Los abajo firmantes

Jueves, 18 Diciembre, 2008

A la memoria de Helaman Saunders Pérez

Unos trescientos amigos del escritor nicaragüense, Sergio Ramírez, se han solidarizado con él, por un acto que consideran desproporcionado por las autoridades de su país: lo han vetado para escribir un prologo sobre el poeta Carlos Martínez Rivas (1924-1998).

El gobierno de Nicaragua, que preside Daniel Ortega, le prohibió que escribiera un prólogo a una antología poética y eso fue suficiente para que los intelectuales amigos de Sergio Ramírez y alguno más que no lo sea pero está contra vetos y censuras o prohibiciones, se sumó al desplegado que firmaron entre otros, Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez, Tomás Eloy Gutiérrez, Fernando Savater (que está en todas las batallas), Gonzalo Celorio o Ángeles Mastretta.

La “protesta ante un acto de censura oficial” (del Instituto Nicaragüense de Cultura, que tiene los derechos de Martínez Rivas) se organizó dentro de la pasada Feria Internacional de Libro de Guadalajara, entre otras cosas, porque ahí se encontraban algunos de los escritores que han rechazado esta clase de vetos, al tiempo que se solidarizaban con Sergio Ramírez, en otros tiempos, vicepresidente del gobierno sandinista de Nicaragua.

“Ningún gobierno puede arrogarse la potestad de vetar o prohibir la palabra de un escritor y un acto semejante no puede calificarse sino de totalitario”, señaló el desplegado de condena, a una colección de libros de poesía que tenía proyectado editar el diario español El País, colección que dirigía el poeta José Manuel Caballero Bonald.

El documento que suscribieron los abajo firmantes ya señalados y algunos más, ha recorrido medio mundo, por lo menos. Entre medias, se recuerda otro caso patético que tiene contra las cuerdas al sacerdote, poeta y escritor y ex ministro sandinista, Ernesto Cardenal. Las revoluciones no sólo se engullen a sus próceres sino que, como en este caso, los trata de perjudicar moralmente.

Los bajos firmantes se pusieron de acuerdo en poco tiempo, a partir del anuncio del veto y ya dio la vuelta al mundo. Y uno se pregunta cómo se elaboran esas cartas de apoyo y/o denuncia. Poner a dos o tres amigos escritores de acuerdo, es posible, sobre todo si en ese momento conviven en actos festivos-culturales; quizá se pueden aumentar algunos nombres más, con los que en ese momento están con el agraviado (o puede que sin estar él presente, por lo cual, el desplegado de los abajo firmantes resultará una sorpresa). Es poco probable que el agraviado, en este caso Sergio Ramírez, antiguo miembro del Gobierno de Nicaragua, haya propiciado semejante documento de protesta y, sobre todo, que en poco tiempo consiguiera el apoyo de trescientos amigos intelectuales.

El caso es que ¿quién puso a todos de acuerdo? y, aun más interesante, ¿quién se tomó la molestia de llamar (por teléfono, por telegrama (obsoleto, así que se descarta) por medio del correo electrónico) empezó a recabar las firmas y dio su consentimiento? De entrada ya me gustaría a mi, tener una parte de los datos de los abajo firmantes, o sea, la agenda que debió echar humo, para localizar a medio mundo. ¿Cómo se dio la voz de alarma?

--Mira, se trata de lo siguiente, el cabrón del Ortega no quiere que Sergio Ramírez firme una antología del poeta Martínez Rivas. Estamos maquinando un desplegado de protesta, ¿te adhieres? … Suave, mano.

Dicen que fue Carlos Fuentes el que organizó ese tinglado contra Ortega y a favor de Sergio Ramírez. Es posible, porque Fuentes ha estado en unos fregados y por eso, muchos lo han crucificado. La novedad es que firmaron el documento, por primera vez en muchos, pero muchos años, dos alegres compadres (eran tres, pero Julio Cortazar ya murió): Fuentes y García Márquez.

Una vez, por el caso del cubano Heberto Padilla, en los años 60, se firmaron dos manifiestos, dirigido a Fidel Castro, extrañados de que en Cuba hubiera censura o vetos. El manifiesto era duro pero aun fue más dura la reacción de Fidel Castro. Los puso a parir. Los intelectuales que “vivían en el dorado exilio europeo, y nada sabían de la realidad latinoamericana”, venían a decir las críticas de los que apoyaron a la revolución, pronto se encontraron con un segundo documento firmado por 161 intelectuales. Con el primer manifiesto, se desmarcaron Cortazar y García Márquez, que siempre dijo no, que no firmaba, que no sabía cómo su nombre había aparecido en el documento. Los que la elaboraron supusieron que Gabo no tendría problemas de firmarlo, pero se equivocaron.

Este segundo manifiesto de apoyo a Padilla, que se retractó de sus críticas a la Revolución, fue firmado por Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, Jorge Edwards, Juan Goytisolo, Juan Marsé, Carlos Barral, Juan Rulfo o Pasolini, por citar unos cuantos. Este manifiesto se organizó en casa de Vargas Llosa, en Barcelona y encontró la severa crítica de otros intelectuales que, desde entonces y a causa de la Revolución cubana, se dividieron… hasta ahora. Julio Cortázar escribió un poema, Policrítica a la hora de los chacales: No me excuso de nada, y sobre todo/ no excuso este lenguaje,/ a la hora del Chacal, de los chacales y de sus obedientes:/ los mando todos a la reputa madre que los parió,/ y digo lo que vivo y lo que siento y lo que sufro y lo que espero.

Ahora el periodista iraquí que lanzó sus zapatos contra el presidente Bush, ya tiene detrás el apoyo de sus paisanos, adhiriéndose a su causa, es decir, son los abajo firmantes para que lo dejen libre. En Madrid, la prensa publicó una esquela de dolor por la muerte de la viuda del general Lázaro Cárdenas, Amalia Solórzano. Firmó la esquela el ex director de Excélsior, Regino Díaz Redondo. Yo también firmo la mía, y digo que Helaman Saunders Pérez fue un buen hijo, buen esposo y buen sobrino.

raulperezlp@gmail.com