El pillaje de la PFP
Lunes, 5 Enero, 2009“Nosotros no fuimos”
El operativo montado por la PFP, el Ejército, la Ministerial y la Preventiva el pasado 1 de enero en la Colonia Campestre la Rosita para cumplir supuestamente una orden de cateo en la residencia marcada con el número 118 del Paseo del Pozo, o montado para atender una denuncia sobre una casa de seguridad en dicho sector residencial, no sólo resultó un fiasco en términos operativos, sino revelador de la clase de elementos que integran la Federal Preventiva.
Todo indica que el operativo se realizó al aventón, es decir sin ninguna previsión y sin ningún tipo de inteligencia ni preparación.
Tan es así que ni siquiera se montó un dispositivo vial para desviar a los automovilistas del lugar donde se realizaría aquél, y protegerlos así de llegar a ser blanco de los delincuentes o de alguna bala perdida.
La impresionante incompetencia de las autoridades federales, pero en particular de la PFP, en la preparación y desarrollo del citado operativo policial no sólo puso en riesgo a personas inocentes, sino incluso a las propios agentes policiacos que participaron en él.
Tan es así que la peor parte la llevaron los federales preventivos, 8 de los cuales resultaron heridos y de éstos 2 se encuentran graves.
Es decir, los federales ni siquiera fueron capaces de aprovechar en su favor el factor sorpresa, ya que los maleantes los mantuvieron a raya durante horas en la que se considera ya la más prolongada balacera en Torreón.
Apenas puede creerse pero luego de más de 5 horas de enfrentamiento, en el que participaron un número mayor a 200 policias y militares, las mal llamadas fuerzas del orden, como veremos más adelante, apenas pudieron capturar a 2 facinerosos ya que el resto de la banda, estimada en unos diez sujetos, pudo huir sin problemas del lugar.
Nadie puede explicar aún hoy cómo pudo haber ocurrido tal cosa, a no ser porque los sicarios pudieron contar con algun tipo de colaboración oficial.
Pero lo que ocurrió en las casas vecinas pasará a la historia como uno de los sucesos más bochornosos y degradantes que haya podido protagonizar hasta ahora la PFP en Torreón, ya que sus elementos se dedicaron al pillaje, en el más estricto sentido de la palabra; robaron computadoras, joyas, dinero y aparatos electrónicos.
Cargaron literalmente con todo lo que tuvieron a la mano, dejando las casas hechas un total tiradero.
El pretexto para entrar fue que perseguían a los sicarios, pero bien pronto dejaron ver sus verdaderas intenciones.
Al entrar en otra de las viviendas lo primero que preguntaron es dónde estaba la caja fuerte. Cuando se les dijo que no había tal cosa comenzaron a cargar con lo que encontraban a su paso o que más les gustaba.
Y cuando uno de los moradores le recriminó su proceder a un PFP, ya que lo sorprendió robando un aparato electrónico, el oficial no solamente lo insultó sino que lo amenazó con tomar represarlias “al cabo ya sé donde vives”, le dijo.
En una casa contigua cargaron hasta con los perros, y otras que se estaban cerradas pues sus dueños no se encontraban fueron allanadas violentamente e igualmente saqueadas por las “fuerzas del orden”.
Más de media docena de residencias fueron objeto del pillaje de la PFP.
No se sabe aún el monto del botín que lograron los federales, pero conservadoramente se puede estimar en varios millones de pesos el monto global de los saqueos en la colonia.
Cuando uno de los vecinos conoció al comandante de la PFP que estaba al mando del operativo le recriminó lo que sus agentes habían hecho con su casa, a lo que el funcionario contestó cínicamente “nosotros no fuimos”.
Al escuchar esto el militar que llevaba el mando de los soldados se lamentó de la clase de personal que tiene la PFP, “pero es lo que tenemos”, dijo.
Incluso, el comandante de la PFP lo retó a proceder como mejor que le conviniera.
“Presente la denuncia”, le dijo.
Lo grave del caso es que al solapar el proceder arbitrario y delincuencial de sus elementos el comandante de la PFP se hizo corresponsable del pillaje de éstos, un delito que es castigado con la mayor severidad en todas las legislaciones del mundo.
Si este asunto queda en la impunidad, como se teme, la ciudad estará por entero a merced de los pillos de García Luna.














