Darwin, 200 años después

Jueves, 1 Enero, 2009

Aunque los astrónomos estarán todo el año de manteles largos celebrando el Año Internacional de la Astronomía bajo el lema “El universo, para que lo descubras”, 2009 también será ocasión de mirar hacia adentro, hacia la Tierra y los procesos gracias a los cuales estamos aquí.

Como lo saben todos los biólogos, este año trae pilón: además de celebrarse el aniversario 200 del nacimiento de Charles Darwin (vino al mundo el 12 de febrero de 1809), también se festejará el aniversario 150 de la publicación de Sobre el origen de las especies, obra señera del biólogo inglés y que apareció el 24 de noviembre de 1859.

Ya es posible consultar mucha información en internet, como aboutdarwin.com, para datos generales, o el formidable Darwin Online, en darwin-online.org.uk, donde se puede consultar la obra entera del naturalista, incluyendo sus miles de cartas (¡antes del procesador de texto!), pero sin duda en este año aparecerán muchos libros conmemorativos para deleite de quienes amamos la letra impres.a

Pero lo importante, la cuestión a la que volvemos siempre, tiene que ver con las implicaciones de la teoría de la evolución. Theodosius Dobzhansky lo sumarizó hace muchos años en una oración formidable: “Nada en biología tiene sentido, excepto a la luz de la evolución”.

La evolución es entonces no sólo una teoría más, no sólo un montón de ideas acerca de una porción del mundo: es un marco que permite interpretar de manera sensata las complejidades de la vida.

La implicación clave de esto se da cuando introducimos al ente llamado hombre. La teoría de la evolución dice que es uno más entre los productos de la historia de la vida, y tan desapasionada imagen no puede sino caer mal a quienes ven en Homo sapiens algo especial.

En una historieta formidable, Calvin le dice a su tigre Hobbes que la historia es un proceso que culmina en él, el non plus ultra. Algo así es lo que postulan las religiones, y para el cristianismo, la evolución significa despojar al hombre de su posición de hechura de la mano de Dios. No por nada han sido el lloro y el crujir de dientes; no por nada Darwin ha sido un hueso duro de roer para las religiones.

En este Año de Darwin, pues, acaso sea hora de sacar otra vez de los anaqueles los libros sobre Darwin, de recorrer su peculiar vida, de reflexionar sobre la poderosa teoría de la evolución.