Loca nacademia de banqueros

Miércoles, 17 Diciembre, 2008

Antes de pasar al enojoso tema bancario, quiero decir que el zapateador de Bush, Muntazer al-Zaidi, se equivocó de proyectiles. Tenía que haberle arrojado unos de payaso para no errarle, caray. Se quedó en el ¡Ceeeeerrrrrcaaaaaa laaaa baaaalaaaaa!, como el Cruz Azul.

Ahora, a lo nuestro. Lo primero que se necesita para ser banquero no es ser bueno para el bisne, ni tener ideas premodernas, ni siquiera ser poseedor de instinto de agiotista ni, mucho menos, ser poseedor de una cuenta bancaria. Para aspirar a tan humano y solidario oficio se requiere, además de una escalera grande y una chiquita, de haberse desprendido de cualquier resquicio de hermanita de la caridad.

De otra forma no se explicarían muchas cosas que ocurren en la banca en estos días y que reflejan, sin duda, que son los felices poseedores de un corazón de piedra, corazón. Piensan los señores banqueros que en el dudoso caso de aflojar en materia de reducción de tasas de interés o de cobros exorbitantes por sus servicios, perderían algo todavía más que su capacidad para la acumulación originaria de capital: el terror que generan a su paso. Y es que la fuente de su poderío no es, ciertamente chiquillos y chiquillas, su dinero sino el miedo. A pesar de su imposibilidad para apañar a todos los deudores, el desorden en el que trabajan donde la mano derecha no sabe lo que hace la otra mano derecha, la gente todavía se angustia cuando le llegan los cobros bancarios por préstamos y tarjetas que, gracias al anatocismo debidamente bendecido por ese gran globalifílico llamado Ernesto Zedillo. Ni siquiera una banda de matones del cártel de golfo, o de secuestradores regenteados por el Apá produce tanto horror como la idea de caer en el Buró de Crédito o ante la carta amenazante de un bufet de abogados dedicados a hacer el trabajo sucio e los bancos.

Ahora que los senadores y algunos diputados que no son ni del PAN ni del PRI a los que los agarraron seguramente ahorcados, pretenden obligar a los banqueros a ejercer su muy oxidado músculo de buenos samaritanos, estos se han mostrado en todo su esperpéntico aspecto de prestamistas ladinos de película de Pedro Infante.

Preferirían prestar una hermana que una condonación de pagos.

No entienden los banqueros que si no le echan la mano a los deudores y dejan de cobrarles hasta por pecar de pensamiento, vamos a tener que venderles el alma al diablo y pedirle al narco que nos auxilien a pagar las deudas, haciéndoles a los banqueros una oferta que no puedan rechazar.

Ustedes sabrán…