israelí? ¿Por qué se habla de Gaza y antes no se hablaba de Sderot o de Beersheva, por ejemplo? ¿Qué países y con qué intereses arman a las partes en conflicto? ¿Es la ONU un organismo inútil? ¿Se puede estar contra la guerra y el horror sin tomar partido? Es pertinente el llamado que desde la cultura hace el músico Daniel Baremboim: dos pueblos que tienen fuertes lazos con el mismo lugar del mundo, deben hallar el modo de vivir juntos. Quien tenga respuesta a algunas —no a todas, claro— de estas preguntas, que por favor ilumine mi ignorancia.










